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Elecciones

Virgínia Guinda, vicepresidenta de Foment de la Generalitat catalana, optará a presidir la CEOE

La empresaria ha decidido plantear una alternativa a Garamendi en los comicios del próximo 23 de noviembre

La vicepresidenta de Foment, Virgínia Guinda.

Antonio Garamendi parece que le ha surgido una competidora de cara a las elecciones del 23 de noviembre para presidir la CEOE. Se trata de Virgínia Guinda, una de las vicepresidentas de la organización catalana Foment del Treball que, precisamente celebrará el próximo 7 de noviembre una reunión de su junta directiva que podría dar su apoyo a la empresaria. En caso de imponerse, Guinda sería la primera mujer que presidiría la CEOE.

La candidatura de la empresaria, que dificulta el que parecía un camino sin trabas para Garamendi, se interpreta como un movimiento de Foment, cuyo presidente, Josep Sánchez Llibre, es uno de los principales rivales del actual presidente de la CEOE. Finalmente, Sánchez Llibre, vicepresidente de la CEOE y reelegido al frente de Foment el verano pasado por cuatro años más, habría optado por estimular una candidatura auspiciada desde la organización catalana con el ánimo de que se visualice que Garamendi carece de un apoyo total en la organización empresarial, según las fuentes consultadas.

De hecho, Foment era de las pocas organizaciones que todavía no había mostrado su apoyo público al candidato que opta a la reelección, como sí que han hecho otras entidades vinculadas a la gran patronal hasta la fecha. El único candidato alternativo a Garamendi que había sonado hasta ahora, el presidente de la patronal de concesionarios de vehículos, Faconauto, Gerardo Pérez, anunció la semana pasada que se retiraba de la carrera electoral. Eso parecía despejar totalmente el terreno al actual presidente de la CEOE, pero la candidatura de Guinda, lo complica. Pérez, que contaba con escasos apoyos, explicó en un comunicado que había tomado la decisión de arrojar la toalla "tras haberlo valorado con rigor, seriedad y honestidad".

Guinda (Barcelona, 1974), una de las personas de confianza de Sánchez Llibre en la patronal catalana, es una directiva apasionada por la literatura que entró en el mundo del papel reciclado para tomar parte en la ecología y la sostenibilidad del planeta, según explican quienes la conocen. Actualmente, combina la vicepresidencia en Foment del Treball con ser consejera delegada de Iberboard, una fábrica de papel reciclado situada en Alcover (Tarragona) y líder en cartón gráfico, de la que es socia desde 2018. La compañía emplea a unas 170 personas. Es una empresaria del sector papelero con una sólida formación y trayectoria en el mundo de la energía. Es ingeniera industrial superior por la Universidad Politècnica de Catalunya (UPC), vocal del Colegio de Ingenieros de Catalunya y también especialista en gestión energética. 

Previamente a su ocupación actual había fundado una empresa de consultoría energética (Energía Local) que tenía como función asistir a entes y organismos; a industrias intensivas en energía; a promotores y entidades de capital. Guinda conoce, pues, el fondo y el entramado de la actividad industrial. 

Guinda ha decidido presentar su candidatura a la presidencia a la CEOE dado el cambio de ciclo que vive la economía y e la necesidad de una organización patronal más participativa, más transversal "donde voluntad, perseverancia, esfuerzo, ilusión y trabajo, la lleven a ser influyente en las decisiones que van a configurar una nueva España", según fuentes conocedoras de la candidatura.

La reforma laboral, que contó con el aval de Garamendi y su equipo más próximo de colaboradores, fue uno de los motivos que provocó mayor polémica en el seno de la CEOE y que agudizó las diferencias. No fue apoyada por entidades de peso como Foment y la patronal madrileña CEIM, organizaciones que mantienen una gran sintonía y que en tanto que socios fundadores ostentan cada uno una vicepresidencia. Tampoco lo fue por la patronal de los fabricantes de vehículos, Anfac, y la agraria, Asaja. Tampoco gustó en parte de la organización el apoyo a las primeras subidas del salario mínimo interprofesional del Gobierno de coalición que dio la actual presidencia. Ni la polémica que hubo con con los indultos del Ejecutivo a los entonces presos independentistas, sobre los que los sectores más duros de la patronal consideraron que Garamendi había sido poco incisivo contra estos.

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