Opinión | Comentarios al paso
¿Será Trump woke?
Sobre los principios filosóficos
La palabra "woke", como es sabido, proviene del inglés y originalmente significa "despierto". En su sentido literal, se usa para describir a alguien que está consciente o alerta. El término se ha convertido en una etiqueta en el campo de la guerra cultural: para unos significa sensibilidad, justicia y progreso; para otros representa censura, victimismo o moralismo ideológico. Para entendernos, el uso (en castellano) de expresiones como "todes" o "compañeres" contribuye a la inclusividad de géneros para unos, mientras que para otros su utilización es innecesaria o confusa.
La filósofa estadounidense Susan Neiman, autora de "Izquierda no es woke" (editorial Debate, 2024), sostiene que, si bien los motores de lo "woke" son emociones muy de izquierdas como el deseo de estar junto a los oprimidos y marginados, o el propósito de corregir las injusticias de la historia, el basamento filosófico en que se sustentan es muy reaccionario. Explica que la llamada apropiación cultural que viene de los "wokes" es una idea muy tribalista, muy reaccionaria, puesto que renuncia al principio solidario de conexión universal con todo tipo de personas diferentes para asumir esa idea tribal propia de la derecha que solo acepta conectar con y sentir obligaciones hacia las personas de la misma tribu. Si eres de izquierdas, continúa la filósofa, debes creer no en la necesidad del progreso, pero sí en su posibilidad y, para ello, debes reconocer los progresos que ha habido en el pasado. Es innegable, dice, que vivimos con racismo y sexismo, pero no es una barbaridad o una fantasía decir que ha habido progresos en ambos frentes porque no reconocerlo significa no honrar los sacrificios de los personajes que lograron avances innegables.
Lo que crea confusión, viene a concluir, es que los principios filosóficos de lo "woke" se parecen bastante a los de Trump (blancos, heteros, cristianos). "Si eres tribalista, eres trumpiano. Si crees que tenemos obligaciones universales hacia las personas de Groenlandia, Palestina o de donde sea, que los derechos de todos deben ser respetados, entonces no eres trumpiano. Si solo te identificas con los derechos y necesidades de tu propia tribu, esto es lo que hace Trump".
Aunque el argumentario de la filósofa norteamericana parece un tanto retorcido o enrevesado, su insistencia en la contraposición entre universalismo e identitarismo da que pensar. Recuerdo, al hilo presuntamente clarificador de esta disyuntiva, que Hannah Arendt, una de las filósofas más influyentes del siglo XX, solía afirmar que el proceso judicial seguido en Jerusalén contra el gerifalte nazi Eichmann, que ella misma se encargó de narrar, nunca debió ser concebido como un juicio contra el autor de crímenes contra el pueblo judío, sino de crímenes contra la humanidad.
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