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Ignacio Herrero, el padre que amaba las montañas

Ágatha Herrero y su hermana Pandora destacaron el cariño a la naturaleza que el financiero transmitió a sus hijos

Ignacio Herrero

“Quiero contaros cómo era papá en casa. Con la combinación de su inteligencia y su gran sentido del humor inglés nos hacía sentir bien todo el tiempo. Insistía en que volviéramos pronto a casa para cenar todos en familia y siempre nos trataba como jóvenes adultas”. Ágatha Herrero Pidal, segunda de los cinco vástagos de Ignacio Herrero y Ágatha Pidal, sobrecogió a los asistentes a la misa en memoria de su padre en la basílica de San Juan al quebrársele la voz recordando a un hombre caritativo, amante de la ópera, sencillo, cazador, pescador y esquiador, con el que viajaban a Italia, el país que adoraba, visitaban iglesias y paseaban a la luz de la luna por Roma. “Era tímido, un poeta, y un romántico empedernido. Enamorado totalmente de mi madre desde el día que la conoció”, dijo la hija, emocionada y orgullosa de haber disfrutado de la presencia de un padre que les hablaba de historia, les invitaba a discurrir soluciones a problemas y a compartir opiniones sobre temas comprometidos como los toros, las religiones o la filosofía. “Lo pasábamos genial. Era superculto, muy sabio, y lo hacía todo muy divertido con su sentido del humor. Era un enamorado de Italia. Le gustaba llevarnos a caminar por las calles visitando iglesias... escuchando historias de amor y la música de Verdi y Puccini. Pero siempre decía que después de recorrer el mundo, lo que más le gustaba eran los montes de Asturias”. Ese amor a Asturias y a su naturaleza lo compartía Ignacio Herrero con su esposa, Ágatha Pidal Vives, bisnieta del marqués de Villaviciosa Pedro Pidal, ya marquesa viuda de Aledo y dentro de una profunda tristeza, feliz de haber compartido su vida con un hombre excepcional. “Decía que no era muy sociable, y que prefería estar en casa con su música clásica y sus libros de historia. Pero cuando recibía amigos lo pasaba fenomenal. Siempre correcto y cariñoso. Era el centro de la conversación. Nos enseñó a no seguir las modas, a tomar siempre nuestras propias decisiones. Nos inculcó sus principios y con esas alas todos pudimos echar a volar y dejar el nido. Luchó hasta el final”, sentenció Ágatha, exalumna como sus hermanos del colegio Meres, casada con Douglas Paul Teitelbaum y radicada en Estados Unidos. Igual de emocionante fue el testimonio de Pandora, la primogénita, futura marquesa de Aledo, en caso de que el título no pase a Ignacio, único varón, el pequeño de la familia. “Has sido considerado por la mayoría una persona excepcional, trabajador, culto, buen padre, extraordinario amigo. Ofreciste lo mejor y tu vida fue muy dura: perdiste a tu madre y a tus dos hermanas aún siendo un niño, una soledad que te acompañó siempre. Y luego mi accidente de 1990 que te marcó desde entonces”, dijo Pandora. “Seguiste el modelo británico donde estudiaste y allí nos mandaste a las cuatro mayores para aprender inglés y valernos por nosotras mismas. Con tu ejemplo nos enseñaste los valores de la vida”, añadió. Ese ejemplo quedó ayer de relieve en las exequias, que, como dijo el sacerdote Daniel Rojo, fueron un canto a la esperanza.

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