La absorción de Bankia por parte de CaixaBank, que este fin de semana se culmina con la integración tecnológica de ambas entidades, ha sido la gran apuesta del Gobierno para tratar de aumentar el porcentaje de ayudas que podrá recuperar de los 24.069 millones de euros inyectados en el grupo nacionalizado por los ejecutivos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, un rescate por el que las arcas públicas hasta ahora solo han ingresado 346 millones. Sin embargo, la operación está provocando unas pérdidas multimillonarias al Estado a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) en sus primeros compases. A los números rojos de 3.556 millones de euros del año pasado se sumarán en el presente ejercicio otros previsiblemente más de 1.000 millones. Se trata, eso sí, de unas pérdidas contables que no aumentan la cifra del rescate estatal a la banca ni incrementarán el déficit y la deuda públicas. La mayoría de estos impactos se reflejaron en las cuentas del Estado cuando este desembolsó los fondos necesarios para salvar a las entidades quebradas en 2012 gracias al rescate europeo. La normativa contable, con todo, obliga a ir reflejando cada año en las cuentas del FROB el importe considerado «recuperable» de la participación pública en el banco. Dicho importe, que no ha parado de bajar en los últimos años, se ha reducido aún más y de forma notable por la fusión.