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Ideas para la reconstrucción industrial Esteban García Canal Director de la cátedra de Crecimiento e Internacionalización Empresarial

“El balance de la transición energética es desfavorable para la región”

“El proceso, nos guste o no, no tiene vuelta atrás y será una oportunidad para reinventarse y reflexionar sobre las estrategias”

Esteban García Canal. | Bernabé Valle

Esteban García Canal. | Bernabé Valle

El profesor Esteban_García Canal, catedrático de Universidad de Organización de Empresas y director de la Cátedra de Crecimiento e Internacionalización Empresarial y del Instituto Universitario de la Empresa (IUDE), sostiene que el balance de costes y beneficios de la transición energética es negativo para Asturias, pero al tiempo señala que el proceso es irreversible y que puede ser una oportunidad para que las empresas reflexionen y se replanteen sus estrategias.

–La transición energética supone un desafío para una región industrial como Asturias. ¿Habrá costes y beneficios?

–Desde el punto de vista agregado, este proceso empeora la situación global de Asturias, provocando una caída de su PIB por el cese de actividad de las térmicas, la perdida de la capacidad de autoabastecimiento energético y la peor situación en la que quedan las empresas electrointensivas. Los beneficios vienen para las empresas que se han especializado en renovables, tanto los proveedores de componentes y elementos para sus infraestructuras, como los desarrolladores de proyectos de infraestructura e ingeniería. Son empresas que supieron ver el cambio que venía y/o fueron ágiles como para adaptarse. Con todo, el balance entre aspectos positivos y negativos es desfavorable para la región. Es cierto que es un proceso al que estamos abocados, pero su aceleración nos perjudica especialmente. Preocupa en especial la situación de las industrias electrointensivas y que merecería una mayor atención de políticos y reguladores. Estas empresas no deberían competir en peores condiciones que sus rivales internacionales.

–¿Ve resortes en el entramado empresarial asturiano para aprovechar los cuantiosos fondos europeos para la transformación?

–Existen empresas que han orientado su actividad al campo de las renovables y sin duda para ellas es una gran oportunidad porque están en una situación inmejorable para presentar proyectos solventes y creíbles. Para el resto de empresas estos fondos son una oportunidad para reinventarse y reflexionar sobre sus estrategias en el nuevo escenario. Es un tren que ya está en marcha, aunque existen todavía bastante incertidumbres sobre la forma en la que se van a gestionar estos fondos, pero lo que está en manos de las empresas es iniciar un proceso a través del cual puedan iniciar o volver a una senda de crecimiento.

–El predominio de pymes y micropymes ¿es un inconveniente para optar a esas ayudas y contribuir a la transformación productiva que se pretende?

–Asturias tiene un peso en el PIB nacional menor que el que le correspondería por población y una proporción de medianas y grandes empresas sobre el total menor que el promedio nacional, que a su vez es menor que el promedio de los países europeos con los que nos interesa compararnos. Este déficit nos lleva a contar con un número menor de empresas tractoras en nuestra economía, lo que nos perjudica de muchas formas y esta podría ser una más de ellas. Si queremos ver la botella medio llena, los fondos son una oportunidad para que las empresas aprovechen estos fondos para realizar una transformación más amplia de su modelo de negocio y que les genere más oportunidades de crecimiento, también buscando sinergias con otras empresas complementarias de su entorno.

–¿Hay riesgo de que las grandes empresas capitalicen el grueso de las ayudas y las pymes queden orilladas?

–Aunque no están claros los criterios de reparto, yo entiendo que estos fondos son una buena oportunidad para adaptarse a dos procesos que, nos guste o no, no tienen vuelta atrás, como son la transición energética y la digitalización. Lo que sí está en la mano de las empresas es desarrollar proyectos creíbles y solventes que refuercen su competitividad y les lleven a generar empleo. En este sentido, los fondos pueden ser una buena excusa para hacer unos deberes que en algunos casos ya deberían haberse hecho con antelación y ésta podría ser una especie de segunda oportunidad. Sí es cierto que las pymes pueden verse abrumadas por la burocracia y, en este sentido, todo lo que se pueda hacer para simplificarla sería beneficioso. La cooperación entre pymes también puede favorecer la obtención de fondos, pero estas colaboraciones deberían ir más allá de la mera obtención de fondos, buscando una mejora integral de la competitividad. En general, la reflexión estratégica debería ir más allá de la obtención de los fondos, para pensar en cómo mejorar y crecer en los próximos diez años.

–Nuestra especialización productiva y tradición industrial ¿son inconvenientes o buenos puntos de partida?

