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Los inmigrantes toman el relevo en el sector agrario

Constantin y Mihaela Denes (Rumanía), en su explotación ganadera en Ayora (Valencia) Perales Iborra

Un estudio reciente publicado por el Parlamento Europeo sobre el futuro del campo en la década de 2020 advierte del "serio peligro" que existe en España por el previsible abandono de tierras agrarias durante la próxima década. En concreto, indica que cerca de 56 millones de hectáreas corren el riesgo de ser abandonadas y estima que 5 millones de ellas acabarán baldías en 2030. Según la organización agraria Unión de Uniones, en España, cerca del 10% presenta riesgo "alto o muy alto" de abandono, lo que supondría una pérdida de unos 2,3 millones de hectáreas; es decir, una superficie de terreno equivalente a cerca de tres veces el tamaño de la Comunidad de Madrid.

Ese informe oficial de la UE revela también que entre 2012 y 2018 la superficie agraria en España disminuyó, especialmente en regiones del centro peninsular (Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid y País Vasco) y la costa mediterránea (Murcia y Comunitat Valenciana). Y es que, según las organizaciones del sector, la grave crisis de rentabilidad de las explotaciones agrícolas y ganaderas está haciendo imposible que, con una edad media de los productores superior a los 62 años, se esté produciendo el necesario relevo generacional.

Falta mano de obra, el campo envejece y la sucesión familiar en los negocios agrícolas se complica. Por eso los empleados eventuales en países como España cumplen un papel esencial en el sector primario. Asaja cuantifica en alrededor de 150.000 las solicitudes de personas que desean trabajar en las distintas campañas anuales. Algunos viajan desde sus países de origen únicamente por el tiempo que dura la cosecha. Pero más allá de esos temporeros foráneos, los inmigrantes también participan cada vez más en el necesario relevo generacional de explotaciones hasta ahora en manos de propietarios españoles, ya sea comprando tierras o arrendándolas. Toman las riendas.

Iniciativas

Es el caso del matrimonio formado por Constanin y Mihaela Denes (ambos tienen 37 años de edad), quienes dejaron su Rumanía natal para gestionar una granja en Ayora (Valencia). El pinchazo de la burbuja inmobiliaria de 2008 truncó su aventura profesional en el negocio del ladrillo y se marcharon al campo. En su opinión, este sector "resurge como una alternativa de empleo en un país donde se han perdido miles de puestos de trabajo como consecuencia de la pandemia de coronavirus. Una situación que está provocando que miles de personas busquen otras alternativas de ingresos, incluidos los extranjeros", apuntan desde su explotación de 138 hectáreas de superficie, donde producen cereales, tienen un ganado de 600 cabras y fabrican quesos. "El anterior dueño, ya nonagenario, nos vendió el negocio porque su familia no quiere vivir del campo", explican Constantin y Mihaela Denes.

"Aunque todavía son una minoría, algunos inmigrantes llegan, encuentran un trabajo, se forman para mejorar y hacerse imprescindibles en la explotación, traen a sus familias y algunos, incluso, al cabo de los años se convierten en propietarios comprando o alquilando su propia parcela", explican desde Asaja.

Desequilibrios

El relevo generacional en los negocios agrarios se complica cada vez más en todo el país. El Ministerio de Agricultura advierte también que España cuenta con una proporción de jóvenes agricultores que se sitúa entre las más bajas de toda la Unión Europea, lo que da lugar a importantes desequilibrios sociales en las zonas rurales y pone de manifiesto la necesidad de emprender acciones ambiciosas para afrontar esta situación, invertir la tendencia actual al envejecimiento y garantizar mayores y mejores oportunidades de empleo a los jóvenes en el medio rural.

Según Eurostat, solo un 3,8% del total de los jefes de explotación en España se corresponde a grupo de jóvenes menores de 35 años, frente al 23% de la media de la Unión Europea. Aún queda mucho camino por recorrer y por eso los jóvenes inmigrantes juegan un papel cada vez más importante en el sector primario español.

<p>Nourdine Belazy (Marruecos) se dedica a la plantación de plantas herbáceas en Castelló</p> Gabriel Utiel Blanco

En tierra de hortalizas

Cerca de la cuna de la industria azulejera de Castelló, en las localidades de Vila-real, Nules y Cabanes, Nourdine Belazy, (Outat El Haj, región de Fez, Marruecos, de 30 años de edad), cultiva perejil y otras plantas herbáceas como el cilantro. Además, produce hortalizas en varios campos de estas localidades propicias para el desarrollo de cultivos mediterráneos. Este joven agricultor emplea ya a varios trabajadores eventuales durante las épocas de recolección. "Abrirse un camino profesional en la agricultura como emprendedor y trabajador autónomo no ha sido fácil, aunque es cuestión de cuidar la calidad y tener clientes", apunta Nourdine Belazy, quien también fue aprendiz de electricista. Como socio de la Unió de Llauradors participa en actividades de formación profesional para mejorar su cualificación.

No muy lejos de ese paisaje típico mediterráneo hay más fincas controladas por jefes foráneos. La historia de Daniel Marius Albu (Otelu Rosu, Rumanía, 1990) es la de una de tantas familias de países del Este de Europa en busca de un futuro mejor. Dice que ha cumplido su sueño porque es dueño de un negocio agrario tras trabajar varios años como temporero en la recolección de fruta de verano. Antes fue albañil y empleado de una ferretería. "He optado por el campo porque considero que tiene futuro, sobre todo cuando contemplas el incremento de campos abandonados que nadie quiere arrendar o comprar", explica Daniel Marius Albu al contemplar sus primeras cosechas de aceitunas, tomates y patatas.

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¿Son los inmigrantes la solución al necesario relevo generacional en el campo? Los incipientes negocios de estos labradores inmigrantes en tierras del Mediterráneo se repiten en otras áreas de España. Según el presidente de AVA-Asaja, Cristóbal Aguado, "cada año cientos de agricultores ya no tienen fuerzas para seguir su actividad agraria y, en muchos casos, detrás de ellos no se incorporan jóvenes que tomen el relevo". Según este dirigente del campo, la gran mayoría de los inmigrantes que eligen la agricultura como medio de vida prefieren ser temporeros y tener garantizado un jornal al final del día. Con todo, en algunas zonas, sobre todo tras la pandemia de coronavirus, que ha desplazado trabajadores de los servicios hacia el campo, aumentan los casos de inmigrantes que toman la decisión de alquilar o incluso comprar parcelas.

"En absoluto es la única solución para el relevo generacional, pues más bien todavía resulta testimonial, si bien toda piedra hace pared. Y es necesario -concluye Aguado- que las administraciones públicas pongan en marcha una hoja de ruta para que los jóvenes, sean nacionales o inmigrantes, puedan tener en el campo un futuro digno".

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