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María Calvo Carvajal Presidenta de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE)

"Hay un gran salto entre lo que se enseña en las aulas y lo que necesitan las empresas"

“No rechazamos la subida de los salarios, pero sí que lo hagan al ritmo de la inflación porque eso solo generaría más inflación y pobreza”

MARÍA CALVO, PRESIDENTA DE FADE. JUAN PLAZA

María Calvo (Gijón, 1975), presidenta de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), rechaza que los problemas de escasez de mano de obra pese a las altas tasas de paro obedezcan a la insuficiencia de los salarios y lo atribuye a desajustes formativos: “Hay un gran salto entre lo que se enseña en las aulas y los que se necesita en las empresas”. La dirigente empresarial apunta que la patronal no está en contra de la subida de los sueldos, pero sí de que se revisen con el IPC, lo que llevaría a una espiral inflacionaria. Los empresarios, afirma, también están renunciando a parte de los beneficios al no poder repercutir los costes en los precios. A su juicio, “Asturias puede tener una gran oportunidad” con el hidrógeno y otras energías renovables pero reclama una transición energética menos rauda porque “los costes energéticos ponen en peligro a gran parte de nuestra industria”. Calvo alerta que algunas empresas pueden renunciar a los fondos europeos por su “proceso lento y farragoso”, y reclama que se garantice el derecho al trabajo si se repite el paro del transporte, que, de llevarse a cabo, tendría, dice, un alto coste para la economía. A su juicio, la inflación seguirá siendo alta mientras dure la guerra y reclama un gran pacto para simplificar la administración pública.

–Cumple un año al frente de FADE. ¿Qué balance hace?

–Ha sido un año intenso. Cuando llegamos, teníamos la ventaja de que ya conocíamos la casa y teníamos clara las prioridades. Vimos que teníamos un problema de formación para el empleo y que la cuestión energética iba a ser una de las claves, así como la reducción de la burocracia y la simplificación administrativa, además del buen uso de los fondos europeos. Pero la realidad nos hizo encontrarnos con más cosas, como la gestión de la última parte de la pandemia y buscar compensaciones para el ocio nocturno. Luego vino la inflación alta desde fines del año pasado y los problemas de suministros, y después el estallido de la guerra, que agudizó esos problemas, a lo que se sumó el paro del transporte en marzo que obligó a parar a muchas empresas. Estuvimos muy activos con la Delegación de Gobierno pidiendo contundencia e intentando que pudieran trabajar quienes querían hacerlo y organizando convoyes.

La Administración necesita una reforma profunda, y sería bueno un pacto de todos

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–¿La inflación inquieta sobremanera a las empresas asturianas?

–Va a continuar. Se pensaba que la guerra iba a ser más corta pero se va a prolongar, por lo que vamos a mantenernos con inflaciones elevadas durante más tiempo del que se preveía. Y ya se está trasladando a los precios de toda la cadena, afectando al crecimiento de la economía. Las empresas no podemos trasladar los costes a precios y se están asumiendo a costa de la rentabilidad, lo que está poniendo a las compañías en una situación delicada. No tenemos aún datos de Asturias, pero en España se ha calculado una reducción por ello de los beneficios de 100.000 millones al año. Nos preocupa el escenario a medio plazo. Mientras no cese la guerra, vamos a tener precios elevados y problemas de suministros.

–¿Prevén impacto en Asturias por la carestía de la energía?

–La guerra nos impacta menos en España que a otros países europeos pero el precio de la energía nos afecta mucho en Asturias y está poniendo en peligro la competitividad. Las subidas de hasta un 800% está teniendo consecuencias dramáticas para las empresas y las familias. Afecta a la industria de forma muy grave, ya que más del 50% de su coste es energía, y hasta el 75% en las electrointensivas, pero también a otros sectores, como hostelería, peluquería, y tantos otros, que ven triplicarse el precio de la luz sin que además pueden trasladarlo a precios, porque esto no es inmediato y porque el poder adquisitivo es el que es. Por eso estamos viendo paralizaciones de la actividad y seguiremos viendo más, y por eso es imprescindible actuar de forma inmediata. Y tan grave como la subida del precio es su volatilidad, porque no conocer qué costes tendremos hace imposible hacer previsiones y fijar precios, lo que lleva necesariamente a la paralización.

Las renovables son una oportunidad, pero hay que evitar una transición rauda

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–¿Las medidas correctoras adoptadas son insuficientes?

–Las medidas que se están tomando alivian algo, pero no solucionan el problema. Creo que se hizo un calendario de descarbonización sin tener alternativas a corto plazo a coste razonable. Es verdad que Asturias puede tener una gran oportunidad con el hidrógeno, la energía eólica y en general con las renovables, pero es necesario no morir por el camino. Se trataría de no hacer la transición energética tan acelerada que no lleguemos. No hay que repensar el punto de llegada (que es indiscutible) pero sí el ritmo y la velocidad. La transición energética necesita recursos suficientes y plazos razonables para llevarla a cabo, y no sustituir las fuentes actuales de forma apresurada hasta que haya alternativa, porque, si no, los costes pueden poner en peligro a gran parte de nuestra industria.

