Opinión
A cualquier precio
Kitchen y GAL son los casos de corrupción más graves desde la transición. Ambos representan el nivel más bajo al que puede caer una democracia. Los GAL fueron terrorismo de estado, y la Kitchen corrupción sobre corrupción. Un montaje urdido desde el gobierno, utilizando medios del estado, para salvar el culo de quienes habían protagonizado la trama Gürtel que terminó condenando al PP como "partícipe a título lucrativo". Las fechas del juicio de la Kitchen se conocían desde hace tiempo, el suficiente para preparar una estrategia que amortiguara su eco. El juicio ya se presentaba descafeinado por decisiones judiciales que habían librado de la imputación a quienes por sus cargos cuando se puso en marcha la operación parecían los responsables. Los audios de Villarejo confirmaban esa responsabilidad, pero al final, esos cargos solo comparecieron como testigos inútiles, porque sus declaraciones fueron “no lo sé”, “no lo recuerdo”.
Hace tiempo que pienso en un golpe de estado que busca, a cualquier precio, devolver el poder a quienes siempre lo han ostentado, a las grandes fortunas. No soy el único que lo piensa, personalidades con prestigio y currículum impecable lo dicen. La idea del golpe crece repasando casos recientes, como el del Fiscal general, condenado porque “alguien tenía que haber sido”, el de Begoña Gómez que un juez desautorizado por sus superiores más de una docena de veces, ignorando los tardíos informes de la UCO, se empeña en llevar a juicio público, buscando exhibir y exponer a la acusada a la pena del telediario a falta de una posible condena, y el del David Sánchez, sostenido por unas declaraciones del responsable de la UCO en el juicio, que dice que “se deduce”, “se infiere”, sin aportar pruebas, frente a una cuarentena de testigos que aseguran la limpieza del proceso, sin asomos de la intervención de un Pedro Sánchez que por entonces no ostentaba cargo alguno.
Tenemos por otra parte las actuaciones de Zapatero y las de Leire Díaz, parecen muy hinchadas, con mas humo que paja, sobre todo las de Zapatero, del que la portavoz del PP dijo que no estaría imputado si gobernaran ellos; de ambos se viene hablando hace tiempo, pero casualmente han eclosionado coincidiendo con la Kitchen, con las declaraciones de los testigos principales, y los audios que implican a Rajoy y Cospedal; y con el juicio de David Sánchez, más importante para los informativos pese a que sería, que no lo parece, un simple caso de enchufismo. Estas “casualidades” han borrado a la Kitchen, una de las estaciones más dolorosas del vía crucis judicial que atraviesa el PP, de los medios. También los nuevos casos de Almería y Murcia.
De Leire digo lo mismo que dije de Zapatero, que la pague quien la haga, y que esta norma se aplique a todos, pero hay que tener la cara muy dura para que Feijóo prometa llevar la decencia a La Moncloa cuando está inmerso en una carrera a tumba abierta para ocupar la presidencia antes de que la burbuja de corrupción en la que están inmersos, tanto el PP como él mismo, con más de veinte casos aún pendientes, más los que vayan saliendo, que saldrán, le estalle en las manos.
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