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El Gobierno dio garantías a Escribano de que si dimitía y vendía las acciones se renegociaría la integración de la empresa en Indra

Ambas partes retoman las negociaciones para integrar la firma familiar en la cotizada

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente de Indra, Ángel Escribano.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el expresidente de Indra, Ángel Escribano. / Presidencia del Gobierno

El Gobierno dio garantías a los hermanos Escribano, dueños de EM&E (firma de la familia que el martes vendió su 14,3% en Indra), de que si Ángel dimitía como presidente de Indra y se vendía la participación, se renegociaría la integración de la firma familiar en la cotizada, según han explicado a EL PERIÓDICO fuentes conocedoras de la operación. De este modo, la sorprendente operación de venta acelerada del 14,3% llevada a cabo el martes, que se completó con la dimisión en el consejo de Indra de Javier Escribano, a la sazón presidente de EM&E, se interpreta como una manera de tender puentes con el Gobierno para renegociar la integración.

Los medios consultados resaltan que "en ambos lados [Escribano y el Gobierno] hay interés" por retomar esas conversaciones y "volver" a las negociaciones. Ángel Escribano dimitió hace tres semanas por la presión del Ejecutivo, a través de la oficina económica de Moncloa que lidera Manuel de la Rocha, aunque las fuentes consultadas insisten en que se le dio garantías de renegociar si se eliminaban los conflictos de interés que el Ejecutivo había descubierto tras casi año y medio de presidencia de Escribano.

No obstante, el hecho de retomar las negociaciones, con ser muy importante, no es definitivo. En el sector se reconoce que al igual que hay un interés mutuo por ambas partes en cerrar la operación, hay una desconfianza mutua que puede hacer que no llegue a buen puerto.

Ganar tamaño

En primer lugar, al Gobierno le interesa integrar Escribano en Indra. No solo por ofrecer una operación exitosa en el terreno de la defensa a través de la que denominó como campeón nacional o empresa tractora, sino porque es la manera más rápida de lograr un cierto tamaño, indispensable en una actividad como defensa, donde los 800.000 millones de inversiones previstos por la Unión Europea para reforzar la seguridad estratégica se repartirán en función del tamaño de las empresas y no por cuotas de representación de cada país en la UE. Escribano aportaría unos 2.000 millones a Indra, que ahora vale en bolsa menos de 10.000 millones y que pese a la integración seguiría bastante lejos de los más de 55.000 millones de la alemana Rheinmetall, los más de 30.000 millones de la italiana Leonardo o los 48.000 millones de la francesa Thales.

A Escribano, por su parte, le interesa formar parte de una gran empresa como Indra, sin olvidar que al final el gran cliente de Escribano, quien le da los contratos, es el Ministerio de Defensa, es decir, el Gobierno. De hecho, tanto Indra como Escribano funcionan casi como una unión temporal de empresas (UTE), ya que tienen sobre la mesa unos 4.000 millones en contratos conjuntos adjudicados en los distintos PEM (Programa Especial de Modernización) que se han puesto en marcha. Y este año, además, pese a que no vaya a haber Presupuestos Generales, el sector espera que el PEM sea de unos 12.000 millones, unos 2.000 millones más que el del año pasado.

Cabeza de ratón o cola de león

Una de las dudas que planean sobre la operación es cuál sería el papel de los Escribano si se lleva adelante la integración y si se conformarían con el que le asignaran. Según algunos cálculos, una integración de Escribano en Indra daría a la firma familiar un porcentaje que podría rondar el 16% del capital, lo que les daría acceso a dos puestos en el consejo. Pero, ¿es sensato pensar que dos empresarios hechos a sí mismos y acostumbrados a tomar decisiones ejecutivas aceptarían un papel destacado en un consejo donde mandan dos pesos pesados como Ángel Simón (exconsejero delegado de Criteria Caixa) y José Vicente de los Mozos (expresidente de Renault España)? "La operación no es segura al 100%", insisten medios consultados, que confiesan que esa es una de las grandes incógnitas, junto al hecho de que "igual que hay una necesidad por ambas partes, también hay un grado de desconfianza. Moncloa comprobó que Ángel Escribano no es fácil de manejar y éste quedó dolido por la manera en la que tuvo que renunciar a la presidencia".

Lo que en Moncloa sí tienen claro es que la Sepi, que es quien ostenta formalmente la participación del 28% en Indra, quiere ser "el accionista de referencia de la cotizada, con diferencia, con claridad", lo que explica por qué abortaron en su momento una compra de Escribano que podía haber llevado a los hermanos a una participación similar o incluso superior, al borde de la obligación de lanzar una opa.

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