Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

La ciudad de las ratios imposibles

Carmen tiene 78 años y vive sola en un cuarto sin ascensor en La Calzada. Lleva más tiempo del deseado esperando a que su trabajadora social la llame. No es culpa de la trabajadora social: es que en Gijón tenemos una profesional por cada 9.900 habitantes, cuando la recomendación técnica habla de una por cada 3.000. Hagan la cuenta. O no la hagan, porque el resultado quema.

Y hay más números, pero no son números. Son advertencias. Ningún educador o educadora social en la plantilla municipal de servicios sociales. Ninguno. En una ciudad donde la referencia técnica apunta a una por cada 6.000 habitantes.

En policía local, incluso con la previsión anunciada por la concejalía de alcanzar los 350 efectivos en 2027, la ratio seguiría siendo de 791 personas por agente, cuando lo razonable son 667.

Si ponemos el foco en los centros de salud, hasta 1.500 pacientes por médico de familia en algunos de ellos. Quien haya intentado pedir cita en atención primaria en Pumarín, en Contrueces o en El Llano sabe perfectamente lo que significa esa cifra: que te atiendan dentro de quince días, si hay suerte, y deprisa.

Podemos seguir presumiendo de playa, de Antroxu, de comercio, de carácter abierto y de ranking de no sé qué revista. Está bien. Está bien para los folletos. Pero una ciudad también se mide en la distancia que hay entre Carmen y la profesional que debería acompañarla. Entre una familia rota y un recurso que no llega. Entre una infancia vulnerable y una educadora social que, sencillamente, no existe.

A veces parece que la ciudad se gobierna con una calculadora publicitaria: suma lemas, resta recursos y confía en que nadie mire el resultado. Mucho titular, mucha estrategia, mucho marco, y luego, sobre el terreno, profesionales agotados sosteniendo lo insostenible. Cuando un servicio público se tensiona así, no falla solo un departamento o una administración: se rompe la primera red que sostiene a los barrios cuando la vida se complica.

¿Atractiva para quién, esta ciudad? ¿Amable con quién? ¿Viva en qué barrios? ¿Abierta con qué recursos? Las preguntas no son retóricas. Tienen respuesta, y la respuesta está en las ratios.

Las ratios no son tecnicismos de gestión. Son la forma más honesta de medir si una ciudad cuida o solo lo dice. Si vertebra o solo proclama. Si reparte oportunidades o solo las anuncia en rueda de prensa.

Porque cuidar una ciudad no es solo responder cuando todo se rompe. También es sostener, barrio a barrio, aquello que permite vivir con dignidad antes de que la emergencia llegue.

Carmen sigue esperando la llamada. Y mientras espera, conviene que recordemos otro dato, este más callado, casi tierno: ¿saben cuántos libros tocamos por habitante en el fondo municipal de las bibliotecas de Gijón?

A uno.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents