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Auge constructor en Asturias: el ladrillo da empleo ya a más de 10.000 personas

El sector tiene tantos puestos de trabajo como hace una década y busca a la desesperada encofradores y especialistas en rehabilitación de fachadas

Edificio en obras en el centro de Oviedo.

Edificio en obras en el centro de Oviedo.

La construcción asturiana vive una época dorada. Las empresas del sector, que ha conseguido reconstruirse con fuerza tras la pandemia del coronavirus, tenían en abril a 10.000 trabajadores en nómina. Todo un hito, y una cifra a la que no conseguían llegar desde hace casi una década. Y las compañías necesitan más. Muchos más, pero son incapaces de encontrarlos. No hay mano de obra disponible y mucho menos joven. “Las empresas tienen mucho trabajo y en todas las actividades, la obra pública, la edificación, la rehabilitación…”, asegura el presidente de la patronal regional de la construcción (CAC-Asprocom), Joel García. El horizonte del sector está bastante despejado tanto que las empresas aseguran que tienen actividad garantizada para “funcionar bien” durante los próximos dos o tres años. Ahora ya están trabajando a un rimo similar al que tenían antes de la llegada del coronavirus. Incluso superior. “Hay empresas que ya no pueden coger más obras, porque no dan abasto”, apunta García. La falta de mano de obra las está estrangulando.

Hay empresas que ya no pueden coger más obras, porque no dan abasto

Joel García - Presidente de CAC-Asprocom

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La lista de puestos que necesitan cubrir las empresas asturianas de la construcción es larga. En ella figuran empleos para hacer lo que se conoce como trabajos verticales (en la rehabilitación de fachadas), precisan encofradores, impermeabilizadores, montadores de andamios, operarios de maquinaria especializada o instaladores de pladur. Esos, al menos, son los requerimientos que más se repiten en la agencia de colocación de la Fundación Laboral de la Construcción (FLC) que, al mismo tiempo, viene observando desde hace meses que encuentra serios problemas para conseguir completar todas las plazas de los cursos que oferta. Paradójico. Joaquín Aurelio Rodríguez López, director de la FLC, explica que hace no mucho se puso en marcha en el centro del que este organismo dispone en El Caleyo (Ribera de Arriba) un cursillo para formar a encofradores (un campo que tiene una amplísima salida laboral) al que se apuntaron solo nueve personas. El cupo máximo era de quince. Pero aún hay más. Unas pocas semanas después solo cinco estudiantes permanecían en las clases. El resto o había tirado la toalla o había encontrado trabajo. Uno de los problemas, señala Rodríguez López, es que “venimos de una época en la que el sector estaba muy denostado. Debemos acabar con esa imagen”.

Coincide Joel García a la hora de señalar que el problema del sector es el de la imagen social. Lo que tiene a las compañías bastante preocupadas, porque la falta de personal amenaza con asfixiar su despegue definitivo. “La gente no viene al sector, no hay jóvenes, la mayoría de los que buscan trabajo tiene más de 45 años”, agrega. García señala también otro detalle, no menor. Ahora la construcción asturiana tiene en nómina a 10.000 trabajadores, pero antes del estallido de la crisis inmobiliaria (allá por 2008) –cuyos efectos llegaron con algo de retardo a la región– la plantilla era de más de 30.000. Las compañías del sector aprendieron de aquel duro golpe. Se replegaron y ahora van con algo más de tiento a la hora de crecer. No lo hacen de la forma tan alocada como durante los años del “boom” inmobiliario. Ahora, las empresas están optando por ir ganando tamaño poco a poco. Sin prisa. “La previsión es que la actividad se mantenga durante los próximos meses o que vaya a mejor”, apunta García.

El despegue de la actividad está siendo generalizado. Desde hace unas semanas repunta la obra pública, una fuente de actividad que se había secado durante los peores meses de la pandemia. También está mejorando con una fuerza tremenda la rehabilitación de viviendas, una rama de la construcción que –gracias al respaldo de los fondos europeos que comenzarán a repartirse durante la segunda mitad del año– tiene unas enormes perspectivas de futuro por delante. En Asturias, por ejemplo, hay miles de edificios que van a tener que someterse a un “lifting” energético para cumplir con los requisitos de emisiones de dióxido de carbono que impone la Unión Europea. Y la otra de las patas del sector, el de la promoción inmobiliaria también está mejorando con una enorme fuerza. A pasos agigantados. Cuenta Rodríguez que está subiendo muchísimo la demanda de chalets o de casas unifamiliares. Por si las moscas, por si vuelve a haber un nuevo confinamiento.

Para lo que no hay respuesta es para saber cuánto empleo necesitaría el sector para saciar la demanda. “Eso dependerá de la inversión pública que se vaya a realizare n los próximos meses”, asegura Joel García. Es decir, que los próximos fondos europeos serán capitales para saber si el sector de la rehabilitación de viviendas repunta aún más o si el dinero de Bruselas permite incrementar la actividad de la obra pública. Por lo que el despegue constructor asturiano aún puede tomar más altura.

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