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Asturias afronta la transición energética con la quinta peor calidad del aire del país

La industria regional aporta el 7,5% de la inversión ambiental de las empresas en España y el 3,8% del gasto corriente con ese mismo fin

La zona oeste tendrá un plan de control y reducción de la contaminación del aire

Asturias afronta el exigente proceso de transición energética hacia la descarbonización de la economía con la quinta peor calidad del aire de España, sólo mejor que Andalucía (a la cola del país), Murcia, Castilla-La Mancha y Cataluña, según el último informe de la Fundación Cotec y del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), que se acaba de dar a conocer.

La última encuesta europea de salud en España, difundida el 26 de abril por el Instituto Nacional de Estadística (INE), sitúa a su vez al Principado como la tercera comunidad con peor valoración del estado de salud por parte de su población mayor de 15 años, sólo mejor que Canarias y Castilla y León. Aunque en esta realidad inciden multitud de factores (el elevado envejecimiento demográfico, hábitos de vida y otros factores), otros datos sobre afectaciones respiratorias y de otro tipo apuntan a posibles conexiones entre contaminación fabril y morbilidad.

La región está así en una encrucijada más acusada que otros territorios ante el proceso de descarbonización que impulsan la Comisión Europea y los gobiernos, caso del español. Por un lado, tiene en riesgo más industria, puestos de trabajo y capacidad de generación de riqueza que otros territorios si no se produce una compensación a los cierres de térmicas de carbón con nuevas implantaciones limpias generadoras de empleo y si otras instalaciones fabriles con gran peso en la economía regional –caso de la siderurgia– no logran transitar hacia procesos productivos menos emisores sin que se resienta su competitividad. En la medida en que el Principado concentra un elevado volumen de plantas afectadas por la transición, el esfuerzo exigido será mayor.

Sin embargo, de alcanzarse tales objetivos, y de lograr la región la pervivencia de sus industrias básicas y la sustitución de las térmicas por instalaciones alternativas limpias, también sería uno de los territorios más beneficiados porque se corregirían los costes ambientales y, en consecuencia, lo que los economistas denominan externalidades negativas.

La salud, como ha puesto de manifiesto la pandemia, es no sólo un valor a preservar en sí mismo sino también un factor económico crucial. Su afectación resta capacidad productiva y agrava la mortalidad, lo que acelera el constante declive demográfico de la región, con la consiguiente merma del mercado interior. En tanto que esto afecta a la nómina de las pensiones, también agudizará la futura merma de la renta per cápita que Asturias obtiene por las transferencias.

Índice de calidad del aire

por comunidades autónomas

Datos en puntos. Fuente: Fundación Cotec e Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE)

100

Aragón

92,5

Extremadura

86,8

Navarra

78,6

Castilla y León

69,9

País Vasco

60,9

Com. Valenciana

56,7

Madrid

44,0

Baleares

40,1

Media

38,6

La Rioja

35,9

Cantabria

35,3

Galicia

31,8

Canarias

28,2

Asturias

22,5

Cataluña

10,2

C.-La Mancha

5,1

Murcia

0

Andalucía

Índice de calidad del aire

por comunidades autónomas

Datos en puntos. Fuente: Fundación Cotec e Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE)

100

Aragón

92,5

Extremadura

86,8

Navarra

78,6

Castilla y León

69,9

País Vasco

60,9

Com. Valenciana

56,7

Madrid

44,0

Baleares

40,1

Media

38,6

La Rioja

35,9

Cantabria

35,3

Galicia

31,8

Canarias

28,2

Asturias

22,5

Cataluña

10,2

C.-La Mancha

5,1

Murcia

0

Andalucía

Por el lado del gasto público, el deterioro de las condiciones ambientales dispara el coste de los servicios públicos sanitarios, lo que presiona las cuentas públicas regionales, ya muy tensionadas por el envejecimiento y por la dispersión poblacional, entre otros rasgos específicos asturianos. En último término, la contaminación del área central de Asturias debilita la gran propuesta turística de la comunidad como “paraíso natural”. La industria contaminante también es un factor disuasorio para la implantaciones de nuevas actividades económicas. De aquí que sea una de las variables analizadas por Cotec e IVIE en su estudio sobre la capacidad de las comunidades autónomas para atraer y retener talento, ya sea de personas como de empresas.

“Nadie más que nosotros quiere la defensa del medioambiente. No hay estado de Bienestar sin medioambiente. Pero este proceso de transición energética debe ser justa, con tiempo y sin que se desenchufe una actividad sin haber enchufado antes otra”, dijo este sábado en Oviedo el asturiano Pepe Álvarez, secretario general confederal de UGT, en una posición compartida por otras organizaciones sindicales, políticas y empresariales de la comunidad.

Dos térmicas de carbón ya han sido paralizadas en Asturias (Lada y Soto de la Barca), aunque aún no se han concretado compensaciones, mientras que las de EDP van a persistir de momento abiertas –aunque ya se haya solicitado el cierre del grupo de carbón de Soto de Ribera– porque, como explicó hace un año a este diario el consejero delegado de la compañía en España, Rui Teixeira, a la multinacional portuguesa se le pidió desde el inicio del proceso de desmantelamiento carbonero la preservación temporal de las plantas asturianas “porque siguen siendo necesarias para dar estabilidad a la red”.

Mientras tanto, la industria regional lleva años haciendo esfuerzos en mejoras ambientales. Los últimos datos difundidos por el INE atribuyen a las plantas asturianas el 3,8% del gasto corriente en mejoras ambientales y el 7,5% de la inversión con ese fin del conjunto de la industria española. Asturias supone el 1,9% de la economía española.

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