Cómo nos afecta la bajada de tipos a familias, empresas e inversores: el BCE se adelanta a la Fed en el cambio de política

La reducción de las tasas estimula la economía al actuar sobre el euro, el ahorro, la renta disponible, el crédito, la Bolsa y el déficit público

Sede del Banco Central Europeo (BCE) en Frankfurt (Alemania).

Sede del Banco Central Europeo (BCE) en Frankfurt (Alemania). / Boris Roessler/Dpa

La primera rebaja de los tipos oficiales de interés en la eurozona en los últimos ocho años, aprobada la semana pasada por el Banco Central Europeo (BCE) y que entró en vigor este miércoles, ha dejado las tasas en niveles aún contractivos, con el tipo de referencia en el 4,25%, una cota que hasta hace un año no se había visto en el área del euro desde octubre de 2008 y que mantiene el tipo real –una vez contabilizada la inflación– en valores positivos y aún lejos de la neutralidad.

Aun así, supone un cambio de ciclo monetario, que, en la medida en que tenga continuidad con futuros recortes, debería actuar como un elemento dinamizador de la economía y del empleo.

Este cambio de expectativas es en sí mismo un agente potencialmente expansivo en la medida en que cambia la percepción de los agentes económicos tras dos años de un endurecimiento brusco y raudo de la política monetaria, que supuso pasar en solo quince meses (de julio de 2021 a septiembre de 2023) del 0 al 4,5%.

Crédito y ahorro. La bajada de tipos debería favorecer el incremento del consumo y de la inversión en tanto que disuade el ahorro en depósitos y en renta fija (que ofrecerán peores remuneraciones), y porque abarata la financiación de la economía e incentiva la toma de préstamos en cualquiera de sus modalidades para apuntalar la inversión y el gasto.

A su vez, la rebaja de tipos alivia la carga financiera de familias y empresas, lo que entraña un aumento del poder adquisitivo, la renta disponible y la liquidez en manos de los agentes.

Al aumento esperable de la demanda de crédito corresponderá un incremento en paralelo de la oferta: la caída de tipos recorta los márgenes de la banca y esto suele inducir a que las entidades financieras intenten compensar este estrechamiento de su beneficio operativo con un mayor número de operaciones, y más cuando el menor coste del crédito y de la carga de intereses para el prestatario atenúa el riesgo de morosidad e incumplimientos al que se exponen los prestamistas, lo que les permitirá más holgura en sus requerimientos para la concesión de préstamos.

La reducción de costes financieros y la previsión de mejora de la demanda por el efecto dinamizador de una política monetaria menos restrictiva supone una ampliación del elenco de inversiones susceptibles de lograr el umbral de rentabilidad y de obtener por ello el apoyo bancario. Lo mismo ocurre con las empresas con un perfil crediticio muy ajustado y a las que el nuevo escenario puede mejorar su grado de solvencia y reabrirles el acceso a la financiación.

Banca. Para la banca, muy favorecida por el alza de tipos de los dos últimos años –sobre todo en España, que fue donde más se repercutió en el activo y menos en la remuneración del pasivo– la rebaja de las tasas presionará a la baja su cuenta de resultados, aunque lo podría compensar con una mayor prodigalidad crediticia si se cumple la mayor dinamización económica. La bajada de tipos le beneficiará sin embargo al embridar una morosidad aún contenida, pero con tendencia a repuntar, y porque revalorizará sus carteras de deuda pública por haber sido adquirida en el pasado reciente con mayores tasas de interés.

Sector inmobiliario. El sector inmobiliario es uno más de los ámbitos de actividad que tienden a experimentar el triple efecto benéfico de mayor facilidad crediticia, menor coste financiero y aumento de la demanda a consecuencia de tales factores y de la mejora del PIB y del empleo que suele producirse cuando las condiciones monetarias son expansivas. En su caso opera además un factor adicional porque, en tanto que se trata –al igual que la Bolsa– de una alternativa inversora, la merma de los rendimientos de la deuda pública y privada y de los depósitos bancarios por la flexibilización de las directrices de los bancos centrales contribuye a hacerla más atractiva.

Euro. Que el BCE haya revisado su política monetaria por vez primera en su historia sin esperar a que lo hiciese antes la Reserva Federal de EE UU (Fed), y que este banco central –el más poderoso del planeta– decidiese este miércoles no imitar a su homólogo europeo y haya incluso alejado la perspectiva de un próximo recorte de tipos en EE UU, tenderá a depreciar al euro frente al dólar, lo que ya estaba ocurriendo desde las elecciones europeas de hace una semana por el ascenso de la extrema derecha en Francia y otros países.

El tipo oficial del dinero se mantiene en EE UU entre el 5,25% y el 5,50% y en la eurozona descendió el miércoles desde el 4,50% al 4,25%. Esto implica una ampliación de la brecha y el consiguiente mayor atractivo de la remuneración en EE UU, lo que favorece el flujo de capitales desde esta orilla del Atlántico hacia la gran potencia mundial. La consecuente venta de euros y aumento de la demanda de dólares propicia la depreciación de la divisa europea en su cruce con la norteamericana.

Un euro más débil tendrá efectos expansivos, aunque también inflacionarios: abarata las exportaciones europeas y las hace más competitivas en el área dólar, encarece las importaciones –lo que da más oportunidades a los fabricantes europeos en su propio mercado interno– y promueve la llegada de turistas extracomunitarios. Y, a consecuencia también del tipo de cambio, aumenta los beneficios de las multinacionales y exportadores europeos que facturen en dólares, y hace más interesante la eurozona para la inversión internacional.

A la inversa, el euro –de persistir y ampliarse el desacople de las políticas del BCE y la Fed– contribuirá a la importación de inflación por todos los efectos mencionados y sobremanera por el encarecimiento que supondrá para los europeos la adquisición de materias primas que cotizan en dólares, en particular las energéticas.

Bolsa. Con independencia de este último efecto adverso, el mercado bursátil debería experimentar un nuevo empuje al alza. En ausencia de avatares negativos impredecibles –caso de la agudización de los conflictos internacionales, situaciones de inestabilidad política u otros–, la cotización de las acciones debería verse beneficiada por el mejor comportamiento general de la economía y el empleo a consecuencia del estímulo monetario en caso de continuar las rebajas de tipos. Más actividad y más empleo, más exportaciones y menos importaciones, más turistas, aumento de la ocupación y de la demanda interna, menores costes financieros, crédito más barato –para invertir en diversificación, aumento de capacidad, modernización y captura de oportunidades de negocio– y retornos más generosos del exterior por el tipo de cambio suponen mayor negocio y rentabilidad empresarial, más beneficios y, en consecuencia, más dividendos para los accionistas. Todo ello hace más seductora la renta variable, favorecida a su vez por la menor expectativa de rendimiento de la renta fija, lo que desviará recursos de los inversores hacia el parqué, elevando los volúmenes de negociación y el precio de las acciones a consecuencia de su mayor demanda.

La subida de las Bolsas ejerce un efecto de estímulo de segunda ronda sobre el PIB: aumenta la percepción de riqueza –lo que redunda en un mayor consumo e inversión por parte de los beneficiarios por la revalorización de sus acciones y el cobro de dividendos– y ejerce sobre las empresas –como decía Keynes– el mismo efecto que un abaratamiento del crédito.

Deuda. La menor retribución que dará la deuda pública y corporativa de nueva emisión implica que la que ya estaba en circulación con tipos de interés superiores se va a revalorizar en el mercado entre particulares (el llamado mercado secundario), contribuyendo con ello a generar plusvalías latentes y a reforzar el mismo efecto riqueza que la Bolsa.

Para los estados y administraciones públicas endeudados –la deuda pública española alcanzó en el primer trimestre de este año el equivalente al 109% del PIB, según dijo este viernes el Banco de España– la caída de tipos va a suponer un alivio en la carga de intereses. Se abaratará así el servicio de la deuda y mejorará la prima de riesgo, lo que ayudará a reducir el déficit público y a cumplir las nuevas reglas fiscales pactadas en la Unión Europea –y que entrarán en vigor en 2025– sin agotar el recurso a la subida de impuestos, al recorte del gasto ordinario o ambas vías con la intensidad que sería necesaria de no mediar un abaratamiento de los tipos de interés.

El menor recurso a la política fiscal contractiva ayudará a mantener el ciclo de crecimiento actual de la economía española y a estimular la actividad en otras economías europeas menos briosas.

Curva de tipos. La reducción de las tasas tenderá a normalizar la curva de rendimientos de la deuda, que en los dos últimos años ha estado anormalmente aplanada e incluso invertida, de modo que los rendimientos en los tramos cortos de vencimiento de los bonos –hasta dos años, los más influidos por la política monetaria– han sido anómalamente superiores a la rentabilidad ofrecida por los títulos a largo plazo. Esto, en el caso de la deuda estadounidense, se interpreta como un presagio de recesión porque así ha ocurrido con muy pocas excepciones. Sin embargo, esta vez la inversión de la curva estaba motivada no por un anticipo de crisis que obligaría a bajar tipos a medio plazo para combatirla sino por un alza de los tipos a corto para frenar la inflación presente. La normalización de la curva disipará esos temores, que condicionaron en estos años a muchos actores económicos.

Riesgos. La política del BCE deberá evolucionar con tino. La inflación aún no ha convergido con el objetivo del 2%, la bajada de tipos –y el euro, si la Fed no hace lo mismo– pueden reavivarla, hay alertas de posible exuberancia financiera y la UE se enfrenta de nuevo a la asimetría en las tasas de inflación y de crecimiento, con riesgo de divergencia creciente entre los socios: en el primer trimestre España más que duplicó el crecimiento promedio de la UE y la eurozona, según Eurostat.

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