04 de julio de 2018
04.07.2018
 
Primarias del PP

Una campaña inédita con tres protagonistas y un desenlace imprevisible

Casado, Cospedal y Santamaría se presentan como los tres protagonistas de entre los seis candidatos

04.07.2018 | 14:17
Casado, Santamaría y Cospedal, los favoritos a liderar el PP.

La campaña electoral para la sucesión de Mariano Rajoy en el PP ha supuesto un episodio inédito en la historia del partido, con seis candidatos -pero tres protagonistas- que aseguran representar la renovación que necesita el partido y con un desenlace a dos vueltas que muy pocos se atreven a pronosticar.

Han sido doce días de una carrera contrarreloj en la que los aspirantes se han recorrido el país buscando afectos y apoyos de los militantes inscritos, pero también de las direcciones regionales y provinciales que pueden ayudarles a ganar tratando de influir sobre los suyos.

Y es que en un partido que nunca ha elegido a su líder nacional de forma democrática, las bases viven inseguras este momento. Hasta el punto de que son muchos los afiliados que llaman a sus sedes preguntando a quién tienen que votar, como aseguraba esta semana un dirigente.

A esas bases aseguran dirigirse todos los aspirantes. Los seis se han autoproclamado candidatos de la militancia. Ya se verá este jueves si los afiliados lo han entendido así.

La ausencia de Alberto Núñez-Feijóo en esta carrera electoral que muchos preveían como un paseo para el presidente gallego ha cambiado el escenario esperado.

Al final han sido seis los contrincantes, aunque solo tres, que son los que tienen más opciones -María Dolores de Cospedal, Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado-, han acaparado el protagonismo. Y con tres campañas bien distintas.

Pablo Casado llevaba tiempo barruntando su candidatura, como apuntan muchos 'populares'. Fue sondeando a varios dirigentes los días previos, les preguntaba si había espacio para él, si podía ser una "tercera vía" frente a los más 'notables'. Algunos trataron de disuadirle.

Pero el vicesecretario de Comunicación ya se había decidido, y no esperó a saber si Feijóo daba el paso o se quedaba en Galicia,como finalmente hizo.

Desde el primer momento Casado ha vendido la misma idea: El PP necesita que lo lidere otra generación, la suya, y aunque promete contar con los que "peinan canas" se presenta como el único que puede hacer creíble la renovación.

Pero al mismo tiempo, se ha buscado con su discurso el favor de los militantes más conservadores, ha presumido de un PP del que "todos reniegan", el de José María Aznar, y apunta en todas las direcciones, también hacia la extrema derecha de Vox, para recuperar votantes perdidos.

Y todo con la campaña más agresiva, asegurando que él no representa al aparato pero sí lo hacen María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, sugiriendo una y otra vez que sus rivales no juegan limpio y que hay presiones para que nadie le vote y prometiendo que él no se buscará un hueco en otra candidatura si pierde.

Eso sin olvidar que el joven candidato se presenta como el único que puede evitar el "choque de trenes" entre sus dos principales rivales: María Dolores Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría.

Cospedal no tenía intención de presentarse a este proceso, su idea, según ella misma ha contado, era apoyar a Feijóo.

Cuando el presidente gallego dejó 'plantado' al partido, la secretaria general se decidió. Era eso o dejar la primera línea de la política, donde ha sido ya todo menos presidenta, subrayan en su entorno.

Su candidatura es toda una reivindicación: En todo momento subraya que ha sido ella la que ha dado la cara por el PP y la que lo ha defendido en sus momentos más duros. La que mejor lo conoce y los conoce a todos.

Con ese lema, el de "lo primero el PP", ha ido Cospedal por España abrazando a militantes, emocionándose en más de una ocasión y dando una imagen mucho menos fría de la de costumbre.

No ha dejado de prometer que buscará la unidad y la integración si gana este proceso y que, por supuesto, integrará a quien quede segundo, también si es Soraya Sáenz de Santamaría.

La exvicepresidenta del Gobierno siempre tuvo pensado presentarse, según asegura uno de sus más estrechos colaboradores. Entre otras cosas porque está convencida, y así lo recalca en todas sus intervenciones, de que es ella y solo ella la que puede ganar a Pedro Sánchez en unas elecciones generales.

Su campaña ha sido sencilla, sin grandes actos y con una presencia activa pero no abrumadora en redes sociales. Y no ha entrado en polémicas con sus rivales, dentro de su estrategia de hacerlo todo "en positivo", sin meterse con nadie. Que los adversarios, ha reiterado una y otra vez, no están en el PP.

Tampoco ha cambiado un ápice su discurso en estos doce días: Se presenta como la mejor candidata posible a La Moncloa y pone su gestión como coordinadora del Ejecutivo de Mariano Rajoy como el principal aval para liderar.

Pero también se ha defendido de quienes le cuelgan el sambenito de tecnócrata o le reprochan que no haya apoyado al partido ante situaciones complicadas cuando era vicepresidenta del Ejecutivo.

Acusaciones a las que siempre responde con contundencia: ella es tan de partido como cualquiera, durante años lo demostró en la oposición y después lo ha hecho en La Moncloa aplicando las políticas que marcaba su líder.

Tres formas de ver el PP y tres formas de liderarlo. Este jueves por la noche se verá qué dos dirigentes han conseguido en esta breve campaña convencer al mayor número de inscritos para conseguir pasar la primera criba.

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