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PEPE ÁLVAREZ Secretario general de UGT

“Asturias tiene que ser una potencia del hidrógeno verde; nos lo debe España”

“El pacto sobre pensiones es inminente y será positivo” | “La reforma laboral debe derogarse aunque la CEOE no quiera”

Pepe Álvarez, en Oviedo. | Irma Collín

Pepe Álvarez, en Oviedo. | Irma Collín

Pepe Álvarez (Belmonte, de Miranda, Asturias, 1956), reelegido como secretario general de UGT, da por seguro un acuerdo inminente sobre las pensiones, que “será favorable” y entrañará la derogación de la reforma del PP. Está convencido de que el salario mínimo interprofesional volverá a subir, y emplaza al Gobierno a legislar si la CEOE no se aviene a un pacto para revisar la reforma laboral del PP. Asegura que tiene “perspectivas positivas” sobre ello. Álvarez apoya el indulto concedido a los políticos independentistas catalanes, que considera un “gesto extraordinario de valentía” de Pedro Sánchez, al tiempo que avisa a los secesionistas: “Todo el mundo ya sabe qué ocurre cuando alguien toma un atajo”. El líder de UGT defiende que Asturias se convierta en una potencia en el hidrógeno verde: “Nos lo debe España”, sostiene.

–¿Cuáles son sus objetivos para el nuevo mandato?

–En el ámbito interno, fortalecer la organización. Llevamos cinco años intensos y estos cuatro lo serán más. Estamos en mejores condiciones para reforzar la implantación del sindicato en los centros de trabajo. El otro gran ámbito de trabajo son las negociaciones con el Gobierno sobre las pensiones y la Seguridad Social, la derogación de la reforma laboral, otras cuestiones que arrastramos (como la seguridad y salud en el trabajo, que se ha ido deteriorando de manera dramática) y el fondo de reconstrucción. Queremos que los fondos europeos sirvan para actualizar el modelo productivo, para que sea respetuoso con el medioambiente y para que permita competir con valor añadido y no con bajos salarios. También deben servir para lograr un mayor equilibrio territorial.

–¿Teme que la transición energética sea destructora de empleo?

–Es evidente que este proceso generará muchas dificultades a corto plazo . Si hay una comunidad autónoma donde esto se puede visualizar es Asturias. Como es muy difícil reconstruir el tejido productivo destruido, no queremos que primero se destruya para luego reconstruir sino que antes de “desenchufar” una actividad, se haya “enchufado” otra. Sabemos que se va a destruir empleo a corto plazo y que el empleo que se va a destruir con el abandono de las energías fósiles es de mucha más calidad que el que se pueda crear aunque solo sea porque los sectores que van a desaparecer son muy maduros y con gran implantación sindical. Las nuevas actividades surgirán con empleo peor y con una menor presencia sindical. Los sindicatos vamos a tardar en poder implantarnos en ellos. Muchas veces no se reconoce la contribución de los sindicatos a la mejora de las condiciones de trabajo. Éste es un ejemplo.

–¿Le inquieta la condicionalidad de los fondos europeos de reconstrucción?

–No excesivamente. Nos condiciona, como ocurre con las pensiones, que aparecen mencionadas de forma reiterada. Pero la condicionalidad no viene de una norma europea, sino de lo que estableció España sobre los cambios estructurales en el memorando. Así que, de todos modos, hubiésemos tenido que negociar con el Gobierno. No es fácil revertir las reformas de las pensiones y las relacione laborales que hizo el PP aunque ahora estén en el Gobierno otros partidos. Pero va a depender más de la voluntad política del Gobierno y de nuestra capacidad de presión.

–¿Aprecia dos almas en el Gobierno, como se dice?

–Eso es una simplificación mediática. El Gobierno es más complejo que todo eso. Es un Gobierno diferente al que estamos habituados en España y yo me siento cómodo con un Gobierno más plural que monolítico. En el Gobierno hay más de dos almas. No todos los ministros del PSOE piensan lo mismo y me imagino que lo mismo ocurre en Unidas Podemos aunque no los he tratado a todos. Yo negocié con el Gobierno de Rajoy (PP) y había también más de un alma aunque no se visualizaba tanto. Y también ocurrió en el primer Gobierno de Sánchez, que era solo del PSOE.

–¿Confía en el poder transformador de los 140.000 millones de los fondos europeos?

