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El próximo dirigente de la OCDE cuestiona el arancel de la UE al “acero sucio”

Cormann alega que la medida, prevista para 2023, afectaría al comercio y a la economía mundial, y dañaría el objetivo de impulsar el crecimiento

Un operario de ArcelorMittal en la factoría de Gijón. | Ángel González

Un operario de ArcelorMittal en la factoría de Gijón. | Ángel González

El próximo secretario general de la OCDE (el club de los países ricos), el australiano Mathias Cormann, que tomará posesión en junio, cuestiona la pretensión de la Unión Europea (UE) de establecer un arancel a las importaciones de “acero sucio” extracomunitario. Este tipo de acero es aquel que procede de países que no cumplen con los requerimientos de lucha contra el cambio climático y que pueden competir por ello en el mercado interior de la Unión con precios más bajos que la siderurgia europea al no tener que asumir los costes de adquirir derechos de emisión de CO2 ni realizar exigentes inversiones ambientales.

El mecanismo de ajuste en frontera o arancel ambiental es una reivindicación desde hace años del sector siderúrgico europeo, que se siente desprotegido y vulnerable si sus competidores exteriores (en particular, los productores chinos y turcos) no están sometidos a las mismas reglas, lo que les otorga, a juicio de la industria europea, un ventajismo lesivo que pone en riesgo la continuidad de la producción continental. La UE pretende aplicarlo en 2023 y su propuesta será presentada en junio tras haber sido respaldada por una amplia mayoría en el Parlamento europeo el 10 de marzo.

La elección de Cormann, exministro de Hacienda de Australia, y que en dos meses reemplazará al mexicano Ángel Gurría, ya causó controversia entonces por atribuírsele una posición escéptica sobre el cambio climático, lo que Cormann desmiente.

Mathias Cormann. | PIM

Mathias Cormann. | PIM

En declaraciones a “Financial Times”, el próximo secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un conservador australiano nacido en Bélgica, sostuvo que los países deberían poder adoptar diferentes estrategias para cumplir los objetivos de reducción de las emisiones en función de las circunstancias específicas de cada economía y alertó de la conveniencia de ser prudentes y no penalizar a los países que opten por otros caminos para hacer frente al reto climático.

“Los aranceles sobre el carbono que la UE está estudiando aplicar a las empresas que no pagan por las emisiones que generan en sus mercados nacionales corren el riesgo de afectar al crecimiento mundial”, argumentó Cormann. En 2014, al año de haber asumido el Ministerio de Finanzas de Australia, Cormann promovió la primera derogación que haya hecho un país de un impuesto nacional sobre el carbono Lo hizo alegando también el perjuicio que entrañaba para la economía. “No soy un escéptico del cambio climático y voy a hacer todo lo que pueda para conseguir el mejor resultado posible y alcanzar las cero emisiones netas en 2050”, declaró al medio británico.

Cormann rechaza también las medidas unilaterales nacionales de imposición de impuestos a las grandes multinacionales (en particular las tecnológicas) que incurren en elusión fiscal mediante complejos mecanismos evasivos que les permiten declarar beneficios no en los países en los que generan las ganancias sino en aquellas jurisdicciones tributarias más benignas. Sin embargo, respalda un acuerdo internacional multilateral como el que propone el nuevo Gobierno de EE UU para converger en una imposición común a las transnacionales que permita gravarlas sin fragmentar el mercado con decisiones nacionales.

A juicio de Cormann, el arancel ambiental europeo para penalizar las importaciones de acero y de otras producciones fabriles que no asuman los mismos costes ambientales en los que tienen que incurrir la fabricación autóctona “afectaría claramente al comercio y a la economía mundial en un momento en el que queremos maximizar”, dijo el próximo dirigente de la OCDE, “la recuperación del covid”. “Sería mucho mejor que cada jurisdicción tomara las medidas correspondientes para ayudar a lograr las cero emisiones netas a nivel mundial sin tener que aplicar aranceles”.

Para Eurofer, la patronal europea del acero, la medida es capital para no desamparar a la industria europea, sometida a mayores exigencias ambientales, y para evitar las llamadas “fugas de carbono” o deslocalizaciones fabriles. “Una mayor ambición climática para 2030 y 2050” en Europa “requiere una protección contra las fugas de carbono reforzada, no debilitada”, dijo la asociación europea de fabricantes de acero. Su director, Axel Eggert, señaló que “una medida en frontera que refuerza las medidas de fuga de carbono existentes no es una doble protección, ya que tales mecanismos ya son solo parciales y divagadores”.

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