15 de septiembre de 2009
15.09.2009
La Nueva España
Tercer ex miembro del Gobierno de Zapatero que deja la política en dos semanas

El ex vicepresidente Solbes abandona su escaño antes de votar los Presupuestos

El ex ministro vuelve a la UE cinco meses después de ser sustituido por Elena Salgado - Su marcha supone el fin del apoyo al Presidente de su equipo económico original - Su resistencia a dar más dinero a Cataluña y el control del gasto, claves de su adiós

15.09.2009 | 02:00
Pedro Solbes, al finalizar una intervención en el Congreso hace ahora un año.

Madrid / Oviedo
Madrid, Agencias
Pedro Solbes escenificó ayer su alejamiento definitivo de José Luis Rodríguez Zapatero, cinco meses después de haber abandonado el Gobierno. El ex vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda ha renunciado a su escaño y vuelve a Bruselas para dirigir el organismo que orienta a la Comisión Europea en contabilidad. Es el tercer ex ministro de Zapatero que deja el Parlamento en catorce días. El concejal del Ayuntamiento de Madrid Pedro Sánchez será su sustituto.

El presidente del Congreso, José Bono, recibió ayer una carta de Solbes comunicándole una decisión que no ha pillado por sorpresa a los socialistas pues el diputado ya había adelantado antes del verano al portavoz, José Antonio Alonso, su intención. Esta renuncia llega después de que el 16 de julio el ex ministro fuera nombrado presidente de la junta de supervisión del Grupo Asesor Europeo sobre Información Financiera, un órgano que asiste a la Comisión Europea en materia de normas contables. No obstante, ostentar este cargo no le obligaba a devolver el acta.

Pedro Solbes se convierte en el tercer ex ministro de Zapatero que abandona su escaño en los últimos 14 días. El pasado 1 de septiembre, Jordi Sevilla, el primer titular de Administraciones Públicas de José Luis Rodríguez Zapatero y uno de los integrantes del grupo «Nueva Vía», que alzó al actual presidente del Gobierno a la secretaría general del PSOE en el año 2000, comunicó la renuncia a su escaño para incorporarse como asesor a la consultora Pricewaterhouse Coopers.

Sólo seis días después anunciaba su salida del Congreso el ex ministro de Cultura César Antonio Molina, para volver a su cátedra de la Universidad Carlos III de Madrid. Se da la circunstancia de que formalmente la renuncia de Solbes y de Molina se produce en el mismo día.

Tras más de cuatro décadas en la Administración, el pasado abril Solbes dejó el puesto que había ocupado durante los últimos cinco años como vicepresidente económico en el marco de la remodelación emprendida por Zapatero, incómodo con la negativa del Vicepresidente a dar más dinero a Cataluña.

Aunque nunca había tenido carné del PSOE, Solbes ocupó el número 2 en la lista por Madrid. De hecho, se convirtió en la principal baza del Presidente en las últimas elecciones, ya que, una vez concluida la primera legislatura, se especuló con que el ex ministro abandonaría la política.

Durante su último año en la vicepresidencia económica, Solbes dio unas muestras de cansancio que siempre molestaron en la Moncloa. «Envidio a Bermejo por ser ex ministro», llegó a decir al valorar la salida del Gobierno de Fernández Bermejo, tras la polémica que suscitó la cacería con el juez Garzón. «Hay veces en que uno se tiene que plantear qué hacer en la vida», afirmó semanas después. Incluso, tras ser renovado en el cargo en 2008, confesó que se arrepentía al menos cinco veces al día de haber dado el «sí» definitivo a Zapatero.

Su actividad de los últimos meses ha estado marcada por el distanciamiento con el Gobierno. Durante el Pleno monográfico de economía de la pasada semana, abandonó el Hemiciclo en mitad de la réplica de Zapatero. Ahora Solbes, el guardián del superávit se va antes de votar los Presupuestos del gran déficit. Su marcha escenifica la retirada del apoyo al Presidente de su equipo económico original, junto a Jordi Sevilla y David Vegara.

La secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín negó ayer que exista división en el seno socialista ante las medidas del Gobierno para afrontar la crisis económica y acusó al PP de «mirarse al ombligo» y «difamar y calumniar como única estrategia de defensa».

La dirigente socialista admitió que en las filas de su partido hay reflexiones y opiniones distintas. «Lo que preocupa de verdad» al PSOE es movilizar los recursos para alcanzar una política social justa y lograr la protección para los desempleados de larga duración. Pajín dijo que los dirigentes socialistas creen que el Gobierno está haciendo un «gran esfuerzo» para salir de la crisis y afrontar con coraje la situación con recetas del G-20 .

El ministro de Fomento José Blanco, además de negar que haya clima de rebelión entre los socialistas, consideró «muy saludable» -en alusión a la marcha de Solbes- que «personas que han tenido responsabilidad» política y que pueden contribuir a la actividad privada, «no estén desaprovechadas en una segunda o tercera línea del Congreso».

En la misma línea, Blanco justificó la renuncia de diputados y ex ministros, algo que ha ocurrido con todos los partidos y todos los gobiernos», como fueron los casos de «Rodrigo Rato o Álvarez-Cascos». No obstante, el dirigente socialista quiso desmentir que estas marchas se deban a problemas y críticas internas, porque en «otros tiempos he leído la crítica de que no se sabía qué hacían» figuras notables del socialismo y ex ministros «sentados en los banquillos del Congreso dedicándose a pulsar un botón».

El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, expresó su respeto hacia la decisión de Solbes, por quien dijo sentir un gran aprecio. El que no habló del asunto fue el presidente Zapatero, quien ayer reivindicó en Moscú el papel del Estado para impulsar el crecimiento económico. A propósito de Solbes, Joaquín Leguina dijo que ante las ocurrencias del Presidente el resto debe aplaudir o irse.

El PP destacó que la marcha de Solbes culmina el abandono de Zapatero por su equipo económico inicial. Rajoy dijo que no ha pasado lo peor de la crisis y que su grupo dará la batalla contra la subida de impuestos y del gasto.

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