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Muertes y resurrecciones del bitcoin: la criptomoneda cae, pero sigue atrayendo inversión

Los defensores del activo electrónico afirman que sólo se ha producido una corrección en el valor y otros expertos hablan de "clara burbuja"

Monedas con el símbolo del bitcoin

Los más fervientes defensores del bitcoin –la más conocida de las criptomonedas– llevan una especie de diario que actualizan frecuentemente en internet con las veces en las que algún reconocido político o gurú de los negocios ha pronosticado que esta moneda no tenía futuro. Más en concreto, van apuntando las veces que alguien de prestigio dice que el bitcoin “está muerto”. Literalmente. Llevan contabilizadas 366 veces, la mayoría últimamente ¿Se muere el bitcoin? La respuesta es complicada de saciar. Lo inapelable es que desde que su valor tocara techo el pasado 8 de noviembre (cuando llegó a los 67.559 dólares) el descenso –con algún pequeño paréntesis– va sin frenos. Ahora cuesta 32.720 dólares menos. Sin embargo, lo que no decae es el apetito de los inversores. Ni un poco. “Cada semana decenas y decenas de asturianos me preguntan sobre las criptomonedas y me hablan de la forma en la que operan con ellas”, señala el broker asturiano Rubén Vilela.

Entonces, ¿por qué está cayendo tanto el valor del bitcoin? Responde Francisco González, catedrático de Economía Financiera de la Universidad de Oviedo. “La caída del valor está relacionada con la expectativa de subidas de tipos de interés por parte de los bancos centrales para reducir las tasas de inflación, lo que incrementa la rentabilidad de los activos más tradicionales y reducen el atractivo del bitcoin como alternativa para lograr rentabilidades elevadas, lo que disminuye su demanda y su precio”.

No es el único factor. Pero antes conviene puntualizar cómo se “fabrican” estas monedas digitales, no solo el bitcoin. Son unos mineros –que en lugar de pico y pala usan un ordenador y un algoritmo –los que los van extrayendo de la red. El proceso es cada vez más costoso porque estas cibermonedas tienen un límite bien establecido que no puede superarse, con lo que el consumo energético para hacerlas es, en muchos casos mayúsculo. De ahí que los actuales precios de la energía hayan provocado una migración fuera de esta actividad. Así de primeras, muchos se habían instalado en China, pero, no hace mucho, el Gobierno asiático prohibió el minado. Sin paliativos, obligando a los mineros a emigrar. La mayoría se fueron a Kazajistán, un país que es un polvorín social y que en las últimas semanas ha sufrido importantes revueltas ciudadanas. Ante la sublevación, el gobierno kazajo, muy poco paciente, decidió declarar el estado de emergencia y cortar el acceso a internet y frenó la actividad de los mineros. Todos estos vaivenes tienen fuertes repercusiones sobre la cartera de los inversores asturianos.

Con esos datos, un bando –el de los defensores– sostiene que la bajada es coyuntural, solo un pequeño resbalón; mientras que el otro –el de los detractores– se ve reforzado para sostener que estas criptomonedas no son más que una burbuja que acabará explotando dejando atrapados los ahorros de miles de personas. Alejandro Fernández es el portavoz de la asociación Asturias, Bitcoin y Criptomonedas, que nació cuando comenzó a subir la fiebre inversora en este tipo de activos. Está claramente en el bando defensor. “Esto solo tiene que ver con una corrección, no pasa nada, el ciclo sigue siendo alcista”, señala. En cierta medida, las cifras le avalan. En enero del año pasado el bitcoin cotizaba en los mercados internacionales a 29.398 dólares, cinco mil menos que ahora (34.893). Su previsión, de hecho, es que el bitcoin alcance este año los 100.000 dólares. Para eso tiene que comenzar a subir ya. “Es una moneda que está creada así, para que el precio pueda subir y subir”, señala.

Al lado de los defensores juega el hecho de que el mercado ha encontrado un nuevo uso a estas monedas. La tecnología que está en la base (el “blockchain” o cadena de bloques) es también la que sustentan lo que se conoce como “non fungibles tokens” (NFT), unos activos digitales –por lo general obras de arte, generalmente en 3D o cromos virtuales de jugadores de fútbol, baloncesto...– que tienen como particularidad ser únicos y, por lo tanto, inimitables. Llegan a pagarse por ellas cantidades astronómicas –por lo general en bitcoins– y han desatado otra fiebre de los inversores, incluidos los asturianos. Alejandro Fernández defiende también que el pago mediante criptomonedas está cada vez más extendido. “Yo mismo lo hago constantemente gracias a la cartera virtual que llevo en el móvil”, señala.

De la misma opinión, de que el bajón de las criptomonedas es algo “temporal” es el asturiano Daniel Díez García, director de innovación de la consultora Accenture, que agrega: “Las cripto cada vez tienen un mayor apoyo institucional. No hay ningún motivo para pensar que estén en crisis, todos los escenarios apuntan hacia una evolución favorable”. El Gobierno de España está preparando una regulación para estos activos digitales que debería presentar a lo largo del primer trimestre del año y que los defensores de las criptomonedas consideran que puede ser un buen espaldarazo para el sector. Es más, Daniel Díaz asegura: “No entiendo del todo que en estas semanas se esté produciendo una bajada tan grande del valor, porque el interés que hay por parte de los inversores sigue siendo muy alto, altísimo”. Y pone como ejemplo el caso de Argentina, donde, asegura, está cobrando muchísima fuerza el pago mediante estas monedas virtuales para evitar depender en exceso del volátil peso.

Rubén Vilela sí que tiene una explicación más amplia para los vaivenes que está sufriendo el bitcoin. Es la siguiente: “Las critpo son manipuladas por las ballenas (aquellos que tienen una gran cantidad, los grandes tenedores); manipulan al público haciéndoles confiar en una revalorización infinita de estos activos, y cuando se alcanza un precio elevado venden en máximo a inversores que llegan atraídos por los titulares que dicen que el bitcoin está alcanzando precios históricos”. Su previsión coincide con la de Alejandro Álvarez y pasa por que el bitcoin pueda llegar a costar este año unos históricos cien mil euros. “Este mercado es capaz de todo por lo volátil que es”, apunta.

El catedrático Francisco González habla directamente de que existe una “clara burbuja”. “Las altas rentabilidades obtenidas en el pasado llevan a muchas personas a invertir en bitcoins esperando seguir obteniendo esos rendimientos, y eso está fomentando una burbuja en términos de mucha cantidad invertida y de elevados precios”, señala. Y añade más argumentos: “La ausencia de una razón de fondo que justifique la propia moneda hace que su precio sea muy volátil. Cualquier cambio en la regulación y supervisión que pueda limitar en el futuro que esta moneda sea un refugio para la economía sumergida contribuirá a reducir el valor de la moneda y puede ser el factor que desencadene el estallido de la burbuja”. Por eso, “me atrevo a recomendar que no se invierta en bitcoins”.

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