Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El difícil arte de fallar

La presidenta del PP asturiano se decantó por Santamaría pese a que Cospedal, su apuesta inicial, respaldó a Casado

Mercedes Fernández conversa con Alfonso Alonso durante el congreso.

Mercedes Fernández conversa con Alfonso Alonso durante el congreso. MODEM PRESS

Equivocarse también es un arte y tiene su complejidad. Por ejemplo, en el lanzamiento repetido de una moneda resulta tan difícil acertar todos los resultados como fallarlos uno tras otro sin excepción. Mercedes Fernández lleva unas cuantas apuestas perdidas: quizás se trate de mala suerte o encierre una estrategia que no alcancemos a vislumbrar. Por ejemplo, la presidenta del PP asturiano defendió a Cristina Cifuentes cuando nadie ponía la mano en el fuego por ella; aseguró que confiaba en que Mariano Rajoy continuaría en el PP tras la moción de censura un día antes de que anunciase su retirada; respaldó a Maria Dolores de Cospedal, que quedó la última en las primarias; y sorpresivamente se decantó por Soraya Sáenz de Santamaría en el último minuto, horas antes de que Pablo Casado resultase victorioso.

¿Por qué eligió Mercedes Fernández el bando de Sáenz de Santamaría, a sabiendas de que era el elegido por algunos dirigentes asturianos con los que mantiene evidente distancia? La exvicepresidenta era por ejemplo la opción del exalcalde de Oviedo, Agustín Iglesias Caunedo, o la expresidenta de Hunosa, Teresa Mallada. ¿Y a qué fin lo hizo Mercedes Fernández cuando precisamente la propia Dolores de Cospedal se había alineado con Casado.

El llamado "problema de Monty Hall" es un clásico de la estadística. Imaginen tres puertas cerradas: tras una hay un coche; tras las otras dos, sendas ovejas. Elijan una. Ahora, otra puerta distinta de la que han escogido se abre y muestra una oveja. Es decir: tras las dos puertas que quedan cerradas hay un coche y una oveja. ¿Cambiaría de elección o se quedaría con la que escogió primero? De manera contraria a la aparente intución, la estadística demuestra que hay más posibilidades de llevarse el coche si uno cambia de puerta elegida.

Quizás Mercedes Fernández quiso aplicar una extraña versión del problema de Monty Hall. Primero eligió la oveja (la paradoja está así formulada, no vean malicia), y luego cambió de elección para escoger la puerta donde todos daban por hecho que había oveja, y la hubo. ¿Impericia?

Hay una explicación posible. Si ganaba Sáenz de Santamaría y la dirección asturiana apostaba por Casado, ya podía darse por liquidada por el sector crítico que lleva tiempo mordiéndose las ganas. Si ganaba Casado y Mercedes Fernández estaba con Sáenz de Santamaría, poca opción de venganza habría. Casado apenas tiene soldados en Asturias y... ¿no es él quien asegura defender la integración? Quizás hasta para fallar hay que tener estrategia.

Compartir el artículo

stats