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Cerco o fiesta: qué pasó el 20-S en Economía

El testimonio de los dos tenientes de la Guardia Civil que asistieron al registro de la Conselleria de Junqueras

Manuel Marchena.

Manuel Marchena. EFE

Los sucesos del 20 de septiembre en torno a la Conselleria de Economía, en el centro de Barcelona, constituyen uno de los episodios fundamentales del juicio contra los líderes de la intentona secesionista, que ayer en el Tribuna Supremo entró en su séptima semana. Para la Fiscalía, lo ocurrido fue un cerco en toda regla, con episodios de violencia. La acción de las defensas, en cambio, se orienta a mostrar que se trató de una movilización ciudadana pacífica e incluso festiva.

Esos dos ejes marcaron la vigésimo primera jornada de la vista oral, en las que testificaron dos, en aquel momento, tenientes de la Guardia Civil. Uno de ellos, ahora capitán, estaba al frente del grupo que realizaba funciones de policía judicial en el registro, ordenado por el juzgado número 13 en busca de pruebas de preparativos para el referéndum del 1 de octubre, y el segundo mandaba a quienes debían proteger a la comisión.

Ambos testimonios tienen un poderoso referente, el de la secretaria judicial que se encargaba de levantar acta del registro de la sede del departamento del que era titular el vicepresidente Oriol Junqueras, el principal de los acusados. La secretaria dejó en la sala un relato preciso y muy cerrado de lo que vivió en aquella jornada, en la que llegó a "sentir miedo", y en la que hubo de abandonar las dependencias oficiales pasando por una azotea al teatro contiguo, desde el que ganó la calle. Las defensas intentan abrir fisuras en ese testimonio y ayer era la oportunidad. Salvo una precisión sobre las opciones de salida que se ofrecieron a la funcionaria, el primero de los tenientes no contribuyó mucho a descabalgar la exposición de la secretaria. Las vaguedades y los reiterados "no me acuerdo" llevaron al presidente del Tribunal, Manuel Marchena, a instarle a que respondiera a la abogada de Jordi Cuixart, Marina Roig, "con la misma seguridad con la que ha respondido a la acusación y al ministerio fiscal". El testigo situó a Jordi Sánchez en el centro de la acción en torno a al conselleria. Era, dijo, "el interlocutor válido de la masa". El entonces presidente de la ANC decidía y ante él callaba, pasiva, la intendente de los Mossos encargada de calibrar la situación sobre el terreno. Había "una multitud en actitud de hostigamiento" y Sánchez se negó a facilitar la apertura de un corredor para permitir la entrada de los detenidos, que debían estar presentes en el registro de sus despachos.

Las preguntas de las defensas iban dirigidas a mostrar un ambiente de normalidad. La entrada y salida de las dependencias oficiales se realizaba sin problemas. Roig se empeñaba en indagar sobre la presencia de unos pintores que durante la jornada trabajaron en la conselleria sin interrupción. Fuera arrojaban flores y los concentrados incluso "tomaban tapas", según una pregunta del abogado Andreu Van den Eynde reconvenida por Marchena. Pero en esa sensación de normalidad había presencias anormales: al testigo le llamó la atención que de madrugada todavía siguieran funcionarios en las dependencias.

El segundo teniente escuchó desde el interior de la consellería gritos de "fascistas, terroristas, esta noche no salís de aquí, fascistas vosotros sois los terroristas...". Como responsable de los efectivos encargados de la seguridad precisó detalles de un aspecto escabroso, el de las armas que llevaban en los vehículos que dejaron el exterior y cuya retirada, antes de quedar inutilizados, no accedió a facilitar Jordi Sánchez, según el testigo. El teniente afirmó que en el maletero de los "patrol", destrozados por fuera y saqueados por dentro, había fusiles, pero estaban intactos pese al estado en que se encontraban los coches. Desapareció, en cambio, munición de 9 mm para pistolas. En el saqueo se llevaron también cascos de defensa, uniformes e identificaciones de la Guardia Civil, además de efectos personales de los agentes, incluso dinero.

Xavier Melero, el abogado del exconseller Forn, indagó sobre la coordinación con los Mossos antes del registro y los contactos entre ambos cuerpos durante los incidentes con la intención de dejar en evidencia la desconexión y la falta de avisos de alarma. Con ruda franqueza, el teniente respondió que esos asuntos no eran competencia suya, al igual que reconoció que rechazó hablar con el mayor Trapero a través del teléfono de Jordi Sánchez. "No tenía nada que hablar con él, y le dije que hablara con el general de la 7ª Zona de Cataluña, un teniente no tiene por qué hablar con un jefe de los Mossos, el protocolo de la Guardia Civil es así". Frente a las defensas rebatió que fuera factible salir sin problemas de la conselleria. "No podíamos dar un paso", incluso barajó la posibilidad de salir en helicóptero, declaró antes de dejar constancia de que con la multitud congregada "era inviable abrir un pasillo". El entonces vicepresidente le explicó lo que estaba ocurriendo: "Junqueras me dijo que tenía que entender que era la voluntad del pueblo, y yo le dije que tenía que entender que hacía mi trabajo".

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