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Maribel Lugilde

Maribel Lugilde

Directora del Centro Integrado de FP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo

Restar fracción

Hubo un tiempo en el que otras comunidades visitaban la nuestra para emular el modelo de gestión de basuras a través de un consorcio, Cogersa, que desde los ochenta igualó estándares entre ayuntamientos e hizo desaparecer vergonzantes vertederos ilegales. Hoy la entidad se encuentra en un extraño atolladero, fruto posiblemente de una combinación de infortunios, indecisiones y errores que conviene tratar separadamente, con frialdad y profesionalidad, como se haría con los residuos. Esos que vemos desaparecer diariamente de los contenedores e imaginamos entrando en un círculo virtuoso. Es la idea, pero queda trecho.

Hay una basura rebelde -la fracción resto- que inevitablemente queda, presuponiendo que todos y todas hacemos en casa lo que nos corresponde con nuestros desperdicios. Que los separamos y depositamos en sus contenedores correspondientes o el Punto limpio más próximo, según el caso. La gestión de lo separado, que encima está lejos de ser una proporción significativa, ya genera sus propios debates. Pero sobremanera el batiburrillo final, epicentro del terremoto en Cogersa.

La planta que iba a procesar estos residuos irreductibles, la “Plantona”, sufrió un incendio en 2024, al poco de su inauguración, abriendo así su particular crisis: la costosa instalación no estaba asegurada. Ya está reparada y contratado su personal, pero todos a la espera de que se resuelvan nuevos fallos residuales. Una travesía abrupta que ha dejado una ristra de resquemores internos y, por supuesto, su dosis de refriega política. Y se añadió otra después por la pérdida de fondos comunitarios, que son generosos, pero de gestión dificultosa.

Pero el gran quid de la cuestión se materializará una vez que la Plantona esté en velocidad de crucero, convirtiendo fracción resto en combustible sólido recuperado, CSR. Elemento que en latitudes nacionales y comunitarias sustituye a otros combustibles para, por ejemplo, la generación de energía. Con combustión de por medio, he aquí una línea roja de movimientos ecologistas y una parte del gobierno asturiano de coalición. Más tensiones.

En resumen, nadie se atreve hoy en Asturias a ponerle nombre propio al último eslabón en la cadena de la fracción resto. Debería ser virtuosa, sí, pero se ha endiablado y provocado una crisis muy poco edificante entre responsables políticos y quienes están en el tajo diario de esta gestión tan sensible.

Así que los deberes están claros y son ineludibles: propiciar la paz interna en una organización dolorida, poner en marcha la Plantona y definir con tino un futuro sostenible para el CSR. Quién sabe, a lo mejor hasta volvemos a hacer visitas guiadas para dar ejemplo.

Mientras se produce el soñado vuelco, unas cuentas de la vieja con la fracción resto: sepan que el 58% es plástico, textil y papel. ¿Y si arrimamos el hombro, afinamos en nuestro batiburrillo de residuos críticos y restamos fracción?

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