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Cita con la industria en el RIDEA

Los retos del sector del envase plástico alimentario

La legislación obliga a la industria a adaptar procesos y productos para utilizar materiales reciclados de forma segura | Klöckner reaprovecha en Pravia 2 millones de botellas al día

Ana Fernández muestra envases fabricados en la planta de Klöckner Pentaplast de Pravia.

Ana Fernández muestra envases fabricados en la planta de Klöckner Pentaplast de Pravia.

Cita con la industria en el RIDEA


El Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) inicia hoy, a las 19.00 horas, la cuarta edición de los ciclos de coloquios y conferencias titulados “Perspectivas de la industria asturiana”. En esta ocasión el ciclo se abre con la intervención de Ana Fernández Lavandero, directora de Innovación en Klöckner Pentaplast, que reflexiona en este artículo sobre los cambios en el sector de los envases plásticos. El ciclo, coordinado por los catedráticos Mario Díaz y Tomás Emilio Díaz, se celebra en el RIDEA, en Oviedo, entre mayo y junio. Ante cada cita, los ponentes expondrán sus opiniones sobre el tema a tratar en LA NUEVA ESPAÑA. Las próximas conferencias se centrarán en los sectores del agua mineral, el embalaje y las artes gráficas, y en el de la transformación digital.

El siglo XXI ha revolucionado la industria de la alimentación y los hábitos de consumo. En cuestión de un par de décadas, los consumidores hemos pasado de comprar diariamente productos básicos en el súper de la esquina a recibir en la puerta de casa alimentos procedentes de cualquier parte del mundo con tan solo hacer un “click” en un dispositivo móvil.

La constante evolución del envasado ha sido clave para la adaptación de la industria alimentaria a las demandas de una sociedad global que reclamaba mayor seguridad; mayor vida útil de los alimentos; variedad de productos frescos, semielaborados o totalmente preparados para pasar menos tiempo en la cocina; porciones de diferentes tamaños adaptadas al número y edad de los integrantes de la unidad familiar; información nutricional; personalización y, por supuesto, menor coste.

No son muchos los materiales capaces de satisfacer estas exigencias. Los plásticos poseen características únicas que los hacen óptimos para el envasado de alimentos. Son ligeros, versátiles, higiénicos, flexibles, resistentes y duraderos. Cuentan con las propiedades barrera necesarias para conservar productos perecederos por más tiempo, con lo que contribuyen a reducir el despilfarro de alimentos y garantizar la seguridad de los mismos. Por estos motivos, los envases plásticos se han impuesto como la primera opción de embalaje alimentario. Si no existieran tendrían que inventarse y serían considerados una innovación disruptiva.

Sin embargo, el escenario está cambiando últimamente ante la evidencia fehaciente del cambio climático. Un problema de una magnitud, complejidad y urgencia sin precedentes que afecta por igual a la totalidad de los sectores industriales, la administración y al consumidor.

Las imágenes de los mares y entornos naturales anegados de residuos tienen un poderoso componente emocional que ha contribuido a reforzar la idea de que los plásticos son uno de los principales causantes del deterioro ambiental de nuestro planeta y que su eliminación es condición imprescindible para revertir la situación actual. Nada menos cierto. Es verdad que si no se desechan de forma apropiada, los plásticos se convierten en una amenaza para el medio ambiente. Pero el principal problema no está en los envases, ni en los materiales de los que están hechos, sino en el mal uso que hacemos de ellos. El origen de la crisis es nuestra forma de consumir: adquirimos en exceso y desechamos inadecuadamente sin pensar en las consecuencias. Comprar, usar y tirar al final de la vida útil de los productos en lugar de reciclarlos

Consciente de esto, la Unión Europea se ha puesto manos a la obra y tiene sobre la mesa una compleja agenda que pretende, mediante la acción legislativa, transformar la industria del plástico en general y de los envases en particular. La estrategia Europea de plásticos, publicada en enero de 2018, tiene como objetivo fundamental que todos los envases plásticos comercializados en la UE sean reutilizables o puedan reciclarse de forma rentable y que más de la mitad de los residuos plásticos generados en Europa se reciclen efectivamente en 2030. Para ello se prevé que la capacidad de reciclaje europea se multiplique por cuatro, con lo que se estima se crearán alrededor de 200.000 nuevos empleos relacionados con esa actividad.

