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Decenas de asturianos cambian sus rutinas para adaptar el consumo energético a los nuevos tramos horarios

Decenas de asturianos cambian sus rutinas para adaptar el consumo energético a los nuevos tramos horarios: “Habrá que ver si compensa”

Factura eléctrica.

Marta Martínez es una gijonesa que, por su trabajo de procuradora, está acostumbrada a madrugar. Cada día pone la alarma para desayunar sin prisa y dejar hechas las tareas del hogar antes de empezar la jornada laboral. Pero desde este martes su rutina ha cambiado. Se levanta mucho antes de lo normal, anda con más prisa y mira de reojo el minutero del reloj no le vayan a dar las ocho de la mañana y no haya terminado de planchar. La razón es la entrada en vigor de la nueva factura eléctrica que establece una relación directa entre el precio de la energía y las horas de consumo. “Me levanto con mucha más prisa que antes para tratar de ahorrar”, relata esta mujer que, como tantos otros ciudadanos de la región, se han convertido en noctívagos para ahorrar luz.

Maite Martín, en su cocina  | M. L.

Maite Martín, en su cocina | M. L.

El Ministerio de Transición Ecológica y la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la CNMC han implantado desde este martes un nuevo sistema energético, que tiene por objetivo lograr un consumo más eficiente. La principal novedad es que ya no importa tanto el “cuánto” se consume sino “cuándo” se hace. Desde esta semana, parte del país tira de cronómetro para saber si está en horario punta, llano o valle, que es como se conocen las nuevas franjas donde el consumo es más caro o más barato. A modo de resumen, desde las 10.00 las 14.00 horas y desde las 18.00 a las 22.00 es el momento del día en el que la electricidad es más costosa. Desde la medianoche hasta las 8.00 horas de la mañana es el horario valle. El coste por kilovatio se fija en 1,42 euros. O sea, el más barato. Las horas que quedan entre medias, es decir desde las 8.00 hasta las 10.00 horas y desde las 22.00 hasta las 24.00 horas es el horario llano, con un precio medio.

Mario Cabeza, en el despacho de su vivienda. | Á. G.

Mario Cabeza, en el despacho de su vivienda. | Á. G.

Esta nueva división ha generado que muchos asturianos ya hayan implementado cambios significativos en su forma de vida para hacer coincidir su rutina en los tramos en los que la luz sale más a cuenta. Maite Martín es una gijonesa de 56 años que reside en la zona Centro de la ciudad junto a su marido. En su vivienda, todo es eléctrico así que razón de más para extremar las precauciones. “Desde luego no voy a poner la lavadora a la una de la madrugada porque puede ser molesto, pero sí lo haré a las siete de la mañana”, comenta Martín, que asegura que adaptará su rutina para “tratar de cocinar en las horas en las que la luz sea más barata”. La mujer, como muchos otros, tiene serias dudas sobre cómo afectarán estos cambios a su día a día. “Veremos a ver si el ahorro es considerable, porque si es bajo no merecerá la pena alterar las costumbres ni molestar al resto del vecindario”, concreta.

Isabel Vinagre desenchufando un radiador eléctrico en su vivienda. | Ángel González

Isabel Vinagre desenchufando un radiador eléctrico en su vivienda. | Ángel González

Ella, como tantos otros, mira de reojo a esos electrodomésticos que sí o sí van a tener que están encendidos las 24 horas del día, como la nevera. “Es lo que más consume y está claro que no la vas a poder desenchufar”, señala. “El problema es que la luz está cara ya de por sí y debería haber una rebaja”, concluye.

En una vivienda unifamiliar de la parroquia gijonesa de San Martín de Huerces residen Isabel Vinagre y su marido, Mario Cabeza, junto a sus dos hijos. Su vivienda es relativamente grande y para calentarla en los meses fríos, además de la chimenea y de una estufa de pellets, emplean radiadores eléctricos. “Algún mes ya nos pasó, que, con algún descuido, el consumo se incrementa. Ahora la cosa irá a más”, explica Cabeza, que redoblará la vigilancia para que sus pequeños no tengan ningún descuido que pueda traducirse en una sorpresa en la factura.

“Lo que podamos hacer en los tramos en que la luz es más barata lo vamos a hacer”, añade el hombre, que dirige la asociación vecinal de la parroquia a donde en los últimos días han llegado muchas dudas relativas a los nuevos tramos. Cabeza se muestra crítico con la nueva forma de fraccionar el consumo eléctrico. “El problema es que no se ha explicado bien. La electricidad se ha convertido prácticamente en un bien de lujo. Habrá que tener poco uso y tratar de consumir lo menos posible”, remarca.

Marta Martínez planchando en su casa.

Marta Martínez planchando en su casa. Ángel González

Volviendo al caso de Marta Martínez, la mujer confiesa que ha tenido que aprender en tiempo récord a programar electrodomésticos como el lavavajillas y la lavadora. “El primer día que entró en vigor la normativa la puse para que comenzara a funcionar a las seis de la mañana”, cuenta. “Antes ponía el lavavajillas según terminábamos de cenar, pero ahora lo tengo programado siempre para que empiece a partir de las 12 de la noche”, añade.

“No me gusta que nos organicen la vida de esta manera. ¿Cómo van a hacer los restaurantes o las lavanderías? Habrá muchos negocios que no tengan ninguna forma de poder ahorrar”, se cuestiona. Y dice más. “El aire acondicionado es uno de los electrodomésticos que más coste representan. En Asturias no tenemos ese problema, pero ¿qué van a hacer de Madrid para abajo?”, añade. Y es que Martínez, como tantos otros asturianos, se ha convertido en una nueva “noctámbula” esperando que espera que al abrir su factura energética se haga la luz y haya un ahorro considerable.

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