–La situación de partida en Asturias no es buena por el impacto que han tenido tanto la transición ecológica como la pandemia sobre la industria y la actividad económica en general. No obstante, esto nos debería hacer acreedores a recibir más fondos y, por otro lado, existe más margen para avanzar en las líneas de trabajo que se quieren potenciar.

–Nuestra inversión en I+D+i es aún baja. ¿Debe potenciarse?

–La inversión en I+D es uno de los factores determinantes del crecimiento económico. Existe tradicionalmente un desajuste entre la inversión pública y privada que debería corregirse, aumentando el peso de la inversión privada. A veces se dice que hay un exceso de investigación básica en las universidades frente a la aplicada, pero para mi ese en un falso debate. Lo importante es que la investigación que se hace en la universidad sea de excelencia y esto sólo se consigue estando en la frontera del conocimiento a través de investigación básica; y, una vez llegado ahí, es donde tiene cabida la colaboración con las empresas en la investigación aplicada.

–¿Tenemos deficiencias en capacitación de mano de obra para casar oferta y la demanda, y sobrecualificación en otros casos?

–Una característica del sistema educativo español es la preferencia generalizada de jóvenes y familias por la educación universitaria, que siempre tiene un mayor carácter generalista que la formación profesional, que es más específica. Esta preferencia es difícil de revertir en el corto plazo. Afortunadamente, no estamos en una economía planificada y la gente es libre de tomar las decisiones que conciernen a su futuro. Es cierto que vamos a un escenario en el que las personas tendrán que formarse y reciclarse varias veces durante su vida laboral y las empresas tendrán un papel activo en la formación continua y reciclaje de sus trabajadores. Lo determinante será el mix de experiencia y formación, no la titulación de partida. De hecho, en el campo de la informática ya se está viendo cómo lo que prima es la experiencia frente a la educación y en muchas ofertas de desarrollador de “software” la titulación universitaria no es un requisito imprescindible.

–¿Cuál debe ser el protagonismo de la Universidad y su relación con las empresas durante este proceso?

–Las funciones de la universidad son la docencia, la investigación y la transferencia. En todas estas funciones la relación entre las empresas y la universidad debería ser una calle de doble dirección buscando la complementariedad y una relación a largo plazo. Sería deseable una coordinación de las agendas a medio plazo cuando se detecte una sinergia, pues, si sólo se busca una oportunidad puntual, puede ser difícil coordinarse. Una función muy importante de la Universidad es facilitar el emprendimiento y quizás es en esta dirección donde habría que redoblar los esfuerzos. Tenemos un déficit de proyectos de emprendimiento con potencial de crecimiento y desde la Universidad deberíamos intentar que todas las ideas que puedan surgir se puedan materializar y potenciar.

–¿La internacionalización de la empresa asturiana es suficiente o debe potenciarse más?

–Es menor de la deseable. Pero no creo que ninguna empresa asturiana haya dejado de internacionalizarse por falta de apoyo o de ayudas. La internacionalización es una consecuencia de la competitividad empresarial. Hay empresas muy rentables cuyo modelo de negocio no es internacionalizable, pero son minoría. Nuestra falta de internacionalización es la consecuencia de que tenemos menos proyectos de emprendimiento con potencial de desarrollo internacional y es ahí donde deberíamos actuar. Todo lo que mejore la competitividad empresarial se traducirá inmediatamente en una mayor internacionalización. La internacionalización refuerza y estimula la competitividad global de la empresa, obteniendo mayores economías de escala y una mayor diversificación de riesgos, pero para ello hay que actuar sobre la base: la competitividad.

 –¿Qué otras fortalezas ve en el tejido empresarial asturiano?

–Veo que ha surgido un sector TIC muy competitivo. Hay una empresa como Izertis que en cierta manera es la cabecera y la que ha alcanzado mas notoriedad por su ambiciosa estrategia de crecimiento y su salida a bolsa, pero contamos con un ecosistema de empresas ubicadas en nichos de mercado concretos como la consultoría, el “outsourcing” informático, la inteligencia artificial, el desarrollo de aplicaciones, el “marketing” digital, e incluso plataformas digitales. Dado que es un sector muy propenso al teletrabajo, pueden convertir a Asturias en un auténtico clúster con una gran capacidad de atracción de talento para la región. Este es un sector con un gran potencial de crecimiento.

–¿Está la empresa asturiana en buena disposición para afrontar la transición digital?

–La digitalización es un proceso que no nos debe llevar a hacer lo mismo que hasta ahora, pero con ordenadores y “tablets”, sino a cambiar la forma de hacer el trabajo para ser más eficientes, dar más valor añadido al cliente y llegar a nuevos mercados. Tan importante como los fondos es el proceso de reflexión y la voluntad de reinventarse ante este cambio de paradigma, que ha venido para quedarse.

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