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Combustibles

Los carburantes vuelven a dispararse tras cuatro meses y medio de contención

El gasóleo repunta un 10% en octubre y la gasolina, un 6,4% | Llenar un depósito de 50 litros de diésel supera los 100 euros | La gasolina está un 15,9% por debajo del máximo de junio

Un trabajador de una estación de servicio suministra gasolina a un coche. Marta G. Brea

Los precios de los combustibles llegaron el pasado junio a cotas históricas al alcanzar valores superiores a los dos euros por litro tanto en la gasolina como en el diésel. A partir de entonces se produjeron constantes descensos durante los siguientes cuatro meses y medio. Sin embargo, desde finales de septiembre los carburantes han entrado en un nuevo ciclo alcista.

El precio del litro de gasolina se encareció de media 11 céntimos entre el 1 y el 31 de octubre, al pasar de 1,714 euros a 1,824 (un 6,4% más). La senda alcista ha continuado durante la última semana ya que el coste el pasado sábado alcanzaba, de media, los 1,840 euros. Este incremento contrasta con la situación que se vivió durante septiembre (bajada de un 5,4% del precio de la gasolina), agosto (-5,5%) y julio (-11,7%).

Pero aún ha sido más fuerte el golpe para aquellos que necesitan gasóleo A. Su precio ha aumentado en 18 céntimos por litro (un 10%) en octubre, al pasar de 1,830 euros a superar de nuevo la barrera de los dos euros (2,014). En agosto había bajado un 6,2%; en julio había subido un 2,2% y en junio había caído un 10,1%. Dos tercios de las gasolineras despachaban el diésel el pasado sábado por encima de los dos euros.

Con estas cifras y pese a la ayuda de los 20 céntimos del Ejecutivo central —que a partir del 31 de diciembre no tiene su continuidad garantizada—, echar 50 litros de gasolina al depósito cuesta en la actualidad 92 euros, casi siete más que hace un mes (85,7). En el caso del diésel, la subida es aún más significativa, ya que llenar 50 litros se ha encarecido en casi nueve euros desde los 91,5 con los que comenzó el mes de octubre a los 100,2 del pasado sábado.

Pese a esta recuperación de los precios, ambos carburantes siguen por debajo de sus máximos históricos, que se alcanzaron en junio. Entonces, el gasóleo llegó a un precio medio en las estaciones de servicio de 2,124 euros, y la gasolina tocó los 2,189. Desde entonces, y pese a la nueva tendencia al alza, ambos se han abaratado el 5, 6% y el 15,9%, respectivamente.

La nueva senda alcista comenzó a finales de septiembre, antes de que el oligopolio de países productores OPEP+ (la suma de los estados de la OPEP más Rusia y sus aliados) pactaran el 6 de octubre un recorte de la extracción de crudo equivalente a dos millones de barriles diarios (2% de la producción mundial), que ha entrado en vigor este mes y que, salvo que la demanda retroceda con al menos la misma intensidad, tenderá previsiblemente a elevar los precios del petróleo y de sus derivados.

Los países productores tratan de retener sus rentas del petróleo, que se intensificaron de manera muy notable desde el comienzo de la guerra en Ucrania, el 24 de febrero, en detrimento de los países importadores.

El gasóleo ha soportado desde ese día un encarecimiento muy superior al experimentado por la gasolina como consecuencia de cuatro factores fundamentales: que la demanda de gasóleo es mayor que la de la gasolina por la fuerte dieselización del mercado automovilístico (consume gasóleo el 64,7% de los vehículos que circulan por el país); el déficit tradicional de gasóleo en Europa (importadora de este derivado y exportadora de gasolina); que Rusia ha sido tradicionalmente el principal proveedor de gasóleo a la Unión Europea y que los combustibles definen sus precios en función de su propia cotización y no sólo de la del petróleo, que a su vez está agravada para todos los combustibles por la fortaleza del dólar, la moneda en la que cotizan.

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