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La exitosa aleación del metal asturiano

Una tesis del doctorando Guillermo Antuña Martínez defiende que el sector, contra la opinión asentada en España, ganó peso y fue el gran triunfador de la reconversión industrial

Guillermo Antuña Martínez. | Luisma Murias

Guillermo Antuña Martínez. | Luisma Murias

El sector metalmecánico asturiano, lejos de lo que la cultura popular de la región considera, resistió con una solidez de acero los golpes de la reconversión industrial y logró eludir con la flexibilidad del aluminio la caída de la siderometalurgia. Gracias a ese encomiable ejercicio de resistencia, acabó por convertirse en el referente para la economía asturiana que es en la actualidad. Una exitosa aleación. Guillermo Antuña Martínez (El Entrego-1995, aunque criado en Avilés), graduado en Publicidad y Relaciones Públicas, y que ha virado su carrera hacia los estudios económicos, viene a demostrar la tremenda fortaleza de este sector en la tesis que está preparando en la Universidad de Barcelona, y de la que acaba de publicar un capítulo (“Aprendiendo a volar solos, evolución del sector metalmecánico asturiano durante la reconversión industrial”), en la revista de historia económica que edita la Asociación Española de Historia Económica. “La idea que se tiene en España de Asturias es la de un páramo industrial. Eso sucede porque de la región se han estudiado siempre tres grandes sectores productivos: el carbón, la siderurgia y el naval, por lo que la idea que se tiene es que, con el declive de los astilleros y la reconversión del carbón y la siderurgia, ya no hay nada. Lo que intenta demostrar mi tesis de forma contraintuitiva es que eso no es realmente así”, defiende.

“Ahora son empresas muy competitivas, con una mentalidad de colaboración”

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Pese a que se graduó en publicidad, Antuña Martínez reorientó su carrera profesional hacia el mundo de la economía. Hizo sus prácticas de la carrera en la patronal asturiana del metal, Femetal, trabajó durante un tiempo en una consultora en Madrid, aunque tenía claro que su objetivo era meter la cabeza de lleno en el mundo académico, por lo que hizo la maleta con dirección a la Universidad de Barcelona para estudiar un máster en Historia Económica y, posteriormente, iniciar su doctorado gracias a una beca para la formación de profesorado universitario (FPU) del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Allí prepara su tesis, que va en contra de las creencias populares de que la región es un erial industrial y, para desmontar ese pensamiento colectivo, apoya su trabajo en la actividad del sector manufacturero del metal asturiano que, asegura, “estaba muy poco o nada estudiado”. Su primera tarea en la tesis fue la de poner fronteras al sector de las manufacturas del metal. Aunque es una actividad que nació al abrigo de la siderurgia sus límites son, en ocasiones, difusos. En sus primeros años fue una actividad pequeña, casi marginal, hasta que Ensidesa (la actual ArcelorMittal) lo cambia todo. “Fue la creación de esa empresa la que consiguió generar todo ese entramado metal mecánico que va desarrollándose a la sombra de la gran siderurgia y con la que mantiene una relación muy endogámica”, apunta. Es, primero el carbón, y, luego, el acero, quienes construyen un sector que acabó volando solo.

“Intuitivamente lo que debería haber sucedido es que la reconversión industrial lo tirara abajo. Pero eso no sucedió y se creó un entorno clusterizado que lo llevó a una diversificación de clientes y de mercados”, asegura. Tanto fue separándose del nido materno del acero y el carbón que las cifras actuales del sector impresionan. Está formado por 1.155 empresas que emplean a 26.000 personas, que son la mitad del empleo industrial asturiano. Tiene una cifra de negocio de 6.200 millones y genera unas exportaciones por 3.000 millones, que suponen el 68% de las ventas de las empresas de la región en el exterior. “Ahora es un sector altamente competitivo”, agrega Guilllermo Antuña. Ese salto de calidad lo pudieron dar gracias a esa unión entre las empresas. A tener una mentalidad de colaboración. Esa fue la aleación del éxito.

“Ahora son empresas muy competitivas, con una mentalidad de colaboración”

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Su trabajo arranca en los años 50 del siglo pasado y su intención es la de extender el estudio hasta la actualidad. En el artículo que acaba de publicar como adelanto hace un recorrido del sector desde los 80 hasta el comienzo de este siglo.

Más o menos es en los 80 cuando el sector prepara su emancipación y su despegue. En los albores de esa década, en plena reconversión industrial, se tomó en la región una decisión que marcaría su futuro económico. “En Asturias, se toma una política industrial totalmente distinta a la que se adoptó en el País Vasco, donde apostaron por fabricar productos de alto valor añadido; aquí se fue a una siderurgia integral que potenció la fabricación de productos metálicos, que es la cara de menor valor añadido de la cadena”, matiza. Las consecuencias son difusas. La fase dura de la reconversión siderúrgica y naval llega entre los años 1984 y 1990, aunque los coletazos del ajuste alcanzaron hasta bien entrada la década de los noventa. Sin embargo, en aquella época de ocaso industrial también había alguna que otra luz de esperanza. “Por esos años los astilleros medianos, como los del Occidente, se especializan en productos de alto valor añadido, consiguen dar el salto a la exportación. Son ejemplos que hay que poner en valor”, explica. “¿Hubo una política industrial clara que fomentara ese tipo de proyectos? La verdad es que no”.

Durante esos años ocurre algo que atenta contra las creencias impresas en el subconsciente colectivo asturiano. El metal no se derrumba. Aguanta impertérrito. “La industria pierde peso en la economía regional, pero el peso del sector metal mecánico sobre el total de la industria se incrementa”, apunta. “Mucha gente tiende a pensar que es un efecto de trasvase, que el empleo siderúrgico da el salto al metal. No creo que fuera así; las políticas de jubilaciones anticipadas no fomentaban precisamente ese trasvase y los fondos de promoción de empleo fueron todo un fracaso”.

“Soy optimista, hay potencial; es necesario dar a conocer e impulsar el metal asturiano”

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Podría decirse que fue en el año 1995 cuando el sector metalmecánico se separa ya definitivamente de las faldas siderúrgicas y comienza a volar solo por el mundo. En ese ejercicio, las exportaciones del sector se disparan. Y lo hacen de una forma brutal. También crecen en España aupados por la “renovación de maquinaria que emprenden las fábricas de Ensidesa. Y además, comienzan a diversificar su mercado y se abren a otros sectores como el de la alimentación y al pequeñito sector de la automoción que se había formado en la región (con Suzuki o la actual Vauste)”. Salen fuera con productos de alto valor añadido y de gran calidad por bandera. Así, el metal logra liderar el despegue de la industria asturiana entorno al año 2000, y continuó creciendo sin pausa hasta la gran recesión de 2008.

Es un sector, concluye Guillermo Antuña, al que los ciclos le afectan mucho, porque en épocas de retraimiento económico, las industrias retraen la compra de maquinaria y su trabajo decae, pero cuando las cosas van bien, crecen con rapidez. “Soy optimista, la industria asturiana tiene un potencial latente que está ahí, lo que hay que hacer es empezar a darlo a conocer y promocionarlo”, afirma el investigador.

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