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Galicia

SOS por las rederas: “Estamos cansadas de buenas palabras”

El intrusismo, las condiciones laborales, la falta de relevo generacional y de formación reglada amenazan la profesión

Rederas trabajando en el muelle de Cangas. GONZALO NÚÑEZ

Sara González tiene 28 años y una niña que cumplirá dos el mes que viene. Es parte de una estirpe de rederas de A Guarda a la que ya pertenecieron antes que ella su madre, su tía y su abuela. Pero, si la situación sigue como hasta ahora, es muy poco probable que su hija siga la profesión familiar: González es la redera más joven de Galicia y la única menor de 30 años de toda la comunidad.

Verónica Veres, presidenta Federación Galega de Redeiras Artesás O Peirao, ejerce el oficio en Malpica y cuenta a Faro de Vigo que, aunque en 2018 había 600 rederas en Galicia (el 80%, mujeres), la cifra ha descendido hoy a 350. Y el relevo generacional es uno de los mayores obstáculos a los que se enfrenta el gremio. Además de Sara González, solo cerca de una decena de las trabajadoras tiene menos de 50 años. “Vamos a perder casi la mitad de la profesión en cuatro o cinco años”, alerta Veres. “Esto es urgente”.

"Vamos a perder casi la mitad de la profesión en cuatro o cinco años. Esto es urgente"

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Sara González ve ventajas evidentes en su profesión. Ella empezó con 21 años mientras estudiaba Administración y Finanzas y, tras un tiempo apartada de las redes para trabajar en una asesoría y en el Concello de O Rosal, decidió volver a la artesanía porque “este trabajo te permite conciliar la vida familiar con la profesional”. Para ella, la falta de relevo se debe a que “la gente cree que los sueldos y las condiciones son como las de hace años, pero esto ha cambiado mucho”. Sin embargo, Pilar Nogueira, que ejerce en Cangas, considera que aún hay camino que recorrer para atraer talento joven. “¿Cómo le dices a una niña de 17 o 18 años que venga a aprender una profesión –que es muy bonita y es maravillosa, porque yo me siento orgullosa de la profesión que tengo–, si estamos diciendo que trabajamos muchas veces al sol, a la intemperie, que en las naves tenemos poco espacio y están mal cuidadas porque Portos no hace los mantenimientos que tiene que hacer?”.

Pilar Nogueira, redeira de Cangas.

La entrada en la Ley de Pesca

La mejora de las condiciones de las rederas pasa por que se escuchen las reivindicaciones del sector. “Lo más urgente es entrar en la Ley de Pesca y que nos incluyan en educación, que no hay un ciclo reglado”, cuenta Veres. En las circunstancias actuales, las rederas no están consideradas como parte del sector pesquero, sino del textil. De ese modo, no se les aplican los coeficientes reductores para la jubilación de los que sí disfrutan los demás trabajadores de este campo y tampoco tienen reconocidas como enfermedades profesionales muchas dolencias que son consecuencia de su trabajo. “La propia directora del Instituto Social de la Marina me dijo hace poco que no se podía creer que, de los miles de bajas que hubo en cinco años, solo seis constaran como enfermedad laboral”, abunda la presidenta de O Peirao.

Las rederas no están consideradas como parte del sector pesquero, sino textil

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Y la falta de un ciclo oficial para el aprendizaje de la profesión lleva a que sean las propias asociaciones de rederas las que impartan cursos o incluso a situaciones tan rocambolescas como que, en el centro A Aixola, en Marín (que ofrece formaciones de este tipo), una de las vías de acceso al curso que otorga el certificado de profesionalidad sea ser “cónyuge de los pescadores/mariscadoras autónomos”, según consta en la web de esta entidad, cofinanciada por la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia y por el Fondo Europeo Marítimo de la Unión Europea. “Nosotras presentamos un proyecto de ciclo para formar parte de las FP, pero no lo consideraron apto y somos la única profesión del sector que no tiene estudios reglados”, protesta Veres. “Hay gente que piensa que esto es arreglar un roto, pero hay que conocer las especificidades de cada barco y la ley vigente en cada momento”, esgrime.

En el caso de la joven Sara González, cuando empezó a trabajar como redera “no pedían el título” y se dio de alta sin él.

Una historia de lucha

Hablar del paso del trabajo en las propias casas o muelles y sin ningún derecho laboral a contar con condiciones mejorables pero dignas es hablar de la lucha de unas trabajadoras que originalmente eran las propias esposas, hermanas o hijas de los marineros y que hoy siguen dando la batalla para lograr que se las considere como parte indispensable del sector pesquero –de hecho, fueron consideradas trabajadoras esenciales durante lo más duro de la pandemia­– y no como “un epígrafe”, en palabras de Pilar Nogueira. “En el colectivo estamos un poco cansadas y aburridas de buenas palabras y buenas intenciones, de medallas, de homenajes… Lo que falta es que se impliquen, pero de verdad”, protesta este redera canguesa.

“Nos empezamos a movilizar con el ‘Prestige’ porque llegaban ayudas para todos, menos para nosotras”

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“No nos empezamos a movilizar hasta el desastre del Prestige, porque llegaban ayudas para todos, menos para nosotras”, cuenta Verónica Veres. Fue entonces cuando se empezó a gestar O Peirao, que engloba a ocho asociaciones de distintas localidades gallegas.

Y la pelea continúa. Precisamente hace tres meses, representantes de la federación participaron, junto con otras entidades del sector primario, en una comisión del Parlamento Gallego para trasladar a los dirigentes políticos la realidad de su oficio y, por supuesto, sus reivindicaciones. “Hay buena disposición por parte de todos los partidos de Galicia, entienden que somos parte del sector pesquero”, cuenta la presidenta de O Peirao, “pero las buenas intenciones no se materializan”, protesta. “Nos dicen que dependemos del Gobierno de España, no de Galicia”, a pesar de que “somos el 80% del sector” en el Estado.

“El intrusismo nos está matando”

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Así, siguen dándose situaciones como el intrusismo, que está “matando” la profesión, según Veres, porque muchas personas hacen arreglos en sus casas de manera furtiva. “Si nadie hiciera el trabajo por detrás, haría falta mucha gente y todas tendríamos un sueldo distinto”, cuenta Nogueira, que lamenta también que Portos de Galicia no hace las labores de mantenimiento de las naves donde trabajan y que la falta de vigilancia hace que se produzcan robos en las instalaciones.

Si se escuchan sus peticiones, la pervivencia de la profesión estará garantizada y la hija de Sara González no tendrá problemas para seguir con la tradición familiar.

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