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¿La solidaridad se educa?

Esta pregunta lleva rondándome por la cabeza esta temporada. No sé si es porque en las noticias arrojan tantas imágenes aterradoras de personas desesperadas y rotas que, en ocasiones, tengo miedo de que ya no se nos mueva nada por dentro.

Tal vez me digan que me equivoqué de término y que debería hablar de la empatía y, aunque es cierto que buena falta nos hace también, hoy quiero ser un poco más ambiciosa y compartir con ustedes mi reflexión sobre la solidaridad y cómo la estamos enseñando para que pase de ser un mero concepto abstracto a una forma de entender la vida que nace, justamente, de esa comprensión inicial de la otra persona y de sus problemas o su sufrimiento.

Quienes nos dedicamos a la docencia, hemos empleado muchas veces la palabra solidaridad en papeles, en proyectos educativos o en el discurso habitual. Sin embargo, me cuestiono si realmente la solidaridad se educa. ¿Cómo les transmitimos a los niños, niñas y jóvenes lo que es la solidaridad? ¿Basta con nombrarla o incluirla en nuestros documentos? Sinceramente creo que no. Como en todo, una de las mejores maneras que tenemos de educar es a través del ejemplo, del nuestro y del que proporciona o impulsa el sistema o el entorno educativo.

Vivimos en una sociedad cada vez más individualizada y pese a que no les descubro nada nuevo, quisiera recordarles también que eso ha traído, como consecuencia, que los índices de malestar emocional o de enfermedades mentales se hayan disparado en las últimas décadas y más si hablamos de gente joven.

Educar más allá de las notas, de las calificaciones, que propician la comparación y la competición es no solo adquirir conocimientos (que también), sino formar a personas para que construyan un mundo mejor que el que tenemos, a poco que se esfuercen podrán hacerlo, en el que la solidaridad debería ser uno de los pilares.

Así que nos toca, por coherencia profesional al menos, mostrar solidaridad más allá de dar una limosna o una aportación en un momento dado. Pese a que está siempre bien y toda contribución es buena, debe tener un trasfondo de querer que todas las personas, sean quienes sean y vengan de donde vengan, tengan el mejor acceso posible a todas las cosas buenas que disfrutamos quienes, sin duda, estamos en una posición más privilegiada.

No creo que la solidaridad sea solo un concepto para ser enseñado de un modo teórico, creo que hay que reflexionarla y, sobre todo, vivirla porque solo de ese modo dejará de ser una idea para pasar a ser nuestra forma de estar en el mundo.

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