–Su empresa se dedica al cultivo ecológico de arándanos, ¿notan un aumento de demanda tras la pandemia?

–Nosotros estamos en el grupo empresarial Campoberry, que dispone de toda nuestra producción y se encarga de su comercialización. En el ámbito local y en los que nos movemos, notamos que año tras año el arándano ecológico toma posiciones en el mercado cada vez más consolidadas y aumenta su demanda. No podemos asegurar que tenga relación con la pandemia, esta inercia viene ya de antes.

–¿Qué plazos estiman para obtener rentabilidades en este tipo de producción?

–Las plantas no llegan a su rendimiento óptimo hasta los seis o siete años, aparecen nuevas variedades que sustituimos e invertimos cada año en túneles de invernadero. Aquí es donde más hemos necesitado el apoyo financiero y BBVA nos ha ayudado. El banco también nos apoya financiando el gasto corriente del presupuesto anual.

–¿Existe una conciencia más sostenible por parte de productores y consumidores?

–Cada vez más agricultores ven la posibilidad de operar en ecológico. Hace años esto era muy complicado, no existían líneas de fertilizantes y fitosanitarios autorizados. El consumidor, si puede pagarlo, busca preferentemente productos ecológicos.

–¿El sector primario está de moda en estos momentos?

–Los que tuvimos un poco de suerte y nos encontramos con asesoramiento y ayuda de verdaderos profesionales, y también ayuda financiera, estamos logrando salir del túnel en que la “moda” nos metió.