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Crisis de los populares

Feijóo presiona ya a Casado con un congreso si no tapona la “hemorragia” del PP

El presidente de la Xunta pone sobre la mesa la posibilidad de convocar unas primarias para elegir a un nuevo líder del partido

El presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo. XOÁN REY

Casi cuatro años después del anterior terremoto en el PP por la moción de censura, las miradas en el partido se vuelven de nuevo hacia la misma persona: Alberto Núñez Feijóo. El jueves, cuando la guerra fratricida entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso dejó ojipláticos a todos, los dirigentes conservadores se preguntaban qué estaría pensando Feijóo. Según publicó este diario, el dirigente gallego mantuvo contacto con el otro gran barón del PP, Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía, para acordar una estrategia que empezó a desplegar Feijóo este mismo viernes por la mañana. Lo de Casado-Ayuso es una lucha por el poder del PP y en ese campo de batalla hay más jugadores.

El jefe del Ejecutivo gallego acordó una entrevista en EsRadio a las nueve de la mañana, justo a la misma hora que Casado concedía otra, en la Cope. Feijóo esperó a escuchar lo que el presidente de su formación tenía que decir tras el seísmo de la víspera y, finalmente, al ver que incidía en el pulso con Ayuso y continuaba con la exposición pública de las desavenencias, decidió lanzar un mensaje a su jefe de filas. Lo hace por "lealtad", subrayó: el presidente gallego pidió a Casado que se siente cuanto antes, y "sin intermediarios", con la jefa del Ejecutivo de la Comunidad de Madrid para cerrar cuanto antes la "hemorragia" que está sufriendo el partido. Si no consigue solucionar ya este "error mayúsculo propio", considera que habría que convocar un congreso extraordinario. Palabras mayores.

El barón declaró que espera que ambos encuentren una salida y no haya que llegar a ese extremo. Sin embargo, la posibilidad de hallar un remedio a semejante embrollo interno se antoja imposible, así que la mera mención de que entre las opciones del barón por antonomasia (y también de Moreno) se encuentre la posibilidad de forzar a Casado a ir a unas primarias, se ve dentro de la formación como una amenaza a Casado de lo que puede estar por venir.

El mecanismo del congreso extraordinario

Los estatutos del PP marcan que el congreso extraordinario se tiene que pedir en la junta directiva nacional, máximo órgano entre congresos, y contar con dos tercios de los apoyos (diputados, senadores, presidentes autonómicos, alcaldes de municipios de más de 50.000 habitantes...hasta unos 400 personas). Con la alianza de facto entre los dos principales barones estos primeros días de crisis, Casado tiene un problema.

En la entrevista, el líder de la Xunta lamentó que su partido esté viviendo "uno de los momentos más delicados de la historia del PP" y que se estén distrayendo del objetivo de forjar una alternativa al Gobierno de Pedro Sánchez. "No se puede unir el centro-derecha si no se acredita que el partido está unido", soltó en un mensaje que tuvo que escocer a Casado, que lleva tres años y medio diciendo que es su objetivo. Feijóo también marcó la diferencia entre "el presidente" y "su equipo", una distinción en la que muchos vieron la manera de reclamar la cabeza del secretario general, Teodoro García Egea, algo que dirigentes del partido ya han hecho en privado en el pasado.

Moreno, con autonómicas este año y esta crisis, prefirió dejar la voz cantante a su compañero y se limitó a decir solo "unidad, unidad, unidad". Mientras que Feijóo vuelve a aparecer en las quinielas como posible salvador del partido, el nombre del presidente de la Junta no se menciona. "La tormenta le ha llegado demasiado pronto", retrata con capacidad de síntesis un parlamentario. Moreno tiene que volcarse en su comunidad para retener la presidencia ante un Vox que les ha dado otro toque de atención en las elecciones de Castilla y León y se está frotando las manos con el espectáculo en vivo de los populares.

Fernando López-Miras, presidente de Murcia, fue el único que cerró filas con Casado, mientras que Alfonso Fernández-Mañueco, que tiene por delante una ardua negociación con la ultraderecha para su investidura en Castilla y León, se limitó a "trasladar la preocupación de los votantes, los afiliados y los alcaldes".

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