10 de marzo de 2020
10.03.2020
La Nueva España
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Los niños y las niñas ya no juegan

A partir de los 10 años, solo el 44% dedica a diario los 45 minutos recomendados al juego y, en cambio, consume más de dos horas frente a una pantalla

09.03.2020 | 20:21
Un bebé jugando en el salón de su casa.

Ser niño y jugar siempre han ido de la mano. El juego, además de resultar estimulante e imprescindible para un buen desarrollo infantil, es un derecho de la infancia.

Los niños y las niñas necesitan tiempo para jugar: para jugar en casa, pero, sobre todo, para hacerlo al aire libre y libremente; para poder decidir con quién, a qué, cuándo y cómo jugar. Porque la falta de juego libre se traduce, según los expertos, en una menor autonomía para explorar y ejercer el autocontrol y, a la larga, con un aumento de las psicopatologías entre los menores, con más depresión y ansiedad infantil.

Confome a una investigación sobre tiempo de juego en la infancia llevada a cabo por el Instituto Tecnológico de producto infantil y de ocio en el marco de la Guía Aiju 2019-2020, en España el 82% de los niños juega al aire libre menos tiempo del recomendado por los expertos en desarrollo infantil, y el 35% tampoco alcanza lo aconsejado respecto a juego en interior.

El tiempo mínimo recomendado de juego al aire libre es de dos horas diarias para los bebés y niños menores de tres años; de hora y media entre los 4 y los 6 años, de hora y cuarto entre los 7 y los 9, y de una hora en la franja entre 10 y 12 años. Entre los más pequeños, apenas un tercio cumple estas recomendaciones; en la franja de 4 a 6, solo dos de cada diez; entre 7 y 9 solo el 11%, y a partir de los 10 años, únicamente el 6% disfruta de una hora de juego al aire libre.

Del estudio realizado con más de 600 familias con hijos entre los 0 y los 12 años se desprende que en el caso de las criaturas de menos de tres años el tiempo medio de juego en el exterior es de una hora y veinticinco minutos; tiempo que desciende hasta apenas media hora (35 minutos) entre los de 10-12 años.

Algunos expertos ya se refieren a esta generación de niños como la "generación búnker" por lo encerrados que viven. Señalan que no es que los niños no quieran jugar, es que no tienen espacio ni tiempo para ello; antes se jugaba en cualquier sitio, y ahora tienen muchas dificultades: te encuentras con plazas con carteles que prohíben jugar a la pelota, o montar en bici, etc.

Todo ello a pesar de que psicólogos y pedagogos aseguran que jugar al aire libre es fundamental por su carácter integrador y porque favorece el equilibrio entre el desarrollo físico e intelectual de los niños. El psicólogo Peter Gray, dedicado a la investigación de las formas en las cuales los niños aprenden de forma natural y del valor del juego, sostiene que "en ausencia de juego libre con iguales, los niños no pueden adquirir las habilidades sociales y emocionales que son esenciales para una vida y un desarrollo psicológico sanos", y ese tipo de juego espontáneo y entre iguales es más fácil que surja jugando al aire libre, en la calle.

Pero la tendencia a vivir en grandes núcleos urbanos, el aumento del tráfico, los hábitos de vida, los extensos horarios laborales, la sobreprotección de muchos padres, e incluso el tipo de urbanismo y las políticas infantiles desarrolladas durante décadas han limitado el juego infantil en las calles, y lo han acotado a los parques infantiles y algunas zonas de recreo, espacios que se suelen caracterizar por su seguridad pero no invitan al juego espontáneo y creativo, y donde padres y madres supervisan a corta distancia.

Desde el área de investigación de Aiju se subraya que, además, predomina el juego individual, que resulta positivo para el desarrollo, pero no trabaja todas las habilidades que conlleva el juego compartido, que en cambio ha disminuido.

Según un informe sobre el Juego Infantil en España realizado recientemente por Aldi en colaboración con el psicólogo infantil Alberto Soler, el parque y el salón son los espacios más habituales a la hora de jugar. No obstante, los autores del estudio apuntan que los hábitos varían según donde viven los niños, y los de poblaciones más pequeñas "juegan más en la calle, menos en su habitación y más en una sala de juegos".

De acuerdo con los datos recogidos en la Guía Aiju, cerca de dos horas diarias (1 hora y 50 minutos), aunque el tiempo dedicado varía mucho según la edad. El 61% de los menores de tres años alcanza las recomendaciones de los expertos y juega al menos una hora y media al día; el 88% de los que tienen entre 4 y 6 años también cumple con la hora y cuarto aconsejada, y el 69% de quienes están entre los 7 y los 9 juega al menos una hora. A partir de los diez años, solo el 44% juega a diario los 45 minutos recomendados y, en cambio, consume más de dos horas frente a una pantalla, excediendo más de la mitad de ellos el tiempo máximo aconsejable.

La tendencia a la sobreprotección e intervención de los padres en el juego de sus hijos queda reflejada en el informe sobre el juego infantil de Aldi: el 70% de las familias españolas considera que la compañía de los padres y madres es primordial a la hora de jugar. Claro que un 49% de familias también admite que sus hijos e hijas necesitan amigos y amigas para jugar. También conceden importancia a los juguetes, a pesar de que la atención que dedican los niños a estos es bastante efímera. Según la encuesta realizada por Aldi a 500 familias, a la mitad de los niños el interés por un juguete nuevo les dura menos de una semana. De sus resultados también se desprende que, después de jugar, la actividad favorita de los niños es ver televisión (66%), hacer deporte (58%) o dibujar (53%), actividades a las que dedican una media de entre 30 minutos y hora y media diaria.

La investigación de Aiju confirma que el dispositivo tecnológico más utilizado por los niños españoles continúa siendo la televisión, si bien el tiempo dedicado al móvil se ha multiplicado por siete en los últimos diez años. Los investigadores han comprobado que la gran mayoría de niños de 0 a 12 años están expuestos a las pantallas por encima del tiempo máximo recomendado por la Asociación Americana de Pediatría, en especial en el tramo de 0 a 3 años, donde el 84% hace uso de estos dispositivos cuando la recomendación es evitarlos por completo.

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