Cuando pensamos en adolescencia, a muchos y muchas nos vendrá a la cabeza algunos de estos adjetivos: tormentosa, problemática o desafiante. El concepto que tenemos de esta etapa es que está llena de cambios (muchos a mejor), y en muchas ocasiones, de problemas.

El origen histórico de los problemas de la adolescencia

El concepto de adolescencia como etapa turbulenta es de reciente creación. Fue el psicólogo Stanley Hall el que popularizó y asentó a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX el término de adolescencia como una etapa tormentosa y de estrés. Anteriormente se hablaba de pubertad como la etapa de cambios biológicos que atraviesa una persona entre la infancia y adultez, y no se asociaba a una etapa llena de problemas. Con esta nueva nomenclatura, cuando uno se refería al adolescente, ya no solo se abarcaba los cambios físicos de una persona, sino también los psicológicos y la influencia que tenía lo social y lo cultural en las conductas de los adolescentes.

Algunos autores como Jeffrey Jensen Arnett con publicaciones como “Adolescencia y adultez emergente” o Ramón Mendoza Berjano con publicaciones como “La adolescencia como fenómeno cultural” han estudiado cómo el concepto de pubertad fue desterrado por el de adolescencia y cómo en la sociedad a lo largo de los años del siglo pasado caló este concepto de que el adolescente debía ser rebelde y tormentoso. De esta forma, las expectativas que tenían sobre ellos tomaron forma y el rol que los adolescentes empezaron a adoptar era el de conflictivos. Arnett y Mendoza señalan que no está en la naturaleza del adolescente el ser problemático durante esta etapa, sino que se ha ido imponiendo como el rol que deben tomar los adolescentes.

El cerebro del adolescente

Aunque los factores sociales y culturales hayan influido en el comportamiento y rol del adolescente, el desarrollo de su cerebro también repercute en sus conductas. Nos contaba en esta entrevista Rafa Guerrero que el cerebro adolescente, aunque cada vez hay más estudios sobre él, sigue teniendo muchos “secretos y laberintos”. El neuropsicólogo nos señalaba cómo el cerebro durante la adolescencia se está reconfigurando para estar casi listo y maduro en la etapa de la adultez. “Es como si metafóricamente tuviéramos unos obreros en el cerebro adolescente que están creando carreteras, que están asfaltando y que están tratando de conectar las distintas zonas cerebrales”.

Guerrero cuenta que es la parte inferior del cerebro la que está más operativa durante esta etapa, una parte que es mucho más impulsiva e inconsciente, de ahí que muchas de sus conductas las hagan sin pensarlo mucho. La parte superior, el neocórtex, es la parte del cerebro que más “en obras” está, que no madurará completamente hasta cercana la edad de los 25 años y que controla el funcionamiento ejecutivo del cerebro, donde se desarrolla la planificación, la espera a la gratificación o el control de los impulsos.

Factores externos e internos

El adolescente se caracteriza por aspirar a mayor autonomía, por tener mayor desapego con las figuras paternales de referencia, por querer explorar…

Hay varios factores, tanto internos como externos, que propician las conductas (tanto problemáticas como no) de los adolescentes. Los factores internos que se producen en el cuerpo del adolescente: las hormonas, el comienzo del deseo sexual, el pegar "un estirón"... Como otros externos que también influyen: la socialización con sus pares y su círculo social, los cambios de gustos y preferencias, las tecnologías y los medios de comunicación, los nuevos referentes, el interés por lo prohibido, el miedo al paso a la adultez…

Eva Bach, maestra y pedagoga expresa en su libro “Adolescentes, qué maravilla” que es su propio conflicto interno el causante de algunos de los problemas que plantean. “Sus continuas provocaciones tienen mucho que ver con sus propias tensiones internas y su necesidad de ponerse a prueba a sí mismos, y también con la de poner a prueba al adulto y medirse con él”, explica.

La educación también influye en los problemas de la adolescencia

Las conductas de nuestros hijos e hijas también tienen su origen en la educación que les demos. Así lo expresa Eva Bach: “La adolescencia se sobredimensiona y su problemática va en aumento no tanto por cómo son los adolescentes de hoy, ni por la forma generalmente interesada en que los medios de comunicación refuerzan y explotan dicha problemática, sino, en buena medida, por cómo somos y actuamos los adultos que estamos a cargo de su educación y crecimiento”.

Bach señala que los padres y madres debemos estar con nuestros hijos para poner límites, porque ellos, aunque no nos lo digan, los necesitan. “Se diría que pasan de nosotros, que se bastan a sí mismos, pero nos siguen necesitando. Aunque no lo parezca, nos están pidiendo a gritos que los contengamos, que les pongamos freno”, cuenta Bach.

“Si hay conflicto generacional, si se producen discusiones y desacuerdos, hay también diálogo y existe la posibilidad de establecer unos pactos y llegar a determinados acuerdos”, prosigue.

En definitiva, como padres y madres debemos estar con nuestros hijos e hijas adolescentes, acompañarles en sus problemas, darles amor y limitarles.