Opinión

Directora del Centro Integrado de FP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo
Animales y monstruos
Basada en hechos reales, la película “Lobo”, de Alfonso Cortés-Cavanillas, escrita y protagonizada por Marian Álvarez, recrea la historia de una mujer que sale huyendo de un marido violento en compañía de su perro “Lobo”. Sólo tiene su coche y 40 euros para sobrevivir hasta solucionar el problema que la atenaza: el can está a nombre de su pareja y a ella le aterra dejarle en sus manos. Las mascotas son también víctimas de la violencia vicaria. Un nutrido grupo de expertos propuso recientemente que se contemple a los animales de compañía en el anteproyecto de Ley Orgánica de medidas en materia de violencia vicaria.
El filme dejó encogido el corazón del público en la sesión inaugural del 61º. Festival Internacional de Cine de Gijón. En aquel perro cada cual proyectó a su mascota, mientras la protagonista encarnaba lo que seríamos todas y todos defendiendo con uñas y dientes al peludo que adoramos. Imagino que habrá ocurrido en otras salas, pero resulta que en Gijón hay sensibilidad. Lideramos la clasificación nacional de ciudades perrunas: dos canes por cada menor de quince años. “Lobo” fue aquella noche todos y cada uno de los 43.000 que habitan nuestra villa.
He vuelto a aquella historia real y ficcionada, representativa de una forma de sociedad moderna, al coincidir en el tiempo dos hechos para el aterrizaje en la cruda realidad presente y pretérita. Una suerte de alerta roja.
Por un lado, a raíz de una denuncia, el Seprona ha intervenido en un criadero de perros en Gijón y rescatado a 339 canes en estado calamitoso -he preferido no ver las imágenes-, que ahora están siendo repartidos entre varias entidades protectoras, dentro y fuera de Asturias. El negocio de la compraventa de cachorros es lucrativo. En manos de quienes no tienen escrúpulos, pero sí codicia y un mapa mental en el que los animales son cosas, el resultado puede ser trágico. Espero un juicio y una condena ejemplares en Gijón a esas personas. Y que tomen nota en otras latitudes.
Al mismo tiempo, acaba de presentarse el libro "Animales y ocio: espectáculos populares con gallos y otros animales en Gijón", que firma nuestro cronista oficial, Luis Miguel Piñera, y el geógrafo Rafael Suárez-Muñiz. Acongoja solamente la mera enumeración de espectáculos y costumbres basadas en el sufrimiento animal en nuestra ciudad, que fue considerada en el XIX capital de las peleas de gallos del norte de España. Afortunadamente nada de esto existe ya. A excepción de las corridas de toros, un reducto de maltrato legal con fecha de caducidad.
Puede doler conocer ciertos aspectos de nuestro pasado y presente, pero nos sitúa en lo que bulle en nuestros instintos y lo que realmente significa civilizarnos: amar a los animales y huir de los monstruos.
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