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Recortes, alza de precios y hasta velas, respuesta de los pequeños empresarios asturianos al "tarifazo" de la luz

Pymes y autónomos con alto consumo eléctrico afirman que vuelven a estar al límite ahora que empezaban a ver la salida del túnel del coronavirus

Mónica Suárez, en su cafetería de Avilés, iluminada con velas en protesta por la subida de la luz. | Ricardo Solís

A dos velas. Mejor dicho, a 300. Mónica Suárez, propietaria de una cafetería en el centro de Avilés, decidió el pasado jueves apagar la luz eléctrica de su negocio y sustituirla por velas. Fue su particular protesta por el elevado coste del recibo. Otros pequeños y medianos empresarios asturianos se enfrentan a la carestía de la luz con medidas menos simbólicas: recortan horarios para gastar menos electricidad o suben los precios de sus productos y servicios para compensar la subida del recibo y mantener la puerta abierta del negocio, afrontar los gastos y abonar los salarios.

La gran industria asturiana acapara titulares en el debate de alto voltaje de la electricidad, pero muchos autónomos y pymes de la región con altos consumos energéticos tienen que encajar el bofetón del “tarifazo” sin posibilidades de esquivarlo. Sus negocios están llenos de enchufes y las horas punta suelen ser las de mayor actividad. El recibo mensual ya no baja de las cuatro cifras y no ven el final de la escalada. Hoy el precio mayorista de la electricidad subirá a 213,29 euros el megavatio hora, el más caro de la historia para un domingo.

En la hostelería

La cafetería iluminada por velas no es el único negocio que regenta Mónica Suárez. Hay otros tres y cerca de medio centenar de empleados. “En julio pagué 2.800 euros de luz, y el siguiente recibo fue de 4.080 euros. Si lo comparo con el año pasado, el incremento es del 33%. ¿Qué negocio puede soportar esto durante más tiempo?”, pregunta.

Trabajo le costó a esta empresaria de la hostelería echar las cuentas. “Juega (la comercializadora eléctrica) con las fechas. No facturan a meses cerrados, sino que lo hacen por días, y es muy difícil así saber cuánto te están cobrando de más. Hay que sentarse y estudiar las facturas una por una e ir comparando”, asegura antes de referirse a la impotencia y cabreo que siente. “Es evidente que no interesa cambiar las reglas del juego ni dar explicaciones”, afirma.

“Como siga así la situación será insostenible, ¿en qué quitas?, ¿vas a apagar un congelador o el horno? No sabemos qué vamos a hacer”. El que habla ahora es Albert Ojeda, repostero y propietario de una confitería y cafetería de La Felguera. “De estar pagando unos 800 euros al mes ahora estoy por 1.200”, asegura. Los congeladores, los hornos y las planchas, que “tardan mucho en calentar”, hinchan la factura. “Aquí abrimos a las ocho y media de la mañana y ya tienes que tener pastel hecho. Y cuando llega Reyes o Pascua, por ejemplo, estás cociendo todo el día. En Navidades esto está funcionado casi veinticuatro horas al día y aquí es todo eléctrico. Estamos con miedo por lo que puede venir”, se lamenta el empresario. Ojeda no cree que su negocio peligre, pero no sabe cómo frenar o compensar el incremento de gastos. “Ya estoy cerrando una hora antes, para gastar menos luz con la cafetería, pero no sé qué más se puede hacer. Todos los que trabajamos aquí somos necesarios y los aparatos que utilizamos también. Habrá que cortar por algún sitio más, pero no sé por dónde”.

Una de las opciones que maneja Ojeda es repercutir el aumento de los gastos en el precio de los productos. “Habrá que subir algo los precios porque la leche, la mantequilla y otros productos que necesitamos también están subiendo. Me planteaba hacer la subida en enero, pero no sé si tendremos que adelantarlo ya a diciembre. Al final no puedes trabajar solo para pagar el recibo de la luz o los impuestos. No puedes vivir al día porque puede llegarte una avería en una máquina y no tienes cómo afrontarla”, asegura.

Tomás Suárez, en su restaurante sidrería de La Felguera.

Tomás Suárez, en su restaurante sidrería de La Felguera.