–¿Habrá daño para la economía asturiana?

–Asturias es una de las regiones más afectadas por el proceso de transición energética porque teníamos un número importante de centrales térmicas, además de gran presencia de industrias. No se puede llevar a cabo la transición desacoplada de un plan industrial. Y estamos viendo el impacto que está teniendo en algunos territorios, porque no es tan sencillo generar proyectos alternativos. Es necesario garantizar la energía a un coste razonable y estable durante el periodo de transición. Además, veo complejo acelerar la transición si continúa la situación de conflicto, ya que los problemas de suministro y los costes pueden dificultar algunos proyectos.

–¿Les congratula la decisión del Parlamento europeo esta semana sobre el fin de los derechos de emisión de CO2 gratuitos y la entrada en vigor del arancel ambiental para importaciones que no cumplen esas exigencias?

–Se ha logrado que prosperara el trabajo que se hizo para lograr un calendario más digerible para el fin de los derechos, pero es fundamental que se acompase con el proceso de las empresas y con el ajuste en frontera o tasa ambiental. No puede ser que paguemos derechos de emisión y que las importaciones no paguen esa misma penalización. Es fundamental que vayan en sintonía.

–¿Les satisface la consecución por España de la “excepción ibérica”, que desacopla en buena medida el precio de la electricidad del coste del gas, o les ha decepcionado el resultado?

–Lo pedíamos y creemos que va a tener un impacto favorable, pero nos hemos dado cuenta de lo delicado que es tocar cualquier aspecto de la planificación energética y que es difícil lograr una verdadera reducción de los costes. La intención, en todo caso, es buena y puede ayudar, aunque hay dudas sobre la aplicación e interpretación de la norma. La causa última de la carestía del gas es la guerra. Todo lo que lo pueda aliviar es positivo y bueno.

–¿Teme el riesgo de recesión?

–Esperemos que no ocurra. Todas las predicciones indican desaceleración del crecimiento. Esto parece claro. Pero que se llegue a la recesión va a depender de lo que dure la guerra. Y hoy es difícil hacer predicciones. Hay mucha incertidumbre. Sí parece claro que va a haber menos crecimiento, inflación alta, menor poder adquisitivo y menores beneficios empresariales. Esto parece inevitable.

–¿La llegada de los fondos europeos sigue aletargada o se está dinamizando?

–Sigue aletargada aunque parece que ya van saliendo algunas convocatorias. Con el Fondo de Transición Justa para empresas con más de 500 empleos, por ejemplo, se van dando pasos, pero el proceso es lento, farragoso y complicado. Es difícil que las empresas puedan hacer un mapa de a qué fondos puedes acceder para tener una visión de conjunto. La burocracia, la exigencia de documentación y la poca intensidad de las ayudas puede hacer desistir a algunas empresas. Confío en que coja velocidad.

Mientras no cese la guerra habrá precios elevados y problemas de suministro

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–El Principado anunció planes para lograr una mayor agilidad administrativa.

–Nos parece que van en la buena dirección, aunque siempre se puede hacer más. Que los proyectos estratégicos tengan un canal específico para su tramitación y con plazos más reducidos es bueno pero nos gustaría que esto fuese la norma general. También era necesario la anunciada simplificación administrativa de la ley de Calidad Ambiental. Y no perjudica a la seguridad porque lo que hace es evitar reiteraciones. Otra cosa es que se pueda ir más allá y con más ambición. Y también es correcta la ley de Empleo Público para poder reformar la Administración. La Administración necesita una reforma profunda y sería bueno que se llegase a un pacto de todos. Anualmente se publican en España un millón de páginas en los boletines oficiales del Estado y las comunidades autónomas. Esto, en vez de seguridad, genera inseguridad. Debe ser repensado.

–En el desajuste de la oferta de empleo y las vacantes laborales ¿se avanza poco?

–Avanzamos poco. Es una cuestión muy complicada. Muchos sectores no encuentran trabajadores y a la vez hay tasas de desempleo muy elevadas, sobre todo entre los jóvenes. Y la causa no son los salarios. No hay ningún trabajador que se vaya por cuestión salarial. Las causas son más profundas. Una es que no se está formando de acuerdo con las necesidades de las empresas. En FADE estamos haciendo un estudio sobre las necesidades formativas de las empresas. Se necesita que el sistema formativo esté en contacto con las empresas. Hay un salto grande entre lo que se enseña en las aulas y lo que se necesita en las empresas. Se precisa desarrollar las habilidades que necesitan las empresas y que se conozca su dinámica.

–¿Qué demandas de obra pública consideran aún insatisfechas?

