Un informe realizado recientemente por la Fundación Botín sobre el estado de la educación emocional y social en distintos lugares del mundo constata que la inteligencia emocional (IE) cobra cada día mayor importancia en una gran parte de los colegios.

Son muchos los beneficios de la enseñanza del control de las emociones y sentimientos desde el ámbito escolar, entre ellos el fomento de la igualdad, la mejora de la conducta y el aprendizaje de los niños y el potenciar su capacidad para afrontar las incertidumbres, favoreciendo su creatividad y su sentido de la responsabilidad. Es más, según algunos expertos, podría ser un arma para terminar con una problemática que está a la orden del día: el acoso, la violencia en las aulas y la agresividad.

Educar las emociones desde la infancia se torna cada vez más necesario ante una de las situaciones más serias y complicadas a las que se puede enfrentar un niño o adolescente en su centro educativo. Enseñarles a manejar sus pensamientos, a tranquilizar su mente, a cuidar sus emociones, a aumentar su autoestima, a ser más empáticos y a ser emocionalmente más inteligentes podría evitar muchas situaciones de acoso. "Nos hemos preocupado fundamentalmente del desarrollo cognitivo y conductual de los niños, olvidando el aspecto emocional, que tanta importancia tiene para su vida y para las relaciones con los demás. Además, educar la inteligencia emocional mejora el rendimiento escolar y da lugar a hombres y mujeres más felices, eficientes, capaces de afrontar con más optimismo y fortaleza los contratiempos", señala la doctora y terapeuta Marisa Navarro. Como todo aprendizaje, supone atención y coherencia, y para ello la escuela tiene que estar en consonancia con lo que se transmite a los niños en el hogar. "Si queremos niños emocionalmente sanos, empezaremos por el hogar, y buscaremos colegios que potencien esos valores, actividades extraescolares que desarrollen sus habilidades y amigos que les hagan crecer como personas", añade.

En este punto, es importante resaltar que, como reflejaba el informe de la Fundación Botín, cada vez son más los proyectos e iniciativas de este tipo promovidas desde el ámbito académico. Mediante estos proyectos de inteligencia emocional, se trata de lograr que los niños asuman responsabilidades y entiendan las diferencias entre los individuos como una cuestión positiva y una posible suma de actitudes y talentos, y no como un elemento negativo que reste posibilidades en las relaciones interpersonales.

Empatía, mucha empatía

Una de las cuestiones que más se trabajan en el entorno de la educación emocional es la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. En ésta se halla la clave para que los escolares entiendan y asuman las diferencias como algo enriquecedor, lo que les llevará a adoptar actitudes comprensivas hacia el prójimo y solidarias con sus problemas y dificultades, asumiendo que todo el mundo debe ayudarse mutuamente.

Las personas con un alto grado de inteligencia emocional son capaces de orientar sus propias emociones y las de lo demás hacia el logro de objetivos positivos, tanto individuales como colectivos, con un correcto autocontrol de los sentimientos y las emociones. Esta actitud está demostrada como clave para triunfar en la vida y para aprovechar, de un modo armonioso y en la dirección correcta, las competencias y habilidades aprendidas a través de las distintas materias escolares incluidas en el currículo oficial. Por lo general, los centros escolares que ponen el énfasis en una educación repleta de valores suelen lograr una considerable reducción de la violencia en los centros escolares, mejorando por lo tanto la convivencia.

Según la psicóloga infantil Margarita Jiménez, inteligencia emocional es "la capacidad que tiene una persona para comprender y manejar sus emociones y las de los demás con eficiencia". En su opinión esta asignatura ayuda a adquirir unas destrezas básicas que "sirven y ayudan a desenvolvernos adecuadamente en la sociedad". Por ello, defiende que la edad idónea para comenzar con este aprendizaje es a partir de los 5 años.