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Autonomía ¿de quién?

Carmen Moriyón ha presentado en Madrid, al Defensor del Pueblo, un informe sobre la inacción del Gobierno en lo referente a los accesos a El Musel, en el que pone especial énfasis en que estamos ante un grave problema de salud. Sin confiar mucho en instituciones cuyas decisiones no son vinculantes, era un paso que había que dar, y no centrar el informe en los problemas de conexión, sino en que estamos sobre todo ante un problema de salud para la población, es importante. Lamentablemente, el Gobierno autonómico se mantiene al margen, intentando salir lo más indemne posible de un problema que le enfrenta a un gobierno central de su propio partido, y es que se da la paradoja de que las comunidades son autónomas del gobierno central, pero no de su partido nacional. Es evidente que si el PSOE no encabezara el gobierno de coalición, la actitud de nuestro gobierno regional sería otra. Tampoco es nuevo, durante años, el PSOE asturiano, por citar un ejemplo, votó contra la Variante porque así lo demandaba el PSOE central, y así ha sido en cualquier autonomía gobernada por cualquier partido, cuando fue necesario tomar una decisión importante, los intereses del partido nacional prevalecieron sobre los de la autonomía.

Las elecciones en Extremadura, Aragón y Castilla y León, son un claro ejemplo de esta dependencia. Aunque por guardar las formas la convocatoria de elecciones la hicieran los presidentes autonómicos, la decisión fue del PP nacional, pensando en machacar al PSOE y evitar la dependencia de Vox con quien han entrado en clara competencia plagiando sus propuestas más radicales; PP y Vox son ya como Jano, un solo personaje con dos caras. Pero para el PP, la victoria ha sido pírrica, su dependencia de Vox ahora es mayor que nunca y el PSOE, mal que bien, resiste; las negociaciones para formar nuevos gobiernos tampoco dependen de los líderes autonómicos, están en manos del PP nacional y de Abascal, que ya es el único con voz y voto en Vox, aunque le acompañen media docena de palmeros que obedecen sin rechistar.

Y es que las Autonomías, como la seudo democracia que soportamos, son consecuencia de una transición mal hecha, una transición que aceptamos pese a sus limitaciones, con la idea de que abría un camino por el que llegaríamos a una democracia plena, pero que sin que nos diéramos cuenta se fue curvando y nos devuelve al punto de partida. Quisimos dar un giro de 180 grados y cada vez estamos más cerca de los 360.

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