–La llegada del AVE va a ser un revulsivo y tenemos que trabajar para sacar todo su potencial. Hacen falta conexiones ferroviarias con los puertos y que se incluya a Asturias en la red básica europea, y no sólo el ferrocarril: también la actual red de autovías para que pueda acceder con prioridad a futuras inversiones como la tecnología digital. Los costes se están disparando mucho en la obra pública y es difícil ajustar los precios de las licitaciones, pero, si no se hace, nos arriesgamos a no aprovechar los fondos europeos, Ya hubo obras que pararon. Ha habido algunas actualizaciones por el Principado y algunos ayuntamientos acogiéndose a una norma estatal pero no subidas generalizadas.

Las empresas están asumiendo la subida de costes a costa de la rentabilidad

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–El escaso tamaño medio de las empresas ¿es una de las grandes vulnerabilidades asturianas

–Tenemos un problema de tamaño de las empresas asturianas respecto a las españolas y de las españoles respecto a las europeas, Y esto lastra nuestra competitividad. Las empresas grandes pueden innovar, atraer más talento, pagar más y ejercer como compañías tractoras. Es un aspecto estratégico, quizá el más importante para Asturias. Por eso hemos planteamos un observatorio para identificar obstáculos al crecimiento de las empresas y qué sectores son más idóneos, un fondo de inversión destinado específicamente a empresas con arraigo en Asturias y mecanismos para facilitar el relevo generacional y la transmisión de las empresas porque las empresas ganan tamaño con el tiempo. Crearemos una oficina específica en FADE. El plan ha tenido buena receptividad por el Principado.

–¿La tributación influye?

–Las decisiones de localización de empresas y personas se toman globalmente y los territorios con peor fiscalidad van a ser menos competitivos. Se puede recaudar lo mismo promoviendo mayor actividad para generar mayores bases imponibles en vez de subir los tipos: bajarlos fomenta la actividad.

–Cierres como Alcoa o Danone ¿pueden repetirse?

–Espero que ambos tengan solución. Podríamos encontrarnos con algún caso más por las circunstancias actuales de costes elevados que no se pueden trasladar a los precios. En el caso de Danone, y desde el respeto a las decisiones empresariales, en FADE esperamos que haya capacidad para revertir la decisión, para evitar el cierre de una empresa tan importante para una zona tan castigada.

La burocracia y la poca intensidad de las ayudas de la UE pueden hacer que empresas desistan

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–¿Rechazan subir salarios y un pacto de rentas?

–No decimos que no se deban subir los salarios, sino que no se pueden subir conforme a la inflación porque esto sólo generaría más inflación y pobreza. Pero no nos cerramos a revisarlos y a pactar. Las empresas también estamos renunciando a beneficios a causa de la inflación al no poder repercutirla en el precio.

–¿Teme que se repita el paro del transporte?

–Esperemos que no haya paro porque sería muy perjudicial para la economía asturiana. Pero si no se puede evitar, hay que instar a la Delegación de Gobierno para que tome todas las medidas para que los quieran trabajar puedan hacerlo.

–El PIB desacelera, aunque sigue creciendo, pero el empleo está siendo mucho más dinámico. ¿A qué obedece? ¿Es esto sostenible?

–Obedece a que, pese a las dificultades, se sigue apostando por la inversión y el empleo. Y aunque en parte obedece a creación de empleo público, no todo se debe a esto. Hay creación de empleo en el sector privado. En ello ha influido el aumento de las exportaciones, y también la recuperación tras la caída del PIB en 2020 del 10,8%, aunque ahora no esté siendo tan fuerte como se esperaba. Lo importante ahora es centrar los esfuerzos en evitar que la economía caiga en recesión.

La llegada del AVE va a ser un revulsivo, tenemos que sacar todo su potencial

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–¿Una subida de tipos de interés podría dañar a la edificación? ¿Ha habido burbuja?

–No ha habido burbuja. El número de viviendas ha ido aumentado desde 2013, pero los precios no han subido mucho. La previsión de subida de tipos y de encarecimiento de los materiales lo que está haciendo paradójicamente es anticipar la compra. También influye la falta de alternativas para invertir el dinero y, en el caso de Asturias, que se está percibiendo como un lugar atractivo. De momento hay buen ritmo de venta sin que haya subida de precios, pero esto será inevitable que ocurra en la obra nueva para absorber los costes al alza. La incógnita para el próximo año es si esto frenará la actividad.

–¿Las previsiones turísticas son buenas para este verano en Asturias?

–Hay buenas expectativas. La ocupación va a ser buena. Confiemos en que la rentabilidad se mantenga. El problema es la falta de mano de obra.

–¿Cuál es su pronóstico sobre Asturias?

–Asturias tiene potencial, hay sectores que pueden tener oportunidades importantes y confío en la capacidad y valentía de las empresas. Las dificultades vendrán por el sector público: la deuda y posibles ajustes fiscales. Tenemos un escenario muy complejo y con bastante incertidumbre. Pero un empresario es, por definición, optimista. Es difícil que un pesimista sea empresario. Y los fondos europeos tienen que notarse.

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