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Manuel Jesús Álvarez García, premio Rosario de Acuña: "De la transición se ha perdido la exigencia a nuestros diputados, no se piden responsabilidades"

"Al Partido Popular le ha faltado en los últimos años un líder sólido, ha sido un galimatías"

Manuel Jesús Álvarez García.

Manuel Jesús Álvarez García. / Ángel González

El profesor del IES Doña Jimena y de la UNED, Manuel Jesús Álvarez García (Astorga, León, 1964) ha sido condecorado con el premio Rosario de Acuña por su publicación, "¿En el principio está todo? La difícil construcción de una 'nueva' derecha en la Transición: la formación de la Alianza Popular en Asturias (1976-1983)". Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, también es doctor en Geografía e Historia y catedrático de Enseñanza Secundaria.

¿Qué le supone recibir el premio Rosario de Acuña?

En nuestro gremio no hay muchos premios y este es sobre trabajos inéditos, por lo que tiene más valor. En 2015 ya lo gané con Luis Arias, así que tengo un premio y medio. Mi idea no era presentarme, pero como lo ganamos una vez en común, tenía ganas de hacerlo por mi cuenta. Como historiador, es muy agradable que en un premio, donde sé que se presentan buenos trabajos, reconozcan mi labor.

¿Qué le animó a realizarlo?

Fue un poco por azar. Hace veinticinco años, Pepe Girón, que era el catedrático de Historia Contemporánea, organizó un curso de verano sobre la transición en Asturias y repartió distintas investigaciones. No había nadie que hiciese la derecha. Realicé dos comunicaciones sobre la extrema derecha, todavía menos investigada en Asturias, y sobre Alianza Popular. El origen fue ahí. Creo que fue en pandemia cuando lo retomé, investigando más en profundidad.

¿A qué se debe que no haya tantos trabajos históricos de este partido?

Se priman los estudios sobre la izquierda, el movimiento sindical, etc. La derecha siempre ha sido menos investigada en esta región. Uno de los motivos, que es la mayor anomalía que podemos encontrar, es que es la única comunidad autónoma, quitando Cataluña y el País Vasco, donde el Partido Popular solo ha gobernado tres de los 44 años de democracia. Es una anomalía realmente compleja porque los resultados electorales han sido muy parejos entre el PSOE y el PP.

¿Quiénes formaron Alianza Popular en sus comienzos?

Diversas facciones que estaban en lucha. Falangistas, tradicionalistas, carlistas, miembros del sindicato de la falange, demócratas cristianos, liberales, etc. Era una lucha de poder muy grande. La unión entre ellas era el espíritu de avanzar hacia un texto constitucional que lograse integrar, como al final ocurrió, desde la derecha conservadora hasta el comunismo. El texto que cumplirá 50 años ha sido la primera constitución realmente de integración. Al entrar en ese juego político, Alianza Popular logró sobrevivir.

En el caso de Asturias, ¿cómo fue su evolución?

Alianza Popular no obtiene unos resultados brillantes en Asturias, pero en las elecciones de 1977 y de 1979 obtiene un diputado, Juan Luis de la Vallina, que le da un peso importante a nuestra región. Sin embargo, en Asturias viven una lucha descarnada entre tres figuras: De la Vallina, diputado hasta 2021; Isidro Fernández Rozada, presidente del partido en la región y candidato varias veces a ser presidente de la Junta y Francisco Álvarez-Cascos, que fue senador y logró el recorrido político que todos conocemos.

¿A qué se debían esos enfrentamientos entre ellos?

Sobre todo, al poder. Hay un congreso a principios de los 80 donde se llegan a enfrentar dos listas, una encabezada por Álvarez-Cascos y otra encabezada por De la Vallina. Hubo denuncias sobre determinadas agrupaciones que afiliaron a personas a última hora para tener más compromisarios. Surgió una ruptura y unos ataques personales importantes. Pero no es algo solo de Alianza Popular, en ese momento, el partido comunista en Asturias se fractura, las guerras en el PSOE entre somistas…

¿Qué relación tenía Alianza Popular con los partidos de extrema derecha?

La presencia de la extrema derecha, electoralmente en Asturias no existe, el único diputado, Blas Piñar, fue por Madrid. Siempre hay una relación, sobre todo al principio, con los grupos más franquistas dentro de Alianza Popular, pero también hay distintos mensajes de que querían separarse de esa extrema derecha que no acepta el juego constitucional. Era algo como: 'Quiero ese granero de votos, pero no quiero que se me identifique con esos grupos'.

¿Qué relevancia tuvo Alianza Popular de Asturias a nivel nacional?

Respecto a Madrid era un sucursalismo claro, una obediencia ciega a lo que se decía en la capital y con un protagonismo bastante nimio en las decisiones. En las memorias de Fraga, cuando cita cuestiones de Asturias, se detiene solo cuando venía a actos electorales o cuando venía a cazar, a pescar y a comer en la casa que tenía los Fernández Vega en Ceceda.

Es ese sucursalismo del que habla, ¿pasó factura a nivel de elecciones regionales?

No creo, pero la presencia de Alianza Popular fue escasa. En el año 79, en las primeras elecciones municipales, obtienen 78 concejales y seis alcaldías de 78 que había. No son unos resultados brillantes. No creo que fuese por el sucursalismo que el PSOE y el Partido Comunista también tenían.

¿Se mantiene algo del espíritu de la Transición en la política actual?

Muchas cosas. Nadie se plantea hoy que pueda haber un golpe de Estado como el de Tejero, tampoco tenemos la presencia del terrorismo etarra y la gente sigue yendo a las urnas, en un 70% a votar cada cuatro años. Sí es verdad que, muchas otras, se quedaron en el proceso. No hay una exigencia a nuestros diputados, estoy seguro de que si se le preguntase a la mayoría de los asturianos el nombre de los diputados asturianos en Madrid serían incapaces de decirlos. No se piden responsabilidades.

¿Qué se ha quedado en el camino en el cambio de Alianza Popular a Partido Popular?

A nivel regional, un líder sólido. El actual (Álvaro Queipo) muestra solidez, pero en los últimos años, el PP en Asturias ha sido un galimatías. Cuando hablaba de sucursalismo, también me refiero al alto funcionario europeo (Diego Canga) que apareció sin conocerlo nadie aquí, otra cosa era su trayectoria notable en Europa, nombrado a dedo desde Madrid y de la noche a la mañana, cuando vio que no se tocaba poder, desapareció. Parece que Queipo ha trabajado desde la base y me da la sensación de que es dialogante y abierto a ciertas posturas. Habrá que ver en qué acaba.

Menciona la ausencia de líderes fuertes de la derecha. ¿Quién ha sido el más destacado de Asturias?

Francisco Álvarez-Cascos ha marcado un antes y un después. En su época se decía aquello del secretario general no, el general secretario. Su protagonismo en la historia de la derecha española es evidente. Ahora, la historia de cómo ha acabado Cascos es sorprendente por lo inusitado. Que consiga una fuerza política de la noche a la mañana y gane las elecciones, comiéndole votos al PP, a la izquierda, del nacionalismo asturiano… es digno de analizar. La gente le vio como una posible alternativa al bipartidismo clásico, del cual formaba parte cinco años antes. Luego midió mal al convocar elecciones porque no le aprueban los presupuestos. Es una figura capital, un trabajador nato y muy moderno cuando llegó a la política.

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