Opinión
El tercer cinturón
Hace unos años hablé sobre lo que significa la comunidad en una charla TEDx en Gijón, pocos días antes del confinamiento. Aquel momento, cargado de incertidumbre, me obligó a ordenar ideas que aún hoy me acompañan. Ayer volví sobre ellas. Una amiga me invitó a hablar ante alumnado universitario a punto de terminar su etapa y, casi sin darme cuenta, recuperé muchas de aquellas intuiciones.
Les hablé de lo difícil que me resulta separar mi forma de entender el mundo de mi desarrollo profesional. De que no siempre hay trenes que se pierden, porque a veces simplemente no es necesario subirse a ninguno. También de la importancia de relativizar, de autorregularse y de vivir con la humildad de quien entiende que no todo depende de uno mismo.
Pero había una idea de fondo: convivir es más complejo que simplemente salir adelante. Tener un trabajo, organizar la vida o llegar a todo ya es difícil. Compartir espacio con otros, aceptar ritmos distintos y comprender lo que no siempre es visible exige un esfuerzo mayor.
Para explicarlo, recurrí a la imagen de los cinturones. Cada persona transita la vida con lo que tiene: lo aprendido, lo construido, sus propias herramientas para no caerse. Ese es el primer cinturón. Después están los vínculos cercanos: familia, amistades, personas que sostienen cuando hace falta. Ese sería el segundo.
Sin embargo, hay momentos en los que eso no basta. Situaciones en las que alguien se queda sin red o en las que la vida se complica más de lo previsto. Es ahí donde aparece algo más difícil de nombrar: el tercer cinturón.
No tiene forma definida ni responde a estructuras formales. Aparece cuando un vecino pregunta o cuando alguien decide no mirar hacia otro lado.
Este tercer cinturón no se construye con grandes gestos, sino con pequeñas acciones cotidianas. Decisiones casi invisibles que, sumadas, marcan la diferencia entre caer y caer en soledad.
Sin embargo, cada vez parece que confiamos menos en él. Protegemos lo propio y cuidamos lo cercano, pero nos cuesta implicarnos en lo común. A veces porque creemos que no nos corresponde; otras, porque ni siquiera llegamos a ver lo que ocurre a nuestro alrededor.
Y es que ver no es lo mismo que reconocer. Podemos cruzarnos a diario con alguien sin preguntarnos qué hay detrás de su historia. Sin ese paso, difícilmente puede surgir cualquier forma de implicación.
No hacen falta grandes acciones para cambiar esto. A veces basta con estar, con prestar atención, con asumir que lo que sucede alrededor también nos interpela.
Porque una ciudad no se define solo por lo que construye, sino por cómo se sostiene. El tercer cinturón no es una estructura: es una decisión. Y cada vez que no miramos, cada vez que no reconocemos, estamos decidiendo que no exista.
Suscríbete para seguir leyendo
- Una brutal colisión múltiple en la avenida de El Llano, en Gijón, deja tres heridos: 'Dio varias vueltas de campana, de película
- Accidente grave en Gijón: un conductor de patinete, con las piernas rotas después de ser atropellado
- Asaltan una joyería del centro de Gijón a plena luz del día y en pocos segundos
- Localizan en buen estado en Gijón a una mujer de 59 años que llevaba desaparecida casi un mes
- Los investigados por el criadero ilegal de Gijón mantienen su inocencia y achacan todo 'a una campaña mediática
- Gijón perfila sus conciertos de Semana Grande: Amaia, Omar Montes y Ana Torroja, entre las actuaciones previstas
- Antonio Orozco, antes de arrancar su nueva gira en Gijón: 'He aprendido a cantar a los 50 años y siento que estoy en el mejor momento de mi vida
- La desesperación de Bárbara Barros, de 32 años, que lleva siete meses buscando piso para comprar en Gijón: 'Las viviendas son antiguas y muy caras
