Política monetaria
El BCE mantiene de momento los tipos a la espera de la evolución de la guerra en Irán
El banco central prevé más inflación y menos crecimiento y vigilará los acontecimientos antes de actuar

La presidenta del BCE, Chistine Lagarde. / Boris Roessler/dpa - Archivo

Sin acciones por el momento, pero con un mayor nivel de alerta. Como se esperaba, el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves mantener los tipos de interés oficiales de la zona euro en el 2%, el nivel en que llevan anclados desde junio del año pasado. Lo contrario hubiera sido una sorpresa mayúscula: el impacto de los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán en los precios energéticos está todavía demasiado cercano y sus consecuencias son aún impredecibles. Pero al mismo tiempo, la institución ha previsto más inflación y menos crecimiento en los próximos tres años a causa del conflicto, al tiempo que ha apuntado que consejo "está vigilando atentamente la situación y su enfoque dependiente de los datos le ayudará a definir de modo apropiado la política monetaria".
El objetivo del BCE, así, ha sido lanzar un mensaje de prudencia sin complacencia. "Vamos a continuar haciendo lo que hemos venido haciendo. Partimos de una buena situación. No digo que estemos en una buena situación, pero estamos bien posicionados y bien preparados para hacer frente a los efectos de la grave crisis que se está desarrollando. Y seguiremos haciéndolo tal y como probablemente se me ha oído repetir hasta la saciedad: reunión a reunión, en función de los datos, sin un rumbo (de evolución de los tipos) preestablecido", ha afirmado la presidenta del organismo, Christine Lagarde.
La mención matizada a la "buena posición" no es casual: en las reuniones del BCE previas a la guerra de Irán, era la situación en la que Lagarde afirmaba que estaba el BCE para lograr su objetivo de que la inflación en la zona euro se sitúe de forma estable en el 2% a medio plazo. Con la inflación bajo control y la economía dando muestras de resiliencia pese a las incertidumbres globales, la autoridad monetaria podía permitirse instalarse en el modo 'esperar y ver'. Ahora el contexto es mucho más complejo, aunque sea pronto para determinar hasta qué punto y con qué consecuencias, como ha venido a subrayar la alta funcionaria francesa.
Peores previsiones
El IPC de la unión monetaria, así, se situó en febrero en el 1,9%, algo por encima del 1,7% de enero pero en línea con el objetivo. Eso sí, su buen comportamiento se debía en buena medida precisamente a la caída de los precios energéticos (-3,1%). Que los costes energéticos hayan empezado a crecer, por tanto, constituye un elemento de presión para el nivel general de precios y, por tanto, para la autoridad monetaria. En sentido contrario, las consecuencias del conflicto en Irán restarán crecimiento económico, lo que de por sí tiende a reducir la inflación, aunque no lo suficiente para neutralizar el efecto de un 'shock' de precios energéticos.
Una de las novedades de la reunión, en esta línea, es la revisión trimestral de las previsiones macroeconómicas del BCE. De manera excepcional, incorporan la información obtenida hasta el 11 de marzo, fecha de cierre posterior a la habitual, con el objetivo de comenzar a reflejar los impactos del conflicto de Irán. Sus expertos prevén ahora más inflación y menos crecimiento que en diciembre como consecuencia del encarecimiento de la energía y los efectos de la guerra en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo. Además, han advertido de que una "alteración prolongada del suministro de petróleo y gas" elevaría la inflación y reduciría el crecimiento más de lo previsto en su escenario de referencia.
Los economistas del BCE, en concreto, estiman ahora que la inflación se situará de media en el 2,6% en 2026, el 2% en 2027 y el 2,1% en 2028 (frente al 1,9%, el 1,8% y el 2% de diciembre). La subyacente -la que excluye los más volátiles precios de la energía y los alimentos- la calculan ahora en el 2,3% en 2026, el 2,2% en 2027 y el 2,1% en 2028 (frente al 2,2%, el 1,9% y el 2% anterior). En cuanto al PIB, lo estiman en el 0,9% en 2026, el 1,3% en 2027 y el 1,4% en 2028 (frente al 1,2%, 1,4% y 1,4% de hace tres meses).
"La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas. La guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía", ha admitido el organismo.
Cortos o sobrerreaccionar
El escenario para la política monetaria ha cambiado de forma radical en un muy corto periodo de tiempo. Durante meses y hasta hace unas semanas, la discusión entre los analistas, alimentada por los mensajes contradictorios de distintos miembros del consejo de gobierno del BCE, se centraba en si en 2026 todavía se aprobaría una última bajada de tipos de 0,25 puntos porcentuales o si el precio del dinero en la zona euro se mantendría sin cambios. A raíz del ataque a Irán, el mercado descuenta ahora una o dos alzas de tipos este ejercicio para evitar que la inflación se descontrole a causa de la energía.
La autoridad monetaria del euro tiene por delante una compleja labor para acertar en su política y no quedarse corta o sobrerreaccionar. Por un lado, el impacto real del 'shock' energético dependerá de lo que dure el conflicto bélico y de sus implicaciones en el crudo, algo hoy por hoy impredecible. Pero por otro, la institución tiene que evitar tardar excesivamente en reaccionar, como sucedió en 2021 y 2022 a raíz de la salida de la pandemia y de la invasión rusa de Ucrania, cuyos efectos sobre la inflación los bancos centrales juzgaron equivocadamente como transitorios en un primer momento.
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Fuente: El Periódico
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