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Javier Fernández-Cid Presidente de Acción Social Empresarial

"Optimizar las plantillas hasta las últimas consecuencias no es algo aceptable"

"La sociedad debe prestigiar a los empresarios y directivos porque trabajan mucho y crean empleo, que es la base del bienestar social"

Fernández-Cid, en el reciente acto en el que participó en Oviedo. | L. Murias

Javier Fernández-Cid (Madrid, 1956) es miembro del consejo de administración de Mapfre, compañía en la que ha desarrollado toda su carrera. Y también es presidente de Acción Social Empresarial (ASE), asociación sin ánimo de lucro formada por un millar de empresarios, directivos y jóvenes emprendedores cuya misión es difundir la gestión empresarial basada en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), el conjunto de enseñanzas de la Iglesia católica sobre asuntos económicos, laborales, sociales y familiares. Fernández-Cid visitó recientemente Oviedo para mantener un encuentro con sus asociados de Asturias.

–¿El empresario cristiano debe tener cargo de conciencia por ganar mucho dinero?

–En absoluto. Nosotros defendemos en primer lugar que la empresa tiene que fabricar productos y ofrecer servicios que sean útiles para el bien común, dentro del enfoque de la DSI. Es decir, si tienes que hacer un tornillo, hazlo pensando en el bien de la sociedad. Pero esa referencia no obliga a ninguna gratuidad. Lo que pasa es que hoy se mide el éxito de una empresa por su capacidad de beneficio económico. Así que por supuesto que la empresa tiene que ganar dinero. El concepto de sostenibilidad, tan en boga, promueve que el empresario y el directivo se preocupen de la continuidad en el tiempo de su gestión. Deben tener unos riñones financieros sólidos, sobre todo en estos últimos años en que hemos ido encadenando varias crisis. Esos altibajos se compensan y modulan con una gestión basada en el largo plazo: hay que ganar dinero en algunos momentos porque en otros lo vas a perder.

–¿Hay una visión social del empresario más favorable en las sociedades anglosajonas, de raíz protestante, que en las católicas y latinas como España?

–Conviene aclarar que ASE es totalmente ecuménica. No es que no queramos ser católicos, que lo somos, pero no excluimos a quienes no lo son. Dicho esto, esa diferencia entre las sociedades anglosajonas y latinas no se debe tanto a un enfoque religioso como a una aceptación social sobre la propia figura del empresario. La política todo lo emponzoña, y en España se ve claramente. Tanto el empresario como el directivo (que puede ser o no propietario de la compañía) es un actor principalísimo de las sociedades de nuestro tiempo, porque crea empleo. Y el empleo es el elemento fundamental para conseguir bienestar social generalizado. Por lo tanto, al empresario se le debe reconocer ese prestigio, aunque solo sea para reconocer el esfuerzo que hace para crear y mantener ese empleo. Sí creo que en las latitudes anglosajonas se recibe sin complejos la función del directivo, que es una persona que probablemente trabaja muchas más horas de las estipuladas por las leyes laborales, y no necesariamente por su propio beneficio. Naturalmente, tiene que ganarse bien la vida, pero también procurando que su empresa piense en el largo plazo.

–En momentos de crisis económica y social, ¿al empresario cristiano se le debe exigir más implicación con su entorno?

–Sin duda. Pero no es que se lo exija la sociedad, sino que se lo exige él mismo por sus propias creencias. Porque, al final, de lo que hablamos aquí es de tres cosas: el respeto a la persona (tanto al empleado como al cliente, el accionista, el proveedor...); una producción de bienes y servicios que sea útil al bien común, y, por último, extender en la propia compañía una cultura con estos valores. Por todo ello, cualquier plan empresarial estratégico debe incluir algún elemento social o solidario.

–¿Es posible que en las últimas décadas muchos empresarios cristianos hayan abrazado un liberalismo de máximos, olvidándose de la DSI?

–Totalmente. Pero eso no es culpa de ellos, sino nuestra, de los que tenemos que explicarles esos postulados de la Iglesia al servicio de la persona. Lo que me gusta de ASE es que tiene un carácter de acompañamiento de la persona, sobre todo a empresarios y directivos con muy poco tiempo para ser atendidos en tanto personas. Así, alrededor de un foro varias personas de distintas procedencias económicas y empresariales debatimos sobre cómo puede abordarse un asunto a la luz de la DSI.

–¿Qué tipos de asuntos?

–Por ejemplo, optimizar hasta las últimas consecuencias la plantilla de una compañía solo por sacar más rendimiento no es aceptable. O si inviertes en Bolsa en una empresa que hace investigaciones contrarias a la ética humana más principal y no reparas en ello, pues tampoco.

–¿Están protegidos los valores cristianos desde la política?

–No, en absoluto, y mucho menos con el Gobierno actual. El ataque es constante. En ASE no nos metemos en política, pero tenemos claros nuestros valores y nos sabemos defender.

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