–La pandemia, que trajo tantísimas desgracias, nos va a dejar solo una cosa buena: vamos a disponer de un capital ingente. No se recuerda en España una inversión tan intensa y en tan poco tiempo. Así que es ahora o nunca. Incluso algunas condiciones de la UE nos vienen de perilla, como la exigencia de la transición ambiental: porque estamos peor que Francia, Alemania, Suiza y otros países, y porque será difícil que en el futuro se desarrolle un sector tan importante para España como el turismo sin unas mejores condiciones ambientales.

–¿También serán decisivos para regiones como Asturias?

–Estos fondos vienen en el momento oportuno y son una gran noticia para Asturias, que tiene una enorme oportunidad en este proceso para hacer uso de esos recursos en la renovación de su estructura productiva en poco tiempo. Sin ellos, no se haría. Y es una oportunidad para desarrollar infraestructuras: para conectar con el corredor del Mediterráneo, acometer el del Atlántico y mejorar las conexiones externas con el AVE.

–¿Ve opciones para que la región siga siendo un polo energético tras el fin del carbón y las térmicas?

–Para generar hidrógeno verde tenemos todas las condiciones. Es una oportunidad para convertirse en una potencia. Nos lo debe España después de que el carbón sirvió para que el país llegara a lo que es hoy. La situación actual de nuestra industria y del empleo asturiano no viene de hace pocos años, sino de antes. Y en Asturias, hablar de empleo es hablar de industria porque el turismo y los servicios solo pueden ser sectores complementarios. Asturias no va a ser una potencia turística. No ha habido una sola generación que se haya podido quedar toda ella en Asturias. Tenemos que acabar con ello. Este éxodo hay que romperlo con la formación profesional. Y los fondos son una oportunidad. El Gobierno asturiano lo ha visto y se ha puesto las pilas.

–¿Mantendrán la exigencia de subida del salario mínimo?

–El salario mínimo creo que va a subir para situarlo entre 1.100 y 1.200 euros en 2023. No tengo ninguna duda. No tiene sentido económico y político no hacerlo. Y ese dinero va a ir a consumo, lo que tirará de la demanda, porque quienes lo perciban necesitarán gastarlo.

–¿Y se desmantelará la reforma laboral del PP?

–Una de las cosas positivas del memorando de los fondos es que tiene plazos y este debate no se puede eternizar. Tiene que acabar este año. Tenemos perspectivas positivas. El mercado de trabajo actual es incompatible con el modelo productivo que queremos. La tasa de temporalidad es insoportable y el modelo de relaciones laborales es injusto. Debemos aspirar a un acuerdo con la patronal pero, si se excluye, el Gobierno tiene que legislar.

–¿Está tan cerca el acuerdo sobre las pensiones?

–Esta más hecho. Hace un mes que está cerrado salvo detalles jurídicos y semánticos. Y hay algún problema con la patronal. Esperamos anunciarlo en días. El acuerdo cumplirá con las recomendaciones de la comisión del Pacto de Toledo. Se derogará la reforma del PP: vamos a la revalorización automática y desaparecerá el factor de sostenibilidad. Y no habrá un empeoramiento de las condiciones de jubilación anticipada. Al contrario, se mejorarán para los que tengan largas carreras de cotización. Va a ser un acuerdo muy satisfactorio. En una segunda fase se negociará un factor sostenibilidad intergeneracional para garantizar las pensiones públicas a las próximas generaciones, aunque en esto no sé si será tan fácil llegar a un acuerdo. Pero es un debate que tenemos que abordar.

–Usted siempre apoyó los indultos a los políticos independentistas presos. Valore la decisión del Gobierno.

–Conozco el problema a fondo. Creo que había llegado el momento de poner los medios que permitieran que la situación entrara en una vía de solución, que no va a ser definitiva, pero que abre una etapa nueva para resolver el problema entre Cataluña y España, que ha consumido tantos esfuerzos y tiempo, y que no ha sido bueno ni para los españoles ni para la economía. Cuando un Estado tiene la fortaleza que tiene el nuestro, tiene que ser capaz de generosidad, y no con los nueve políticos que estaban presos, sino con los ciudadanos, tanto con los que fueron a votar el 1 de octubre de 2017 como con los que no fuimos a votar ese día. Porque queremos restablecer puentes y una buena relación entre los catalanes. Es una decisión positiva. Y ha sido un gesto extraordinario de valentía del presidente del Gobierno. Los gobernantes están para tomar decisiones, no para esconderse bajo la mesa. Tienen que hacer propuestas, buscar el diálogo y el entendimiento. Y todo el mundo debe reflexionar, porque el camino que se eligió entonces fue perjudicial. Ahora todo el mundo sabe qué ocurre cuando alguien toma un atajo.

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