Jacinto Rama también tiene una confitería, pero en Oviedo, y en su caso descarta, por ahora, subir los precios. “No lo podemos hacer ahora, no es posible, nos quedaríamos sin clientes”, asegura. Su establecimiento tiene un alto consumo energético, sobre todo por los hornos eléctricos. La actividad no ha cambiado en los últimos meses, ni la potencia contratada, pero la factura se ha duplicado, resalta. En septiembre llegó a los 3.000 euros. “Algo está funcionando mal, no puede ser esa subida en solo unos meses y aquí o pagas o te cortan la luz. No hay otra solución”, protesta el empresario ovetense. Afortunadamente, afirma que de momento las ventas “van bien”, pero teme por el negocio si la curva del precio de la luz sigue escalando. Tiene en nómina a una decena de empleados.

Tomás Suárez regenta un popular restaurante-sidrería del centro de La Felguera. La factura de la luz que paga ha subido 400 euros en solo cinco meses. Y ahora los proveedores le quieren subir el pulpo, los calamares… todo el surtido de productos congelados.

Aurelio Martínez, junto a los equipos radiológicos de uno de sus centros odontológicos en Langreo.

Aurelio Martínez, junto a los equipos radiológicos de uno de sus centros odontológicos en Langreo.

“No me va a quedar más remedio que repercutirlo en los precios”, señala Suárez. No ve otra salida. Sabe que, probablemente, perderá algo de clientela porque la cosa aún no está para tirar cohetes, pero no ve otra opción. “Ya no es solo que la luz esté por las nubes, es que está subiendo todo y ya no queda margen”, asegura con resignación.

Arbert Ojeda, con el horno eléctrico de su confitería de La Felguera.

Arbert Ojeda, con el horno eléctrico de su confitería de La Felguera.

Suárez viene tomando medidas desde hace tiempo y la última, vinculada al “tarifazo”, ha sido cerrar por la noches salvo el fin de semana. Solo abre para dar comidas. El resto del día prefiere tener las luces apagadas para que la factura no continúe engordando. Las cuentas no le salen. Las máquinas tienen que estar siempre funcionando para que el género no se eche a perder. A la crisis de la luz y de las materias primas se une la pérdida de pulso de las Cuencas. Su restaurante está cerca de la zona industrial de Langreo que, poco a poco, ha ido apagándose. “Antes trabajábamos mucho con la gente de las empresas, ahora ya no están”, asegura. El restaurante tiene seis trabajadores y hace tiempo invirtieron en eficiencia energética. “Pusimos todo luces led, en la cocina, el comedor, la barra…”, señala Suárez. Funcionó. Antes del cambio pagaban unos 800 euros y llegaron a bajar a 400. Ahora la subida de precios de la energía se ha comido ese ahorro. “Justo cuando comenzábamos a amortizar la inversión”, lamenta.

Tatiana García, en uno de los establecimientos de congelados de Juan Menéndez en Avilés.

Tatiana García, en uno de los establecimientos de congelados de Juan Menéndez en Avilés.

En las tiendas

Juan Menéndez es propietario de una cadena de alimentos congelados con 27 centros de trabajo y medio centenar de trabajadores. En agosto del año pasado pagó en una de las tiendas que tiene en Avilés una factura de luz de 750 euros, y en el mismo mes de este año le subió a 1.150 euros. “Y lo peor es que nos anuncian que va a seguir subiendo, cada día se marca un nuevo récord y sólo se preocupan del impacto del coste de la luz en la gran industria, pero a los pequeños negocios nos ha subido la factura casi un 50% y nadie da soluciones”, protesta Juan Menéndez, que añade a la subida de la factura de la luz el encarecimiento de los productos del mar que compra. “El precio de los combustibles ha subido para todo el mundo y hay que pagar el suministro eléctrico de los congeladores que funcionan permanentemente para que el producto esté en perfectas condiciones...Y si ellos suben el precio, llegará un momento en que los demás también tendremos que hacerlo”. Juan Menéndez se lo toma con resignación, pero advierte de que “como esta situación no sea coyuntural y no acabe pronto, se va a generar una inflación terrible”.

