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El sector del automóvil

Los retos de Stellantis Zaragoza: nuevos modelos, el coste energético y el convenio colectivo

El nuevo curso será clave para el futuro de la factoría aragonesa / La evolución de la crisis de los microchips y los fondos del PERTE serán también decisivos

Varios trabajadores en el taller de montaje de baterías de la fábrica de Stellantis en Figueruelas.

Stellantis Zaragoza afronta este año un nuevo examen una vez que la planta vuelva a la actividad este martes, 16 de agosto. Se trata de la enésima reválida en sus 40 años de historia y debe servir para afrontar el futuro con ciertas garantías en un momento de máxima incertidumbre para el sector del automóvil. Los más de 5.000 trabajadores volverán el trabajo con la esperanza de que el curso 2022-2023 traiga menos turbulencias, más inversiones y un pan debajo del brazo. Hay mucho en juego, no solo para la propia factoría sino para el sector y la economía de la comunidad. El Periódico de Aragón analiza los retos que tiene por delante.

1.Nuevos modelos que cotizan al alza

Una de las noticias más esperadas en Figueruelas es la confirmación de dos nuevos modelos para la factoría. El Crossland X y el Citroën C3 Aircross dejarán de producirse en 2024 y necesitan un relevo más pronto que tarde. La buena nueva podría llegar este mismo otoño, una vez conocido que la fábrica contará con más de 42 millones de euros en ayudas procedentes del PERTE para acelerar su salto a la era digital y su sostenibilidad. El Peugeot 208 y el Lancia Ypsilón (ambos en versión eléctrica) suenan con fuerza para convertirse en los grandes candidatos a aterrizar en las líneas de montaje de Figueruelas. El primero de ellos se ha confirmado como uno de los líderes en ventas este año y el segundo es todavía una incógnita.

Estos dos vehículos se sumarán al Opel Corsa, que se ha erigido, junto al Renault Captur y al Peugeot 208, en el coche más vendido en junio en Europa. Sin embargo, el modelo estrella de Figueruelas también tiene fecha de caducidad, ya que comenzó a fabricarse en el 2020 por lo que será necesaria la confirmación de que este utilitario seguirá en Zaragoza, si la planta quiere seguir a la vanguardia.

2.¿Una o dos líneas de montaje?

Figueruelas también afronta 2022 con la gran duda de si la factoría tendrá una o dos líneas de montaje en el futuro, ya que todas las fábricas de Stellantis en Europa cuentan con una (salvo Zaragoza y Vigo). Las nuevas plataformas que el grupo quiere poner en marcha en sus centros solo contemplan la producción de coches eléctricos y a partir de 2026 la compañía no prevé lanzar vehículos impulsados por gasolina. Ante este escenario cabe la opción de que el grupo, pilotado por Carlos Tavares, apueste por electrificar la línea 1 de Figueruelas, en la que se montan ahora el Crossland X y el Aircross. De no ser así, la única opción sería que todos los coches (Corsa, Peugeot 208 y Lancia Ypsilon) pasen por la línea 2. Fuentes sindicales consultadas por este diario reconocen que no sería extraño que Figueruelas se quedase con una sola línea, sobre todo porque los proyectos presentados al PERTE no contemplan concretamente esa electrificación.

En resumen, la llegada de nuevos modelos, la confirmación del Corsa y la existencia de una o dos líneas de montaje marcarán el volumen de empleo de la factoría en un momento en el que la nueva era eléctrica puede adelgazar ya de por sí las plantillas de los grandes fabricantes. Antes del parón por las vacaciones, la producción en Figueruelas superaba los 1.800 vehículos diarios.

3.Cambio de modelo energético

La fábrica aragonesa también prevé consolidar este año su cambio de paradigma energético. El reto es que el 80% de lo que consume proceda de fuentes de renovables (fotovoltaica y eólica) antes de 2024. La compañía realizará nuevos anuncios en este sentido a la vuelta de las vacaciones, puesto que la reducción de sus costes energéticos se ha convertido en uno de los puntales para que la factoría refuerce su competitividad. La primera fase de implantación de renovables, presentada hace unas semanas, aglutina casi 35.000 placas solares que se asientan sobre 163.000 metros cuadrados con los que se evitarán 4.200 toneladas de CO2 a la atmósfera.

La crisis energética desencadenada en Europa ha llevado a muchas compañías a tratar de reducir su factura energética, pero Figueruelas parte con la ventaja de tener suelo suficiente sobre los que levantar plantas de energía renovables, algo que no ocurre en muchas fábricas del viejo continente al estar ubicadas en zonas de influencia de las ciudades.

4.La crisis de los microchips

Mientras, la factoría zaragozana confía en que la crisis de los semiconductores remita de forma definitiva. La falta de estos microchips ha reducido la producción en Figueruelas en más de 120.000 vehículos desde que se desencadenó a comienzos de 2021. "Esperamos que la vuelta al trabajo sea similar a lo que hemos vivido en los tres últimos años, en los que apenas hemos tenido que parar la producción", indica el presidente del comité de empresa de Stellantis Zaragoza, Rubén Alonso. Las turbulencias geopolíticas por la guerra de Ucrania y ahora la crisis desatada entre Estados Unidos y China tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán pueden devolver los fantasmas del pasado al sector.

5.Los fondos para el coche eléctrico

Stellantis Zaragoza cuenta con otra baza importante para afrontar el año, ya que recibirá 42,4 millones a través del PERTE del vehículo eléctrico y conectado. El proyecto Tesis, liderado por la planta de Stellantis en Figueruelas y que engloba hasta 23 socios tecnológicos de seis comunidades (casi la mitad aragonesas) contempla ensamblar nuevos modelos eléctricos a partir de 2023. La inversión total que quiere implementar el grupo automovilístico en Figueruelas supera los 223 millones, una cifra que puede impulsar nuevos proyectos, no solo de la matriz sino también de las empresas auxiliares.

6.Nuevo convenio y elecciones sindicales 

Las relaciones laborales y los consensos entre la empresa y los sindicatos también jugarán un papel decisivo en el devenir de la factoría. Este año existen dos hitos destacados en este sentido: las elecciones sindicales, que tendrán lugar en octubre, y la negociación del nuevo convenio colectivo que ha de fijar las condiciones laborales de los más de 5.000 trabajadores de la factoría en los próximos años. Tradicionalmente, la fábrica ha contado con una mayoría sindical sólida para acordar asuntos relevantes como los ERTE durante la etapa de pandemia o la búsqueda de soluciones para tratar de minimizar los efectos de la crisis de los semiconductores.

El papel de las organizaciones sindicales se adivina decisivo en los próximos años en la mayor industria de Aragón, ya que el sector afronta una transición hacia el coche eléctrico, una apuesta por la tecnología y el vehículo autónomo y una crisis energética de primer orden. A todo ello, habrá que sumar la presión inflacionista que puede marcar la negociación del convenio colectivo. El tan cacareado pacto de rentas podría ser la única solución para la planta aragonesa. Puede ser el ejemplo a seguir.

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