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Las arcas públicas alimentan las rentas de casi la mitad de los asturianos

Funcionarios y pensionistas superan en número a los trabajadores del sector privado en el Principado: solo 305.000 de un millón de habitantes

Asturias vive de lo público y cada vez es más difícil volver a equilibrar la balanza. Con cerca de 300.000 pensionistas, 52.600 parados y hasta 81.700 funcionarios, la economía de la región se sostiene gracias a la ingente cantidad de dinero público que llegan a los bolsillos de los habitantes de la región. Cuatro de cada diez habitantes del Principado viven de ello. Si se excluyen a los niños, que suponen a día de hoy cerca del 10% del total, el cálculo es más claro: media Asturias depende del dinero de las administraciones. Hace años que la economía asturiana sería insostenible de ser independiente, pero, con el paso del tiempo, el desequilibrio cada vez es mayor y las previsiones solo empeoran al anticipar la evolución demográfica. A día de hoy, los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA) muestran que solo el 30% de los asturianos trabaja en el sector privado.

Según los datos de marzo del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), hay hasta 300.058 pensiones contributivas en Asturias. Si se cruzan con los datos de ocupación de la región, 387.200 (sumando a los trabajadores del sector privado y a los funcionarios) Asturias tiene menos de 1,3 trabajadores por pensión, la que es la peor tasa de España. En este aspecto el Principado está muy por debajo de la media del país, que tiene más de dos trabajadores por pensión.

Este cruce entre los afiliados a la Seguridad Social y los pensionistas, denominada tasa de dependencia, se ha mantenido en el país por encima del 2% desde que existen registros (1990). Aunque la tasa llegó a situarse en el 3% en 2007, desde entonces ha ido descendiendo paulatinamente. Las previsiones de algunos organismos son alarmantes. Algunas proyecciones, como las del Banco de España, estiman que en 2050 habrá 1,5 personas en edad de trabajar por cada pensionista, muy por debajo de la media actual, aunque mejorando las cifras asturianas actuales. Si se tiene en cuenta el paro, las incapacidades y otras circunstancias, la tasa de dependencia estará siempre unas décimas por debajo.

El Principado ya lidera, por lo bajo, la tabla de la tasa de dependencia desde hace años y, a nivel local, las previsiones van a peor. Según apuntan todos los estudios, esa proporción tenderá a seguir empeorando durante los próximos años, cuando la generación del “baby boom” –aquellos que nacieron entre finales de 1950 hasta mediados de los 70– vayan accediendo a la jubilación. Es un colectivo que en la región forman unos 200.000 asturianos.

De hecho, según las proyecciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), en el conjunto del país el retiro de esta generación elevará el número de pensionistas a cerca de los 15 millones de personas cuando llegue el año 2048. Por el momento, la pujanza de otras regiones menos envejecidas sigue permitiendo que las cuentas salgan. De hecho, la renta media en Asturias es superior a la de la media nacional gracias a las pensiones. La pensión media en Asturias supera los 1.200 euros, por encima de la de muchas otras regiones españolas.

El peso del empleo público en el Principado es muy elevado. Cerca del veinte por ciento de los trabajadores de Asturias, según los datos de la EPA, están empleados en alguna administración pública. Sin embargo, Asturias fue la comunidad autónoma que, porcentualmente, más empleo público perdió en el primer trimestre de este año, debido a la progresiva salida de la pandemia. El empleo público mejoró las cifras de ocupación durante la crisis del covid. Las necesidades sanitarias llevaron a contrataciones extraordinarias que, en los últimos meses, se han ido extinguiendo.

Según un informe de CC OO elaborado el mes pasado, en términos interanuales, el empleo en las administraciones públicas tiene un balance positivo de 70.800 personas, lo que supone un crecimiento del 2,1%. Sin embargo, el ritmo de crecimiento se redujo este año respecto a los ejercicios anteriores. El sindicato denuncia que, sin embargo, la temporalidad que afecta a los trabajadores de las administraciones públicas sigue siendo muy elevada. Según los datos de la propia EPA la tasa de temporalidad en el sector público asturiano asciende al 32,5%, cifra que supera la media nacional.

La evolución demográfica seguirá llevando a un inevitable ascenso del empleo público: con el progresivo envejecimiento de la población serán necesarios, otra vez, más sanitarios y trabajadores de residencias que velen por una población que, cada año, es más dependiente. Esta circunstancia, como tantas otras, parece agravarse en las previsiones para el Principado. A nivel nacional, el peso del empleo público es varios puntos inferior al de Asturias.

Los problemas demográficos también golpean al sector privado. La presidenta de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), María Calvo, alentaba esta misma semana a las administraciones a fomentar la inmigración a la región. La patronal alerta de que, si la tendencia demográfica no se revierte, las empresas pronto tendrán problemas “serios” para encontrar mano de obra.

Si Asturias fuese una boda de 100 invitados


Aprovechando la cifra del millón de habitantes es sencillo hacer una analogía que convierta los números en algo visible. Si el Principado de Asturias fuese una boda de 100 invitados se repartirían de la siguiente manera: A la mesa se sentarían doce niños, seis estudiantes, ocho funcionarios, cinco parados, nueve personas dedicadas exclusivamente a las labores del hogar, treinta pensionistas y otros treinta trabajadores del sector privado. Estos últimos –al final y simplificando la economía al máximo– serían los que a la postre sostendrían económicamente la fiesta y garantizarían los platos del resto.

Si la tendencia no se revierte, la foto de Asturias irá cambiando a lo largo de los años y no será a mejor. La natalidad cae, el “baby boom” sentará más jubilados a la mesa y el envejecimiento de la población hará que sean necesarios cada vez más funcionarios. Como punto positivo podría estar la caída de los parados, cuya tasa parece reducirse y el Gobierno y algunos organismos creen que la nueva reforma laboral ayudará a mejorar las tasas de desempleo. Sin embargo, el sector privado seguirá siendo minoría y cada vez parece más difícil que la cuenta siempre se termine pagando.

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