En las consultas

Aurelio Martínez Cortina es propietario de dos centros odontológicos en Sama y La Felguera y la subida de la luz ha disparado sus costes en los últimos meses. “En agosto, que estuvimos cerrados quince días, pagamos 600 euros de luz. Es una barbaridad, más del doble de lo que pagábamos otros años. Y en septiembre del año pasado habíamos pagado algo más de 800 euros y este año fueron más de 1.500. Y eso solo en la clínica de La Felguera. En Sama estamos en un rango similar”. El compresor para el aire comprimido medicinal, los autoclaves utilizados para esterilizar el material o los equipos radiológicos acaparan buena parte de ese gasto. “En lo que son las luces hemos puesto muchas led, que gastan menos, pero también funcionan todo el día. Aquí estamos diez horas cada jornada con todo encendido”, explica este profesional, que añade: “No hay opción de ahorro. Quizá cambiar las últimas luces que no son led, pero poco margen más queda ya. En una casa puedes apagar algunas luces o no dejar la tele encendida, pero aquí, evidentemente, no puedo trabajar a oscuras o dejar de esterilizar el material”.

Martínez Cortina, que no baraja subir los precios o recortar personal, confía en que la situación se reconduzca. “Esto es un golpe brutal para el pequeño empresario, encima justo detrás de la pandemia. Si esto sigue subiendo no sé qué va a pasar. Yo al menos, y toco madera, estoy consolidado, pero para negocios pequeños que acaben de empezar y dependan mucho de la luz todo esto es inasumible. Además, no se detiene porque cada día que pasa hay un nuevo récord histórico del precio de la luz. Si esto sigue así va a ser una locura. Y ya no es que me repercuta a mí directamente en mis gastos, sino que la gente no va a poder gastar porque tendrá que meterlo en la luz”, reflexiona.

En los salones de belleza

En Gijón, Marián Rodríguez regenta una peluquería de 90 metros cuadrados en el barrio de La Arena. Por las características de su negocio, el consumo energético es constante, ya sea para secar pelo o hacer mechas. “Se nota el encarecimiento, claro que sí. Por lo menos pago un cuarto más de lo que pagaba de forma habitual”, explica esta pequeña empresaria que lleva 16 años al cargo de su negocio. Con tres empleadas, Rodríguez se plantea, como otros muchos negocios, aplicar una pequeña subida de precios que compense el margen que se le va en la factura. “Es a lo que nos obliga el Gobierno, no queda más remedio que planteárselo porque si no la pérdida va a ser muy grande”, comenta. Para ella, el alto precio de la energía llega en un momento en el que estaba satisfecha con la marcha del negocio. “No me puedo quejar y estoy contenta, porque todas mis clientas se volcaron tras la pandemia”, señala. No obstante, para tratar de ahorrar ya ha empezado a bajar la intensidad de las luces. La penumbra se ha instalado en los negocios por culpa, paradójicamente, de la luz.

Medidas en otros países para frenar el precio de la luz

La subida desorbitada del precio de la energía, en mayor medida la de la electricidad, no es exclusiva de España, que sí se arroga haber alcanzado el precio más elevado de la unión Europea. Idéntica corriente atraviesan otros países europeos.

Reino Unido

El precio del gas y la electricidad se han desbocado en los últimos meses en el Reino Unido. El aumento ha sido del 250% desde principios de año, de acuerdo con la Oficina de los Mercados del Gas y la Electricidad (Ofgem). El impacto en los consumidores ha sido considerable, si bien en el sistema británico existe desde 2018 un límite en el recibo para los hogares que no tengan en su contrato una tarifa fija. Ofgem, como regulador, establece dos veces al año ese límite. Entre el 1 de octubre de este año y el 31 de marzo de 2022 es de 1.277 libras anuales (1.490 euros). En torno a 15 millones de hogares británicos van a tener que afrontar una subida del 12% con respecto al pasado invierno, lo que viene a suponer unos 275 euros extra al año. Con una inflación que roza el 4%, el efecto del gasto añadido en las familias británicas con ingresos muy bajos puede ser dramático. Ya a finales de julio, de acuerdo con Ofgem, había 1,6 millones de cuentas de electricidad y 1,2 millones de gas con retrasos en los pagos de las facturas. El ministro de Finanzas, Rishi Sunak, estudia eliminar el 5% de IVA en las facturas de energía doméstica, lo que supondría una reducción de 70 euros.

