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Debate, esfoyón y... reflexión

Las expectativas por la confrontación entre los candidatos

Debate, esfoyón y... reflexión

Debate, esfoyón y... reflexión

Y al fin ha llegado el tan esperado debate electoral en la noche de un lunes de noviembre, al final de la festividad de Todos los Santos. La puesta en escena ha sido calculada, fría y estática, como si, de modelos de pasarela se tratara, trajes de diversos cortes, géneros

Las intervenciones vacías de contenido y un tanto manidas por su repetición tras las mil y una elecciones... excesivamente obsesionados no por buscar soluciones a los problemas del pueblo, sino por descalificar al rival con eso de "... y tú más", usan los tópicos de siempre, incluyendo el de la "España vaciada", pero dejando transparentar un gran vacío de Gobierno que la sociedad empieza a acusar.

Curiosamente el público, como si de un espectáculo boxeístico se tratara, esperaba el acontecimiento con gran expectativa, para posteriormente quedarse dormido en el sofá, bajo un tedioso y repetitivo sonsonete, despertando al final del mismo, declarándolo combate nulo. A la vez que esto sucedía, en Barcelona, los CDR se divertían más quemando banderas españolas y fotografías de los Reyes, a la vez que azuzaban, en nombre de la libertad de expresión, a los invitados de la ceremonia. ¡Tierra de contrastes!

Recuerdo que hace muchos años tuve la oportunidad de ver en París, en el Museo del Hombre, una exposición sobre cómo promocionar a un político, se jugaba con los colores, los maquillajes, los tonos de voz, las posturas... incluso con el contenido, me había llamado mucho la atención porque aquí no teníamos democracia; cuarenta y tantos años después, creo que seguimos sin tenerla, ni siquiera tenemos un buen mercado de votos, pero con el paso del tiempo vamos teniendo más incredulidad sobre los políticos, aunque los haya bienintencionados; pero mientras esto sucede, en Navelgas nos preparamos para el "esfoyón", en el sábado de reflexión; mientras exfoyamos, meditamos el voto. El esfoyón es como deshojar una margarita frente a las promesas amorosas: "Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere..." y así hasta quitar el último pétalo; frente a las promesas políticas cogemos una panoya y le vamos retirando las fueyas a la vez que te vas diciendo: "¿Voto a estos?, no; ¿al siguiente?, no..." y así hasta dejar la panoya con cuatro o cinco fueyas "en funciones", para trenzarlas amarradas a unas "velas" de paja húmeda de trigo.

El esfoyón o la esfoyaza, como se llama a la acción de retirar las hojas o fueyas de la panoya, para trenzarlas en riestras y ponerlas a secar, colgadas, en las paneras, es una vieja tradición rural, que desde hace veinticuatro años en Navelgas se rememora junto al amagosto o amagüesto de las castañas y una serie más de espontáneas labores, caídas en desuso y, que ahora podemos revivirlas en esta "Noche Mágica" que nos trae el recuerdo de aquellos pueblos que antaño han tenido vida propia, en donde durante la primavera se sembraba el fruto, se recolectaba en verano y otoño y en invierno se dejaba reposar la tierra y se hacían labores de interior en torno al maíz, las castañas, la manzana... y, sobre todo, la matanza, para llenar la despensa del hórreo o de la panera, todo ello aderezado con animadas tertulias de "tsariega" a la luz y el calor de la lumbre y del candil de carburo o de sebo fundido. En esta recreación de las tradiciones podremos encontrar esos "brotes verdes" o "esa luz al final del túnel", para recuperar el mundo rural.

Es curioso observar cómo las "tsariegas" se parecen al Congreso de los Diputados, incluso, en torno al fuego, tenemos los "escaños" y mientras se va cociendo el café de "calceta", calentándolo entre los rescoldos de la lumbre, se van debatiendo, entre cuento y cuento, los problemas que afectan al pueblo, y creo que la "Noche Mágica" de este año puede ser una gran noche para, tras el esfoyón del maíz, y el amagostar de las castañas en el tambor, la danza de las llamas con carácter de inspiración plástica nos puede inspirar a quién votar. A ver si hay suerte y... a la tercera va la vencida.

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