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Figura de la semana: Beatriz Roldán, una científica gijonesa de El Llano brilla en Berlín

A su trayectoria de investigaciones pioneras para acelerar la transición energética sumará el martes un galardón en la gala de la Sociedad Geográfica Española

Beatriz Roldán.

Beatriz Roldán. / Mortiner

El Llano

Ser la directora del Instituto Fritz Haber de la Sociedad Max Planck conlleva una serie innumerable de tareas y viajes para investigar y asesorar a instituciones a gobiernos. Sin embargo, a pesar de haber conocido todas las bondades que ofrecen el resto de regiones, la científica Beatriz Roldán Cuenya espera año tras año la llegada de la Navidad y el verano para disfrutar junto a sus familiares y amigos en Gijón, la ciudad en la que creció y de la que le enorgullece sentirse "embajadora".

Tras convertirse en 2017 en la primera mujer al frente del Instituto Friz Haber de Berlín, Roldán ha recibido una larga ristra de galardones en España y otros países de Europa. Entre esa admirable lista de distinciones están la Medalla Faraday de la Real Sociedad Británica de Química, el Premio Emmett de la Sociedad Norteamericana de Catálisis, el nombramiento como académica de la Ciencia de Alemania y el premio ACES-Margarita Salas de Física, Matemáticas e Ingeniería. También fue condecorada como "Asturiana del mes" de febrero de 2025 de LA NUEVA ESPAÑA.

El próximo martes, Roldán realizará un nuevo viaje exprés hasta Madrid para ser reconocida con el Premio Investigación 2025 de la Sociedad Geográfica Española, un galardón que le genera a ella y a su entorno una enorme ilusión. Al igual que en el resto de las ocasiones, este reconocimiento busca poner en valor su trabajo pionero en el empleo de catalizadores para energías renovables, un campo básico para acelerar la transición energética y la reducción de combustibles fósiles.

Entre otras acciones, su labor actual en la capital alemana se centra en desarrollar nanomateriales catalíticos con el objetivo de mejorar procesos como la producción de hidrógeno verde o la conversión de CO2₂ en productos de interés industrial.

Para llegar a convertirse en una referente a nivel mundial, esta asturiana tuvo que realizar numerosos esfuerzos desde pequeña. Nacida en Oviedo en 1976, Beatriz Roldán disfrutó de una infancia en la Cuenca Minera junto a sus padres, José María y Milady, y su hermana, Patricia.

La protagonista de estas líneas recuerda aquella época como unos años "felices y salvajes" en los que vivió rodeada de montañas, "praos". Ese contacto continuo con la naturaleza le llevó a aprender a hacer chorizos y a ordeñar vacas, unos conocimientos que a pesar de no aparecer en su magnífico currículum los recuerda como si no hubiera pasado el tiempo.

Mudanza al barrio de El Llano

Cuando ella tenía ocho años, su familia se mudó al barrio gijonés de El Llano con motivo del trabajo que había encontrado su padre como profesor en el Colegio Público Noega, donde Beatriz completó la EGB, jugó al voleibol y conoció a sus mejores amigos de Gijón, Gemma, Raquel y Javier.

Antes de dar el salto a la fase universitaria, Beatriz Roldán comenzó a adquirir conocimientos científicos en el Instituto Doña Jimena y terminó optando por matricularse en Física por la Universidad de Oviedo. Aunque su mayor sueño era ser astronauta, optar por Física no le resultó complicado. El interés por investigar qué había dentro de los aparatos de su casa había estado presente en todo momento. Su padre también favoreció a que se creara esa inquietud, ya que prácticamente a diario les llevaba a la naturaleza para que Beatriz y Patricia construyeran su pequeño laboratorio con plantas y minerales.

Aquellas vivencias fueron la semilla de una científica de matrícula de honor que tras ser aconsejada por el profesor Francisco Salas se decantó por viajar hasta Alemania al terminar la carrera en Oviedo para hacer un doctorado en Física del Estado Sólido en la Universidad de Duisburg-Essen. Sus investigaciones novedosas y su aportación en proyectos punteros llamaron la atención en Estados Unidos, el país en el que pasó por la Universidad de Santa Bárbara para el posdoctorado y donde se convirtió en la profesora más joven del departamento de Ingeniería Medioambiental en la Universidad Central de Florida.

Motivos personales le llevaron a Beatriz a volver a Europa, en este caso a Alemania, para trabajar como profesora en Bochum de 2013 a 2017. Fue en ese año cuando pasó a estar al frente del Instituto Fritz Haber de la Sociedad Max Planck en Berlín, la capital en la que reside junto a sus hijos, los mellizos de 11 años Daniel y Alexander. A pesar de sus obligaciones profesionales y familiares, esta gijonesa mantiene su pasión por el deporte gracias a su disciplina. Salir a correr y hacer submarinismo, así como disfrutar de la música clásica, son algunos de los planes que apasionan a Beatriz Roldán, una amante de la gastronomía, la idiosincrasia y esa mezcla de mar y montaña de Asturias, la tierra que significa su verdadero hogar.

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