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El nuevo salto laboral: del bar a la obra

Las buenas perspectivas del sector de la construcción en Asturias empiezan a atraer a trabajadores de la hostelería que buscan reciclarse

Ismael Ahilagas, a la izquierda, y  Ángel París, en Oviedo. | Miki López

Ismael Ahilagas, a la izquierda, y Ángel París, en Oviedo. | Miki López

A sus 56 años el mierense Ángel París se enfundó por primera vez el mono y el caso que le acreditan como obrero de la construcción hace solo unos meses. Hasta ahora había dedicado toda su vida laboral a la hostelería. En cuerpo y alma. Tanto como autónomo como asalariado. Llegó a acumular más de una treintena de años cotizados alrededor de la barra de bares, sidrerías o cafeterías. Tuvo una hamburguesería en el centro de Mieres que cerró hace cinco años y desde entonces se puso a trabajar para otros. Pero hubo un día que se cansó. Fue en plena desescalada, cuando las terrazas de los bares comenzaron a recibir de nuevo clientes. “Tenías que andar pegándote con la gente para que se pusieran la mascarilla, para que mantuvieran la distancia de seguridad...”, explica. Acabó harto. Así que un día brujuleando entre los cursos del Servicio Público de Empleo encontró uno que le llamó la atención. No tenía nada que ver con lo que había hecho hasta ahora. Era de revestimiento de paredes. Se apuntó y seis meses después de empezarlo está trabajando en una obra del barrio de La Florida de Oviedo. “Estoy de pintor”, presume, “hace unos meses no sabía ni poner un ladrillo, ahora ya hago hasta obras en mi casa”.

La construcción regional está sedienta de personal. Necesita con urgencia nueva mano de obra para conseguir continuar creciendo y no quedar estrangulada. Lo lleva demandando bastante tiempo la patronal asturiana de este sector la CAC-Asprocon que asegura que le cuesta horrores encontrar trabajadores cualificados, especialmente jóvenes, para atender a la elevadísima demanda que se les acumula. Ni siquiera la Fundación Laboral de la Construcción (FLC) logra completar los cursos que oferta. Y eso que las posibilidades de trabajar son enormes. Señala Kike Riesgo, socio director de la empresa asturiana Fida Consultores y especialista en reclutamiento de personal, que uno de los problemas del sector es que hubo muchos empleados que dejaron esta actividad hace años –durante la crisis del ladrillo en 2008– y “ya encontraron su recualificación en otros sectores, se reinventaron y puede que ya no puedan o quieran retornar a la construcción, al menos de momento, hasta verificar que el repunte se consolida y no se queda en un pico flor de un día”. Aunque al calor de estas nuevas posibilidades laborales, algunos ya están optando por volver.

A Ángel París le sorprendió haber encontrado un empleo tan rápido. “A mi edad no me esperaba que nadie me fuera a contratar”, señala. Ahora comparte andamio –aunque es un decir porque están dedicados a tareas de pintura– con el lenense Ismael Ahilagas García, de 45 años, que sí que tenía experiencia en el sector, pero que llevaba un tiempo alternando trabajos con planes de empleo y algún periodo en el paro. Durante esos tiempos muertos en el desempleo no se quedó parado, siguió formándose. Sin descanso. “El sector ha cambiado durante estos últimos años, yo creo que, para bien, ahora parece que vuelve a haber trabajo, hay bastantes obras”, asegura el lenense. Es más, mira con cierto optimismo al futuro. “De momento vamos a estar tres meses en esta obra y si lo hacemos bien nos han dicho que tenemos opción de coger otra en el futuro”, destaca.

El gijonés César Fernández tiene solo 22 años y es parte de la sangre nueva que se está incorporando al pujante sector constructor. Viene también de la hostelería, donde trabajó como camarero, pero vio en el ladrillo una gran oportunidad para apuntalar su futuro laboral. “No tenía ni idea del oficio, fue mi padre el que me animó”, explica. Encontrar empleo no le costó demasiado tiempo. Nada más acabar un curso en la FLC ya estaba en el andamio. Como peón. Y, asegura, con aspiraciones de seguir subiendo escalones en el sector.

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