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La huelga de las empresas auxiliares amenaza con extenderse al sector del metal

Los empleados de las subcontratas de la industria inician el martes una huelga en protesta por los salarios, y las empresas, aún en crisis, defienden que no hay pérdida de poder adquisitivo

Los dos hornos altos de Arcelor.

A las seis de la mañana del martes 3.000 trabajadores del heterogéneo sector de las empresas de montajes y auxiliares asturianas –aquellas del metal que trabajan para otra gran compañía en el sector, fundamentalmente para el gigante ArcelorMittal– están llamados a iniciar una huelga que podría encender la chispa de un conflicto mayor y generar un efecto dominó. El principal motivo de la protesta es el desacuerdo entre la patronal, Femetal, y los sindicatos UGT y CC OO sobre cómo deberían evolucionar los salarios de estos empleados. Las empresas entienden que la subida de la inflación, a la que se agarran las centrales en la negociación, es coyuntural (que según el último adelanto va por el 6,7), mientras que a los segundos no les salen las mismas cuentas y han puesto como línea roja de la negociación que “los trabajadores no pierdan poder adquisitivo”. Primera fricción para provocar el chispazo. Los empresarios temen que el incendio laboral acabe salpicando aguas arriba a todo el poderoso sector del metal asturiano donde las negociaciones para renovar el convenio también están atascadas –de hecho, están también al borde del conflicto– o, incluso, a la gran matriz, a Arcelor.

Los trabajadores adscritos al convenio de montajes y auxiliares representan al 10% de la plantilla del metal asturiano. Un porcentaje aparentemente bajo, pero que tiene una importancia capital ya que entre sus funciones está la de mantener al día las grandes fábricas asturianas, las que tiran del carro de la economía regional. La heterogeneidad de las empresas a las que da paraguas este convenio también es llamativa. Conviven bajo esa misma sombra empresas dedicadas al montaje, a la reparación, la construcción o incluso algunas de las grandes ingenierías asturianas, duramente golpeadas por la crisis del coronavirus, que incluso han tenido que pedir auxilio al fondo de rescate estatal para sobrevivir.

El tiempo para lograr el acuerdo apremia, sin embargo, los sindicatos no tiran la toalla y aseguran que tienen un moderado optimismo de poder llegar a un pacto y que la chispa se apague. Confían en que antes del martes los empresarios les presenten una solución que les satisfaga, según reconocía ayer uno de los participantes en las negociaciones. Por el momento, todos los intentos de acercamiento –el último tuvo lugar el viernes– han fracasado. A continuación, se resumen algunas de las claves de este conflicto laboral.

La decisión de Arcelor.

Las negociaciones comenzaron de forma oficial el 18 de octubre, aunque ya arrancaron a trompicones. Por aquella fecha Arcelor decidió dar un vuelco y reorganizar el negocio de sus auxiliares. El resultado fue que Daorje, hegemónica auxiliar de la siderúrgica hasta ese momento, perdió varios de los contratos y el trabajo que antes hacía una sola empresa, ahora depende de siete. Tanto se diversificó la actividad que entraron en el negocio cinco empresas de fuera de la región para quienes el convenio de las auxiliares –así de primeras– les sonaba como a chino. ¿Por qué? En el resto de regiones –salvo excepciones– un convenio de estas características es una rareza. Ni siquiera existe y este tipo de compañías están acogidas al convenio que tenga el metal en ese territorio.

Una vez que Arcelor deshojó el reparto de su negocio auxiliar las negociaciones comenzaron a tomar velocidad y comenzaron a quedar en evidencia las enormes diferencias entre ambas partes, entre las empresas y los sindicatos.

Arcelor lleva, además, según han denunciado en varias ocasiones tanto las empresas como los sindicatos, apretándole las tuercas a sus auxiliares para intentar abaratar los costes. Lo que hace que el margen de maniobra de estas compañías a la hora de negociar nuevas mejoras se haya estrechado. Comprensivo, uno de los sindicalistas que están participando en las negociaciones reconocía que “somos conscientes de que hay empresas afectadas por el convenio que lo están pasando mal”. Algunas, incluso, han hecho ajustes de personal.

El espejo de Cádiz.

