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Opinión | Tormenta de ideas

Solo falta Torrente

Siempre me han encantado las películas y series de abogados, quizá porque, junto con el periodismo, eran las otras opciones que barajaba para mi vida. Debe de tener que ver con mi facilidad para hablar, para discutir y para enfrentarme a los problemas con las armas de la palabra.

Por eso, la serie del juicio que estoy empezando a ver me tiene alucinada. Por una parte, porque veo a los magistrados, ya sean jueces o abogados defensores, sin demasiados recursos para dar la contrarréplica a las mentiras que algunos testigos sueltan sin inmutarse. Tenemos vídeos, WhatsApp y testigos de todas las barbaridades que esta organización iba tramando y que evidentemente, todo el equipo judicial se ha leído los autos de cada caso. Pero no veo que de alguna forma " aprieten" a los testigos para que canten y no nos tomen el pelo.

Es un juicio tan "light" que llega a aburrir totalmente, de forma que creo que voy a "cancelar" esta serie. Por ejemplo, aparece el hermano de Koldo yendo a República Dominicana a recoger un dinero, pero dice no tener ni idea de por qué ni para qué; vamos, que hacía un favor al PSOE en Ferraz actuando de "recadero", volando a Santo Domingo, con vuelo y estancia que, como tantas otras cosas, habremos pagado los españoles. Pero, según él, no sabe a cuento de qué, ni idea. El no, pero nosotros los ciudadanos sí lo sabemos. Todo lo que hemos pagado, y las zafias mentiras que iban pasando por el alto tribunal.Que se lo pregunten a la "inteligente" sobrina del superministro, que, interrogada con mucha delicadeza, eso sí, sobre qué profesión ejercía, sabiendo la sala que dicho caballero le proporcionaba un sueldo en una empresa pública a la que confiesa no haber acudido durante dos años y medio, además de un piso, viajes oficiales por medio mundo y hasta el pago de una operación de la "pierna" de su gato… responde que era "azafata de eventos".

Y en la actualidad… silencio. Y los de la sala, calladitos, porque son muy educados y la palabra prostitución es fea.

Tampoco reaccionan cuando otra chica–esta asturiana– afirma que, en la empresa pública ferroviaria en la que la colocaron, faltaba al trabajo, pero se iba a la biblioteca a leer sobre trenes. Nadie repregunta y son tan educados que ni siquiera ves a la judicatura esbozar una sonrisa. Con todo esto, no me extrañaría nada ver a Torrente como policía al mando. En fin, lo dicho: si esto sigue así, cancelo la serie. A mí que me den juicios americanos, que molan mucho más. n

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