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La planta de coches chinos de Ferrol, que podría haberse instalado en Asturias, activa las alarmas en Defensa

El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, asegura que el análisis sobre posibles riesgos de espionaje entran en la normalidad del proceso: "Todas las inversiones de ese calado tienen informes"

El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, durante la recepción del primer buque transportador de vehículos del gigante chino SAIC.

El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, durante la recepción del primer buque transportador de vehículos del gigante chino SAIC. / Raúl Lomba

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Julio Pérez / Agencias/ A. G.-O.

Vigo / Madrid/ Oviedo

El desembarco en Ferrol de SAIC, el mayor fabricante chino de vehículos eléctricos y propietario de la marca MG, ha puesto en guardia al Ministerio de Defensa. El gigante asiático de la automoción, que descartó instalarse en Asturias, levantará su planta a solo cinco kilómetros del arsenal militar de Ferrol y de las instalaciones de Navantia, ambas instalaciones consideradas estratégicas.

Desde el ministerio se teme que China emplee esta delicada ubicación para espiar la actividad de la instalación de la Armada, que sirve de base a cinco fragatas y dos buques de aprovisionamiento, y del astillero, donde se construyen las fragatas F-100 y F-110, dotadas de tecnología de EE. UU.

Ante el riesgo, apuntan, tanto la Armada como Navantia reforzarán sus sistemas de protección para blindar sus instalaciones y evitar ser víctimas de ciberataques y otras formas de espionaje electrónico.

A pesar de esta filtración, el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública salió para hacer una llamada a "la tranquilidad absoluta". "Todas las inversiones de ese calado tienen informes que analizan la viabilidad económica, la creación de empleo y la seguridad nacional", dijo Óscar López, a raíz de la publicación de dos informaciones de "El País" y "El Mundo".

López defendió el proyecto de SAIC como "una inversión muy importante para España" y garantizó que el examen del proyecto, que deberá recibir el visto bueno del Consejo de Ministros, tuvo en cuenta todos los elementos, incluida la seguridad nacional. Achacó el análisis de Defensa a la "normalidad" en este tipo de procesos.

En este sentido, el ministro está convencido de que la factoría puede ir adelante con todas las garantías y aseguró que se están mirando "todas las implicaciones" para tomar "las decisiones oportunas". En caso de que existan riesgos, "se pueden establecer una serie de condiciones para hacerla viable".

"Estas inversiones son analizadas y puede pasar que haya una serie de recomendaciones, desde el punto de vista económico o de la seguridad, que se atienen y hacen viable la operación", dijo.

Por su parte, el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, reclamó que se haga posible esta compatibilidad. Tras mostrar su sorpresa por la información filtrada después de meses de tramitación en coordinación con el Ejecutivo central sin que se hubiera hablado "de falta de seguridad ni ningún riesgo", defendió "la oportunidad fantástica, histórica, que se le presenta a Galicia" con la planta de SAIC y mostró su confianza en que no se tuerza.

Rueda recordó que fueron los primeros en alabar la "gestión conjunta" con Moncloa para sacar adelante el proyecto. "En todo caso, no le corresponde a la Xunta evaluar unos supuestos riesgos de seguridad nacional", dijo, aunque admitió que "los hay". Desde la Administración autonómica, su objetivo es "exigirle al Gobierno central que sea capaz de compatibilizar seguridad nacional con la oportunidad fantástica, histórica, que se le presenta a Galicia". E insistió: "Tiene que ser posible".

La compañía asiática prevé crear en Galicia más de 2.000 puestos de trabajo y se marca como reto producir 120.000 vehículos al año. Su objetivo es que la fábrica pueda estar operativa a finales de 2028.

La elección de Galicia fue puramente estratégica. SAIC decidió abrir su primera planta en Europa para esquivar los aranceles que Bruselas había impuesto a la importación de vehículos eléctricos chinos. Con ese objetivo, buscó terrenos con buena conexión marítima con Reino Unido, un mercado clave para su crecimiento.

Estas características hicieron que pusiera el foco en España y, más concretamente, en el Noroeste. Sin embargo, el Gobierno del Principado no llegó a mantener "ningún contacto" con la empresa para intentar captar la inversión. De hecho, organizaciones empresariales asturianas habían destacado las posibilidades que había para atraer el proyecto y desde el Principado se había señalado que se estaban poniendo a todos los potenciales inversores "facilidades administrativas y económicas dentro de los mecanismos disponibles".

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