Un kiosco de El Llano recupera el intercambio de novelas de toda la vida: “Esto va a desaparecer y es una pena”
Una iniciativa que mantiene viva una tradición casi desaparecida, con más de 300 ejemplares en circulación y clientes llegados incluso de fuera del barrio

Demi Taneva
En el kiosco de Mary, situado en el barrio gijonés de El Llano, aún pervive una costumbre que durante décadas formó parte de la vida cotidiana de los barrios: el intercambio de novelas. Desde hace unos tres años, este pequeño establecimiento ofrece a sus clientes la posibilidad de cambiar libros del oeste, románticos o de aventuras por solo 20 céntimos por ejemplar.
La iniciativa surgió casi por casualidad. Iván Miguel Fernández, dependiente del kiosco, recibió una gran cantidad de novelas tras el fallecimiento de un allegado. “Las iban a tirar y me dijeron que me las traían. Yo me acordaba de cuando de crío se cambiaban novelas y tebeos, y decidí probar”, explica.
Con el paso del tiempo, el fondo fue creciendo hasta reunir alrededor de 300 ejemplares. “Me fue trayendo cajas y ahora ya no sé ni las que tengo”, comenta. Predominan las novelas del oeste, especialmente de Marcial Lafuente Estefanía, así como títulos románticos de Corín Tellado.
El funcionamiento es sencillo: los clientes traen sus libros, eligen otros y pagan 20 céntimos por cada intercambio. “Me traen diez, se llevan diez. Como se hacía antes”, resume Fernández.
La mayoría de usuarios son personas de edad avanzada, acostumbradas a este sistema desde jóvenes. “Viene sobre todo gente mayor, es la que mantiene esto”, reconoce. “Antes había muchos sitios donde se cambiaba novela, ahora casi no queda ninguno”, lamenta mientras recuerda locales de su infancia en la calle Covadonga donde solo se dedicaban a este intercambio.
Clientes de fuera del barrio
El boca a boca ha permitido que la iniciativa traspase El Llano. “Viene un señor de Candás, se enteró por otra persona y aparece con cajas llenas cada dos meses”, cuenta. También recuerda el caso de un cliente de León que llegó a traer hasta cien novelas para cambiar. “Con cien libros te pasas aquí un buen rato”, reconoce entre risas, recordando una de las anécdotas más llamativas desde que puso en marcha el servicio.
Una tradición en peligro
Pese al buen funcionamiento, Fernández es consciente de que se trata de una costumbre ligada a una generación. “Esto va a desaparecer con ellos, es una pena”, afirma. “Antes mi abuelo, mi abuela y mi madre leían estas novelas y las cambiaban. Ahora ya casi no pasa”.
Para mantener el fondo actualizado, en ocasiones incorpora reediciones nuevas. “A veces me quedo con alguna de las que me mandan y la pongo para cambiar, para que haya movimiento”, explica.
La iniciativa se ha convertido en un pequeño refugio para los amantes de la lectura popular y de segunda mano. “La gente se sorprende cuando lo ve”, comenta Iván, convencido de que darlo a conocer puede ayudar a mantenerlo vivo.
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