Del futuro de las negociaciones del convenio de las auxiliares no solo están pendientes los tres mil trabajadores afectados, también los del metal miran con curiosidad cuál va a ser el desenlace del conflicto e incluso los empleados de Arcelor lo miran con el rabillo el ojo. En las auxiliares la chipa ya está encendida, pero en el metal –para el que trabajan 30.000 empleados– está por prender. De hecho, los sindicatos tienen previsto celebrar varias asambleas durante la próxima semana –al mismo tiempo que se desarrollaría la huelga de las subsidiarias– para votar si van a una movilización también en protesta por el bloqueo de la negociación de su convenio colectivo.

El miedo de algunos empresarios del sector es que en las próximas semanas se reproduzcan en Asturias imágenes similares a las que dejó la movilización de los trabajadores del sector en Cádiz durante el mes de noviembre y que trajo consigo una contundente respuesta policial, muy criticada desde algunos ámbitos políticos.

El problema de la inflación.

La línea roja de los sindicatos durante la renovación de este convenio colectivo es el del poder adquisitivo. “No vamos a permitir perderlo”, reconocía un sindicalista. Las cifras de la inflación asustan a las empresas, va ya por el 6,7%, condicionada por los elevados costes energéticos registrados durante los últimos seis meses del pasado año, más o menos, desde el verano. Un sobrecoste que está poniendo contra las cuerdas la actividad de muchas compañías que ven mes a mes como su recibo de la luz crece sin freno. La previsión no es buena. El coste de la electricidad continuará alto, al menos, durante los primeros seis meses de este 2022 –debido a los idénticos motivos que lo propulsaron el año pasado, como el coste del gas y del CO2– para comenzar a declinar a partir del verano. Esa situación “coyuntural” es la que exhiben los empresarios en la mesa de negociación para no hacerle demasiado caso a la inflación. A sumar, el de los precios de la electricidad es un factor decisivo para las empresas de gran consumo (llega a representar hasta la mitad de sus gastos) y en España suponen una desventaja frente a la competencia de Francia y Alemania con recibos más exiguos. Más costes. A su vez, los últimos convenios del sector recogían generosas subidas salariales que, alguna fuente, cifra en el 31% desde 2008, el año que comenzó la Gran Recesión.

Las previsiones: del subidón a estabilización.

La patronal europea de las empresas siderúrgicas (Eurofer) –principal empleador de estas auxiliares– estima que la demanda de acero subirá este año un 8,5% y un 4,7% el próximo, pero estima que, a partir de entonces, habrá una tendencia hacia la estabilidad de la carga de trabajo. Son porcentajes, aparentemente buenos si se mira hacia delante, sin embargo, echando un vistazo para atrás se ve que la actividad del sector cayó un 10,4% durante 2021. Hasta el momento, el balance del sector del metal es favorable, defienden los sindicatos, con empresas que se han recuperado con cierto vigor de la crisis provocada por la pandemia. Pero como se trata de un mercado bastante heterogéneo la patronal también tiene argumentos para exhibir que hay aún muchas compañías a las que les está constando recuperar el tono perdido tras la infección en sus negocios del coronavirus.

Desconfianza global.

Las incertidumbres, la crisis económica y la de los materiales ha provocado que las decisiones de inversiones de las grandes empresas se dilaten más de la cuenta. Han pasado de los siete a los catorce meses, el doble. Y muchas de las empresas de montaje y auxiliares son especialmente sensibles a este incremento de los plazos. Especialmente aquellas ligadas con la ingeniería, que en algunos casos han tenido que pedir auxilio al fondo de solvencia de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) para poder seguir viviendo. Todos estos ingredientes han provocado que gran parte de las empresas hayan cerrado tanto 2020 como 2021 con malos resultados económicos. Y, de cara al futuro, algunas también tendrán que comenzar a hacer frente a la devolución de los préstamos del Instituto de Crédito Oficial (ICO) que solicitaron al inicio de la pandemia para aliviar un poco su situación económica.

Pendientes de más trabajo.

Otra circunstancia decisiva para el sector de las auxiliares es que muchas tienen esperanzas en captar parte del trabajo que va a generar ArcelorMittal en sus plantas asturianas (Gijón y Avilés) para descarbonizar su actividad económica, tal y como le pide la Unión Europea. La inversión rondará los mil millones de euros tanto la construcción de nuevas instalaciones (un horno eléctrico y una planta de reducción del hierro) como el desmantelamiento de algunas de las existentes, que dejarán de usarse. Pero, todo está por decidir.

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