Francia

El espectro de los chalecos amarillos preocupa al Gobierno. El Ejecutivo de Emmanuel Macron reaccionó desde finales de septiembre ante el aumento de los precios de la electricidad y el gas debido al temor de nuevas protestas en medio de la precampaña de las presidenciales de 2022. El 30 de septiembre, el primer ministro, Jean Castex, anunció un bloqueo de la tarifa de la luz. Así, un aumento que debía ser del 12% en febrero del año que viene quedará limitado a un 4%. Para frenar esta subida, las autoridades reducirán uno de los impuestos de la factura. También prometió aumentar las ayudas destinadas a personas pobres para financiar su consumo de la luz. En Francia, unos 5,8 millones de familias ya disponían de un cheque energético de unos 150 euros anuales. Ante la actual crisis energética, esta ayuda se verá complementada con otro bono de 100 euros que recibirán en diciembre. Así, las autoridades esperan limitar el impacto del aumento de los precios de la luz y el gas, que confían en que sea temporal. La asociación de consumidores UFC-Que choisir calculó que la factura eléctrica subiría unos 1.700 euros anuales en 2022, mientras que la media de este año sería de 1.550.

Alemania

El precio medio de la energía para los hogares alemanes está por encima de los 31 céntimos por kilovatio-hora, según el portal Verivox. A ello hay que sumar el encarecimiento de la gasolina y el gasoil. La energía está tan cara como nunca antes en Alemania. Ello ha desatado un debate político en un país actualmente dirigido por un Ejecutivo interino a la espera de la formación de nuevo Gobierno federal. Asociaciones de consumidores calculan que un hogar medio en Alemania, con una vivienda de unos 120 metros cuadrados, tendrá que desembolsar unos 270 euros más anualmente por calefacción y agua caliente a lo largo del 2021. El ministro interino de Economía, el democristiano Peter Altmaier, ya ha anunciado que el Gobierno reducirá a casi la mitad el impuesto especial que aplica desde hace dos décadas a los productores de energía de origen fósil (gas, carbón, petróleo) y con el que bonifica a los productores de energía renovable. A partir de 2022, ese impuesto será de 3,7 céntimos por kilovatio- hora (actualmente, 6,5). Con él, el Gobierno financia la transición de un modelo todavía basado en buena medida en energía de origen fósil a un modelo 100% renovable.

Portugal

El Gobierno no se ha visto obligado a tomar grandes medidas para contener el aumento de los precios de la energía, a pesar de que el megavatio hora se paga al mismo precio que en España. Esto se debe a que cerca del 85% de los consumidores lusos están adheridos al mercado libre y gozan de una tarifa fija mensual, frente al 60% de los que están bajo este régimen en España. En el caso de los clientes que están en el mercado regulado –el 15% restante–, la Entidad Reguladora de los Servicios Energéticos establece anualmente una tarifa por megavatio hora, algo que amortigua posibles subidas del precio en el mercado mayorista. A pesar de que esta tarifa se puede revisar trimestralmente –aumentó un 3% en julio y en octubre–, el impacto final en la factura en el mercado regulado ha sido muy inferior al de España, donde el precio depende directamente de la oferta y la demanda. Sin embargo, el Gobierno ha puesto en marcha algunas medidas que tratan de reducir el precio de la luz a los consumidores. Además de la reducción parcial del IVA del 23% al 13% aplicada a finales del 2020, el Ejecutivo cuenta con 815 millones de euros para evitar un posible incremento de los precios en 2022.

Italia

El Gobierno de Mario Draghi aprobó en septiembre un decreto ley con una serie de medidas para mitigar, durante tres meses (hasta diciembre), la subida del precio del gas y del de la electricidad, uno de los más altos en Europa ya antes de los recientes aumentos. En concreto, en lo que se refiere a la luz, el Ejecutivo ha suspendido la subida del precio de este servicio para tres millones de familias. En este grupo se han incluido las familias con ingresos inferiores a los 8.265 euros anuales, los núcleos familiares con al menos cuatro hijos e ingresos de menos de 20.000 euros anuales, las personas con graves problemas de salud y los ciudadanos que ya reciben la renta o pensión de ciudadanía, el subsidio que se destina a grupos de población que se encuentran bajo el umbral de la pobreza absoluta. Además, el Gobierno ha establecido que en las facturas no se cobren los llamados gastos de sistema, un pequeño monto que el Estado italiano exige a los ciudadanos para el mantenimiento del servicio. Esto último se ha aplicado a seis millones de pequeñas empresas, y a 29 millones de clientes domésticos con contratos de baja tensión y potencias de hasta un total de 16,5KW.

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