La directiva europea

El primer texto aprobado y que entra en vigor el 1 de julio de este año, a expensas de que se produzca su transposición a la legislación nacional, es la Directiva sobre plásticos de un solo uso que prohíbe la venta de numerosos productos plásticos tradicionales como las pajitas, las vajillas desechables o los envases monodosis; establece la responsabilidad ampliada del productor; la obligación de recuperar el 90% de las botellas de plástico antes de 2029 y la utilización en los formatos para bebidas, de hasta 3 litros de capacidad, del 25% de material reciclado en 2025 y del 30% en 2030.

El otro gran documento es el Paquete de Economía Circular de la Comisión Europea, un ambicioso proyecto que pretende conseguir la neutralidad climática en 2050 en el conjunto de la UE y que contempla un aumento paulatino de los niveles de reciclado en todos los Estados miembros, con objeto de abandonar el modelo de producción lineal y reducir el consumo de materias primas. A esto se une el Proyecto de Ley que el Gobierno español acaba de aprobar para su tramitación parlamentaria y que pretende gravar con un impuesto de 450€euros/tonelada el contenido de material no reciclado en los envases plásticos de un solo uso. Lo que puede incrementar su coste entre un 15 y un 20%.

El reto es enorme, conlleva numerosos riesgos para el sector, requerirá cuantiosos recursos financieros, tanto privados como públicos, y para abordarlo será imprescindible la colaboración de todos los actores de la cadena de valor.

Las grandes marcas y cadenas de alimentación minorista ya han empezado a demandar el uso de más material reciclado y a trasladar a los consumidores la importancia del reciclaje. Impulsada por ellos, la industria alimentaria está comenzando a revaluar sus formatos actuales para adecuarlos a los nuevos criterios de circularidad.

Los productores de envases plásticos debemos innovar diseñando para reciclar y adaptando nuestros productos y procesos para utilizar materiales reciclados de forma segura. Los materiales considerados no reciclables desaparecerán paulatinamente de la industria del envase en los próximos diez años, lo que tendrá un impacto económico y laboral en las empresas que no puedan o no sepan adaptarse.

Las administraciones locales tienen que conseguir que recoger selectivamente sea más sencillo y cómodo para el consumidor final, disponiendo contenedores que lleguen a toda la población a la vez que se incorporan nuevas categorías de residuos que permitan aumentar la eficiencia de las instalaciones de triaje. Y la industria del reciclado ha de evolucionar invirtiendo en tecnologías avanzadas que aumenten su capacidad y calidad para acabar de cerrar el círculo.

Klöckner Pentaplast, todavía conocida localmente como Terpla, es la mayor empresa de este sector escasamente representado en Asturias. Es una singularidad que empezó su andadura hace ahora 31 años y que, además de revitalizar la economía de la comarca praviana, ha sabido anticipar este desafío adoptando una estrategia de sostenibilidad desde sus inicios, lo que la ha convertido en uno de los fabricantes de envases de referencia en la península ibérica y en una de las fábricas más relevantes del grupo kp, liderando desde aquí la estrategia en lo que a circularidad se refiere.

En 2020, el Grupo kp utilizó globalmente 120.000 toneladas de PET reciclado postconsumo para la fabricación de envases. Más de 15.000 en la fábrica de Pravia. Sólo aquí reciclamos más de 2 millones de botellas de agua al día para fabricar nuevos envases para alimentación.

Esto demuestra que Asturias puede desarrollar su tejido industrial más allá de los sectores tradicionales del carbón y el metal y aportar mucho en otros que tendrán gran peso en el futuro. La sostenibilidad y la economía circular han venido para quedarse. Nuestros jóvenes están sobradamente preparados y tienen la sensibilidad adecuada para afrontar este reto. La industria y la administración tenemos la obligación de facilitar que puedan tomar el testigo. No debemos perder la oportunidad de ser un referente industrial también en ese terreno.

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