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Unai Sordo | Secretario general de CC OO
Unai Sordo Secretario general de CC OO

“La solución para los interinos puede acabar judicializada”

“Los cambios pactados en las pensiones no son cosméticos, hemos dejado atrás la lógica del recorte para actuar con la lógica de los ingresos”

Unai Sordo, en la nueva sede de CC OO en Gijón. | Ángel González

Unai Sordo (Baracaldo, 1972), líder nacional de CC OO, repasa en esta entrevista, realizada coincidiendo con una visita a Asturias esta semana, los pormenores del reciente acuerdo sobre pensiones y de las negociaciones sobre la nueva reforma laboral.

–Acaban de pactar una primera fase de la reforma de las pensiones que, sostiene una corriente de expertos, no resuelve el problema de la sostenibilidad a largo plazo del sistema...

–El recorrido que se ha hecho hasta ahora en pensiones es importantísimo. Había un planteamiento sobre las pensiones a largo plazo pensando siempre en un recorte drástico, y esto se ha revertido. Lo hemos derogado mediante un acuerdo social, y a la vez se han puesto sobre la mesa medidas destinadas a mejorar la estructura de ingresos de la Seguridad Social. No son para nada ajustes cosméticos, hay que dejar que operen.

–¿Será una reforma suficiente a los ojos de Europa?

–Se está leyendo mal lo que Europa le pide a España. El país no tiene que explicarle a la UE cómo va a recortar las pensiones del futuro. En el contexto de la llegada de los 140.000 millones de fondos europeos, lo que Europa quiere es una explicación mínima de cómo va a financiar el incremento del gasto en pensiones. Pero, lo pregunte Europa o no, hay que hacerlo tomando medidas que garanticen la suficiencia de pensiones.

–¿Aceptarán ampliar el período de cómputo de la pensión (de 25 a 35 años), como ha sugerido el Gobierno para una segunda fase de la reforma?

–En España, con las pensiones pasa una cosa muy curiosa: existe la idea de que las reformas tienen que ser acumulativas; es decir, todavía no se habían puesto en marcha todas las medidas de la reforma del año 2011 y ya vino la de 2013, y ahora tenemos otra. Continuamente se quiere hacer reforma tras reforma; hay que dejar que operen los parámetros y las medidas que se van poniendo en marcha. Por ejemplo, lo que negociamos en junio, cuando, además de derogar el factor de sostenibilidad y recuperar la revalorización con el IPC, se sacaron gastos impropios del sistema: 20.000 millones que va a dejar de pagar la Seguridad social porque no le corresponde hacerlo.

–Y han subido las cotizaciones, sin apoyo de los empresarios...

–Hemos incluido un factor de equidad intergeneracional que va a subir el 0,6% las cotizaciones durante diez años, lo que introducirá algo más de 20.000 millones al sistema; pronto abordaremos también el destope de las bases máximas...Son muchas medidas que tienen que ir operando para mejorar los ingresos. Y hay que ver cómo evoluciona algo muy importante: el empleo y cómo se paga ese empleo. En función de ello, la necesidad de aportar más ingresos al sistema será distinta. No hay que estar en una reforma permanente de la Seguridad Social.

–¿Dos mil millones extra al año dan para arreglar el gran sobrecoste que supondrá la jubilación de los “baby boomers”?

–Esta es una medida más. El mecanismo de equidad intergeneracional en sí no va a ser el que resuelva el problema. Estamos hablando efectivamente de unos dos mil millones al año que distan mucho de las necesidades financieras que va a tener la Seguridad Social. Pero es una medida englobada dentro de un paquete mucho más amplio para ir equilibrando el sistema, no desde la lógica del recorte sino con la lógica del ingreso.

–En otra mesa se negocia la reforma laboral, que Europa exige tener lista antes de fin de año. ¿Las divisiones dentro del Gobierno distorsionan el diálogo?

–Aquellos desajustes, que vinieron de una polémica interna del Ejecutivo, están solventados. Por ejemplo, en lo tiene que ver con el desequilibrio de la negociación colectiva, que para nosotros es fundamental, el Gobierno nos ha trasladado exactamente lo mismo que nos había planteado hace unos meses. Y eso era lo que exigía CC OO: fiabilidad en las posiciones del Gobierno. Una vez solventado eso, también es verdad que la negociación no está cerrada.

–¿Qué falta?

–Quedan dos cuestiones muy importantes por solventar: una es la de la contratación, la reducción drástica de la temporalidad, y otra son los nuevos ERTE, los mecanismos para que, cuando las empresas tengan crisis coyunturales o estructurales, puedan optar por alternativas distintas a los despidos y reducir y adaptar transitoriamente las jornadas. Es un asunto de mucho interés sindical, pero complejo. Si fuéramos capaces de avanzar en esos dos aspectos, el acuerdo estaría cercano, aunque habría que ver si se incorporarían o no las organizaciones patronales. Y luego hay que introducir también elementos de restricción en los despidos. Si en España sigue siendo tan fácil y tan barato despedir,  es difícil pensar que las empresas vayan a utilizar otras herramientas alternativas como la adaptación de jornada.

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