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Sector pesquero

Los pesqueros nuevos con pabellón de España, en peligro de extinción

Solo siete de los 42 pesqueros construidos en Galicia en la última década están censados en el país; menos de la mitad tienen capital gallego | Las sociedades mixtas, decisivas

El "New Polar", en el astillero Nodosa Shipyard tras ganar 14,4 metros de eslora. CEDIDA

La flota pesquera española cerró el ejercicio 2021 con una edad media de 37 años, como figura en los registros del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Es un promedio que crece de forma constante y que exhibe una realidad de múltiples aristas: falta de rentabilidad, de relevo generacional, de posibilidades de pesca en caladeros comunitarios o, durante algunos periodos, de acceso a financiación. También, de buenos trabajos de conservación a bordo. Factores que han impedido una simbiosis plena entre esta actividad extractiva y la industria gallega de construcción naval.

La construcción de barcos pesqueros ha ejercido, tradicionalmente, de tabla de salvavidas para los astilleros de las rías de Vigo y Pontevedra. O, al menos, de valor refugio. Pero ahora existe una desconexión: no se están haciendo apenas buques para armadores gallegos. Y, los que se encargan a cuenta de empresas de capital nacional, llevan en su mayoría un pabellón de terceros países. En la última década, las gradas de Beiramar, Marín y Burela han alumbrado más de 40 nuevos proyectos de construcción para la pesca, pero solo siete de ellos llevan bandera española.

Entre las principales excepciones figuran dos encargos para la flota atunera, asignados a Armón Vigo y Construcciones Navales Paulino Freire (Freire Shipyard). El primero fue la construcción número 096 del astillero que dirige Santiago Martín, un macicero de 50 metros de eslora para Albacora contratado en 2015. En ese momento, además, la pesquera era una de las tres accionistas de Hijos de J. Barreras, que estaba enfrascada en el flotel para Pemex y que galopaba ya, sin atisbarlo, hacia su liquidación. El segundo correspondió a uno de los mayores cerqueros congeladores de última generación entregados en Europa: fue el casco 726 para la atarazana que comandan los hermanos Freire, un atunero de 77 metros de eslora para la sociedad Cantábrica de Túnidos (Calvo), bautizado como Monteraiola.

En las gradas de Grupo Armón figuran otros tres pesqueros de nueva construcción y que se entregaron bajo pabellón español. Fueron encargos para las pesqueras Jadalmar, Celexus y Augadoce, este último ensamblado en las instalaciones de la compañía en Burela. En todo caso, y por envergadura y carga de trabajo derivada de su ejecución, antes que estos tres últimos pedidos habría que ubicar el proyecto 289 de Nodosa. Se corresponde con el astillero congelador Isla de Terranova, de 50 metros de eslora y diseñado para lidiar con las duras condiciones del caladero de NAFO. Fue un pedido de Pesca Baqueiro.

Son los únicos ejemplos que figuran en el registro del Ministerio de Industria, toda vez que unidades de menor tamaño –balandros o barcos auxiliares para las bateas, pincheiros o cerqueros– no figuran en las estadísticas del Gobierno. Tampoco los proyectos ejecutados por Industrias Navales A Xunqueira, Astilleros Castro o Astilleros Montenegro. Incluso así, las contrataciones de barcos de pesca de capital gallego han sido franca minoría en la última década.

Además de estos ejemplos, el gran baluarte en cuanto a renovación de flota lo aportan las armadoras que operan en las islas Malvinas bajo un régimen de sociedades mixtas y matrícula de Port Stanley, así como el macropedido de Nueva Pescanova (para Namibia y Mozambique) y las contrataciones de Iberconsa para su filial en Argentina. El poder de arrastre de las empresas mixtas ha sido evidente para el sector pesquero desde los años ochenta, pero se ha avivado en los últimos años debido a las exigencias de la política comunitaria o a reglamentos como el del veto a la pesca de fondo, lo que ha disparado la exportación de barcos del Cantábrico o Gran Sol a puertos de Mauritania, Marruecos, Angola o Sudáfrica.

El nuevo “look” del arrastrero New Polar

Nodosa ha dado a luz al nuevo New Polar, arrastrero de la armadora Lafonia que se convertirá en uno de los nuevos referentes en el caladero de Malvinas. Diseñado y construido con una eslora de casi 75 metros de eslora, el astillero de Marín fue el elegido para llevar a cabo un proceso de alargamiento, tras el cual el barco rozará los 90 metros. En alianza con las sociedades malvinas Seafish y Seaview, Lafonia formó Polar Seafish y explota los barcos Robin M. LeeSil y New Polar, antes propiedad de Grupo Pescanova.

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